Touch and go: la aventura y el placer de tener relaciones sin compromiso

Es una tendencia que crece día a día entre los jóvenes que no apuestan por los noviazgos tradicionales. No se dicen cosas lindas, no se hablan muy seguido y se ven una vez por semana o cada 15 días. Las claves para entender los touch and go.

Van al cine , a cenar, a tomar algo y tienen relaciones sexuales. Se ven cuando tienen ganas, no se extrañan ni se dicen cosas lindas y no se lo presentan a sus amigos ni mucho menos a sus padres . Son jóvenes que tienen relaciones sin compromisos, una moda  que crece día a día.

 En una cultura individualista y egocéntrica en que todo es descartable, esta costumbre también se ha extendido a este tipo  de vínculos en que hay un temor al compromiso de asumir la  responsabilidad de vivir una historia  con las expectativas puestas en el futuro.

Para la psicóloga Graciela Caficien las décadas anteriores los valores  eran más absolutos y quedaba establecido que una persona se casaba con alguien y ese matrimonio iba a durar para siempre. Pero sin dudas que esos parámetros cambiaron y mucho.

 “Si pasa un tiempo  que no lo veo, tampoco lo extraño”

Mariela (22) vive una situación de este tipo hace más de un año con Diego (25), y desde el principio planteó una relación sin compromiso porque no le convencía el perfil de su festejante que no coincide con el sacrificio y las ganas que tiene ella de terminar su carrera universitaria para poder trabajar en su profesión.

“Es una relación más relajada, no hay un llamado diario o mensajitos de texto como se mandan los típicos novios y nos vemos una vez por semana o cada 15 días”, expresó Mariela, y agregó que “si pasa un tiempo que no lo veo, tampoco lo extraño”.

Al ser una relación sin compromiso y sin futuro -establecido por ambos miembros de la pareja- no suelen presentar a su compañero a los padres ni festejan mes a mes un nuevo aniversario como los noviazgos tradicionales. “En casa lo conocen de nombre, pero jamás lo invité a pasar cuando estaba mi familia presente porque no es mi novio”, aclaró Mariela.

 Leandra (27) ahora está sola pero pasó muchas veces por este tipo de relaciones en que no se comprometía afectivamente con su chico de turno.  “Si bien me sentía bien, jamás compartía el tema en mi casa y nunca se los presentaba”, dijo y aclaró -para que no quedaran dudas- que tampoco los llevaba a una salida con sus amigos.

“No nos decimos cosas lindas”

Natalia (24) hace casi  tres años que está con un chico pero se niega a definir a ese vínculo como un noviazgo, aunque él tenga ganas de formalizar. “No festejamos los meses, y casi no hay regalos salvo alguna excepción. Tampoco nos decimos cosas lindas como te  quiero o te amo porque yo soy muy reacia a todo eso y porque es un sentimiento distinto”, aseguró.

Una de las preguntas claves acerca de este tipo de historias tiene que ver con su durabilidad o no, aunque ellos mismos reconocen que no van a llegar a buen puerto. “A lo mejor si están cómodos no les hace el click y no lo ven el hecho de la soltería como un problema”, opinó Cafici.

Para la psicóloga en muchos casos este tipo de decisiones tiene que ver con el temor que tienen a no repetir el modelo  de los padres, una generación en la que la madre se puede sentir fracasada por no haber podido desarrollarse como persona por haber estado tan pendiente de su familia. “Estos chicos no quieren esas frustraciones. El modelo tradicional está en desuso”, alegó.

Mariela es conciente de que no podrá seguir afrontando por mucho tiempo más la relación que la une a Diego porque en el fondo tiene ganas de ponerse de novia pero no cree que sea con él. “Lo que veo hoy es que en algún momento me voy a tener que decidir. En caso de que me surja otra persona que cumple más con mis requisitos quizás me distancie de Diego”, puntualizó.

Es cierto que cuando la persona más se compromete en la relación es cuando más placer va a obtener de la misma ya que al dejar de lado la parte afectiva ese momento no suele despertar una felicidad más duradera y a la larga suele dejar un vacío.

En el caso de Leandra no sabe si este tipo de relaciones que suele tener se deben a una elección de vida pero lo que si está convencida es que -en parte- son consecuencia del gran despecho que sintió con su primer novio a los 15 años.
 
“Yo ni sabía que se podía estar con alguien y después ni saludarte. Para mi era que si te das un beso ya era tu novio. La cosa es que sufrí muchísimo y como defensa adopté esa actitud touch and go tan típica de los hombres”, se justificó.

 Link a nota minutouno.com

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