La impactante historia de una mujer que vivió en primera persona el infierno del alcoholismo

María L (53) es alcohólica y desde hace 14 años está en recuperación desde que llegó a Alcohólicos Anónimos. Esta es la historia de una mujer que lo tenía todo perdido, pero que con mucho esfuerzo logró salir del infierno.

María L (53) es alcohólica y desde hace 14 años está en recuperación desde que llegó a Alcohólicos Anónimos, una organización mundial compuesta por miles de hombres y mujeres  que no pueden controlar esa enfermedad (en la Argentina son 10.000 miembros). Desde muy joven comenzó a tomar sin parar  para tapar todos sus problemas familiares y personales. Hoy, sus hijos padecen anorexia y bulimia y adicción al alcohol. Esta es la historia de una mujer  que lo tenía todo perdido, pero que con mucho esfuerzo logró salir del infierno.

A los 24 años María ya tenía dos hijos y se había divorciado de su pareja. En ese momento (vivía con los chicos en España) se empezó a enfrentar a situaciones familiares y personales que nunca pudo resolver del modo que ella quería.

Esa copa de vino  que la ayudó a dormir

María comentó que tenía muchos problemas para mantener a su familia y que por las noches le costaba conciliar el sueño. En una de las cenas que tuvo con sus compañeros de trabajo (era secretaria ejecutiva) descubrió que tomando una copa de vino podía dormir bien. Hasta ese momento jamás había tomado alcohol.

“Como me di cuenta  que esa copa de vino me calmaba, comencé a tomar un porrón de cerveza  al mediodía con mis compañeros hasta que empecé a depender de la mañana a la noche del alcohol”, comentó. Era el principio de su infierno.

Por aquellos días, se despertaba con un carajillo, una bebida típica de ese país que combina café  con licor . A media mañana tomaba una cerveza como colación, al mediodía almorzaba con un vino, más tarde ingería cognac y a la vuelta del trabajo seguía consumiendo alcohol, ya en su casa.

Tras regresar de España (tenía 30 años), María seguía tomando y comenzó a darse cuenta que no podía dejar el alcohol. A veces lo hacía a escondidas y guardaba las botellas en el lavarropa, en el horno  o en el jardín. “Malversé la economía familiar  para conseguir más alcohol. Cuando había que priorizar adquirir algo importante para la casa, prefería comprar alcohol”, confesó.

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Por aquel entonces esta mujer, que mantenía su casa, todas las noches se prometía y juraba por sus hijos que no volvería a tomar pero a la mañana siguiente la tentación siempre era más fuerte.

“Me sentía desgraciada, sola, infeliz, y sentía mucha vergüenza. Lloraba mucho, estaba desesperada y no tenía ni idea de cuanto tomaba por día. Estaba borracha, deprimida y muy descuidada”, relató.

 Los hijos de María, (la mujer hoy tiene 32 y el varón 30 años), estaban “furiosos” por la actitud de su madre con la que muchas veces se enfrentaban en fuertes discusiones verbales. Entrados en la adolescencia sus hijos comenzaron a imitar el mal ejemplo de su madre. Su hija padece anorexia y bulimia y su hijo es alcohólico. “No me siento culpable por la enfermedad de los chicos. No soy alcohólica porque elegí serlo, pero si me siento responsable del daño que les hice”, sostuvo.

En ese entonces los chicos de María estaban a la deriva porque muchas veces ni siquiera sabían donde estaba su madre. “Me escapaba cuando no podía ingerir en mi casa. Me iba a bares, o a la casa de alguna amiga a tomar tranquila y muchas veces llevaba petacas escondidas en la cartera”, contó.

 La cirrosis que le hizo el click

Tras su separación, María estuvo sola hasta que volvió a formar pareja con otro hombre con quien compartió su pasión por el alcohol y también las drogas. Cuando ella tenía 38, él falleció por cirrosis  y en ese momento se produjo el click que la alejaría para siempre del alcohol. “Tomábamos todo el tiempo que podíamos, todo lo que el cuerpo pudiera aguantar”, rememoró.

Cuando el estaba muy enfermo ella pisó por primera vez Alcohólicos Anónimos (estuvo sólo un mes) y confesó que eso le sirvió ya que la hizo sentir que lo pudo acompañar en sus últimos días “de una manera normal. Me quebré porque ya no tenía a quien aferrarme, siempre vivía dependiendo de él”, dijo.

El 13 de agosto de 1993 María retomó las charlas en AA con el objetivo de dejar atrás el infierno por el que estaba atravesando y para recuperar el vínculo con sus hijos. “Cuando entré encontré mucho cariño, respeto y cuando escuchaba a los demás me sentía identificada con las historias de mis compañeros”, expresó.

 Con el tiempo, María  (asistía a las charlas todos los días de la semana) se fue dando cuenta de que podía comenzar a vivir con la esperanza de tener una vida útil, muy lejos del alcohol y también realizó durante tres años terapia familiar con sus hijos. 

“Me di cuenta de lo importante que era ser mamá y cuando estuve más recompuesta los pude ayudar a ellos. Logré entender lo que sentían, y mis hijos lo que me pasaba a mi. Hoy en día los dos pueden recurrir a mi y cuando tienen un problema saben donde estoy. Ahora ellos están orgullosos y felices con la recuperación de su madre”, dijo María que admira y disfruta de su único nieto que vive con su madre en Córdoba.

María comentó que en estos 14 años no tomó una sola gota de alcohol “porque no tengo ganas. Ni se me pasa por la cabeza. Ahora puedo hablar y contar lo que me pasa. Estuve en contacto con alguna botella pero nunca me tenté y eso es lo más maravilloso”, contó orgullosa. “Estoy absolutamente convencida de que si hoy tomo una gota dentro de 10 días estoy en el mismo punto que hace 14 años”, aseguró.

Link a nota minutouno.com

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