Estela Carlotto

 

“Sueño con que Dios me deje vivir para poder conocer y abrazar a mi nieto”

A 35 años de la última Dictadura Militar, la presidenta de Abuelas no pierde la esperanza de encontrar a Guido, unos de los 400 nietos que aún se sigue buscando.

El lunes 1 de agosto de 1977, su esposo fue secuestrado y tras un pago de rescate fue devuelto a su familia 25 días después. Pero a los pocos meses fue raptada Laura, la hija mayor del matrimonio platense que estudiaba Profesorado de Historia y militaba en Montoneros. La joven estaba embarazada -sus padres no lo sabían- y su bebé nació en junio del 78 en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos de detención que utilizó la dictadura, en ese entonces encabezada por Jorge Rafael Videla.

A diferencia de muchas madres, Carlotto pudo enterrar a su hija pero nunca supo del paradero de su nieto.

-Por la experiencia de tantos años de lucha en pos de la recuperación de estos nietos, ¿cómo suele ser la relación de estos jóvenes-adultos con sus familiares biológicos?

– Depende de cada situación. Con las presentaciones espontáneas se da la situación de que el chico que viene, lo hace porque está buscando conocer la verdad. Se aviene a lo que le toque, aunque es un momento fuerte porque todo lo desconocido produce temor. Pero hay muchos casos en que los chicos ignoran porque viven encapsulados con una familia muy apropiadora. Cuando el tema va por medio de la justicia la reaccion es bastante fuerte, shockeante y muchas veces cuando el juez les pregunta si quieren ver a su abuela, algunos se niegan y otros que acceden, al verlas, les dicen ´´señora no me pida que la quiera porque no la conozco´´. Es un trabajo muy paciente de parte de la familia biológica para conquistar a ese chico que no tiene disposición para entender que lo han buscado con amor y que tienen muchas historias para contarles.

– ¿Cómo imagina que sería un encuentro con Guido, su nieto, uno de los tantos bebés apropiados por el genocidio de la última Dictadura Militar?

– Sueño con que un día Guido toque el timbre de la casa de abuelas y diga ´´tengo dudas y quiero saber si yo soy nieto de ustedes´´. Sueño con que alguien que sabe venga y diga ´´señora yo se donde está. Sueño con que Dios me deje vivir para poder conocerlo y abrazarlo. Tengo fuerzas, esperanza y creo que lo voy a encontrar.

-¿Siente que son apoyadas por la sociedad de nuestro país en esta lucha por recuperar la verdadera identidad de estos muchachos?

 – Somos muy apoyadas, muy respetadas y muy queridas. A veces abruma el amor de la gente porque nos considera como mujeres en lucha. Nosotras les decimos que somos mujeres comunes, que hacemos lo que debemos. Siento que esa admiración nos costó mucho conseguirla porque al principio éramos las locas, mentirosas. Hoy en día la mano tendida es muy generalizada, salvo pequeños grupos que tienen que rendir cuentas ante la justicia.

– Teniendo en cuenta que muchas abuelas, por una cuestión generacional, fallecerán en los próximos años. ¿Quiénes continuarán con esta tarea que ustedes llevan adelante todos los días?

– Vamos a cumplir 35 años. Quiere decir que tenemos 35 años más y muchas mujeres son muy mayores y somos concientes de que la vida algún día se termina, pero sabemos que vamos a dejar en manos de jóvenes la institución Abuelas que seguirán en la búsqueda de todos los nietos que faltan. Yo tengo tres hijos más, tengo nietos y voy a estar representada el día que no esté. Además tenemos mucha gente joven trabajando en la institución que nos están orientando y ayudando día a día.

-¿Qué diferencias encuentra ente los jóvenes de aquellos años 70, como su hija Laura, que peleaban por lo que consideraban justo, con los jóvenes de esta época?

-Los muy jóvenes de esta época tienen muchas ganas de saber la historia y de comprometerse a contribuir para que estas cosas no vuelvan a pasar. Hay una juventud muy luchadora y muy conciente. Nosotras salimos a dar charlas en los colegios y percibimos que no quieren estar dormidos y hay otro grupo minoritario que no le interesa saber. No podemos compararla con la generación anterior porque era otra la vida en el mundo. El mundo cambió. Los chicos ahora hacen cosas muy buenas de otra manera. No podemos esperar que las historias se repitan.

Link a nota minutouno.com

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