Los tuyos, los míos, los nuestros o cómo evitar los conflictos en las familias ensambladas

Lograr consensos es parte de un trabajo de equilibrio, tolerancia y mucha energía. ¿Qué hacer para no tener  problemas en la convivencia?

En el imaginario popular y colectivo a las familias ensambladas se las conocen con la expresión “los tuyos, los míos, los nuestros”. Sin embargo, técnicamente se las define como uniones en la cual uno o ambos miembros de la actual pareja tienen hijos de uniones anteriores.

A diferencia de las familias tradicionales, en las ensambladas hay más personajes en juego, más intereses en pugna y obviamente más conflictos que surgen en relación a la personalidad y a la identidad que logran formar cada una de ellas.

Tanto los adultos como los niños pueden sentirse confundidos, enojados, abrumados, inseguros, ansiosos y desilusionados. Para evitar este tipo de sentimientos es imprescindible que los mayores puedan pactar acuerdos para establecer con qué cuentan y qué deben tener que sacrificar con la decisión que están tomando.

Una de las recomendaciones que hacen los especialistas tiene que ver con la importancia de respetar los tiempos de los chicos. Es por eso que si hubo una separación o divorcio de los padres de los niños, debe pasar un tiempo prudencial  (no menor a un año) para presentar una nueva pareja.

 “Es importante que se compartan la mayor cantidad de actividades donde se pueda construir un vínculo sólido y así armar una nueva historia familiar. En definitiva, si los chicos sienten que siguen siendo importantes en esta nueva conformación familiar y los adultos acuerdan valores básicos puede ser parte de una muy buena historia genuina e intensa”, sostiene María Constanza García, Lic. en Psicopedagogía y docente.

De límites y celos

A la hora de la convivencia, se recomienda analizar la edad de los hijos, la visión de la vida de cada uno de los interesantes de la pareja y cómo manejar el tema del dinero con los chicos.

Con los adolescentes, se aconseja que el progenitor (madre o padre) sea quien se encargue de poner los límites, especialmente si se trata de autorizar salidas nocturnas como ir a bailar. En cambio, las pautas de convivencia diaria (como, por ejemplo, autorizar a invitar a un amigo a la casa) si las puede brindar la nueva pareja.

 ¿Cómo debería comportarme con los hijos de mi pareja?, ¿qué lugar ocupo yo en esta nueva familia? o ¿cómo manejarse con el dinero? son algunas de las inquietudes que inevitablemente pasan por la cabeza de los adultos que están al frente de este tipo de uniones.

Según la licenciada Beatriz Goldberg, para encontrar el propio espacio en este nuevo álbum emocional que comienza a forjarse, es importante no tratar de ser ni igual ni del todo diferente de la nueva familia “que le tocó en suerte”, sino buscar el punto de equilibrio sin perder la propia identidad.

 “Es importante que ellos perciban un equilibrio en la nueva pareja. Para ello, deben presentarse como una unidad y luchar juntos por mantener la cohesión del grupo ensamblado, y al mismo tiempo, enriquecerlo. Porque, a decir verdad, llevar adelante una familia ensamblada requiere de mucho trabajo, y sobre todo, permanentes negociaciones con cada uno de sus integrantes”, explica Goldberg, autora del libro “Tuyos, míos, nuestros”.

Dificultades de los hijos o de los ex para aceptar la relación con los consiguientes boicots a la misma, problemas para conciliar horarios de visitas, diferencias de dinero o de reglas entre una casa y otra de los mismos hijos, falta de tiempo para la pareja o los hijos e incomprensión de las características propias de una familia ensamblada son los conflictos más comunes que suelen acontecer en este tipo de hogares.

Además,  la creación de una nueva familia puede traer algunas consecuencias en los niños, empezando por la desilusión que sienten en relación a que sus padres ya no volverán a ser pareja.

“Se preguntan si se reducirá o suspenderá el tiempo que pasan con el progenitor, pueden exhibir deliberadamente conductas que requieren más atención o que provoquen el alejamiento del nuevo miembro como ponerse violentos, manipuladores o despectivos. A veces, se sienten diferentes a los demás niños: creen que la suya no es una verdadera familia”, grafica María Silvia Dameno, Lic. en Psicología y especialista en el tratamiento de familias ensambladas.

Para evitar este tipo de sentimientos en los más chicos, lo más importante es que los cambios se introduzcan en forma gradual sin dar por sentado que por tomar la decisión todos tienen que tener la misma elaboración del caso. También se aconseja informar a los niños los planes que les conciernen a ellos haciéndolos participar, por ejemplo, en la diagramación de su nuevo cuarto.

 Más allá de los conflictos que suelen ocurrir en este tipo de “nuevas familias”, los especialistas rescatan que estos chicos también pueden adquirir un aprendizaje que les permita incorporar más de un modelo de pareja a seguir cuando armen sus propias parejas, ser más flexibles para convivir por haber vivido en dos hogares y en general se muestran más abiertos. Además aceptan mejor los cambios y en caso de necesidad tienen muchas más personas a las cuales recurrir.

¿QUÉ HACER PARA EVITAR CONFLICTOS?

 -Trabajar con las nuevas relaciones que se establecen entre los miembros, fomentando el respeto mutuo, el diálogo y la aceptación.

 -Respetar el lugar que ocupa cada uno. Los adultos pueden consultar, pero no piden permiso a los hijos sino que son ellos lo que deciden.

 -Procurar una igualdad de derechos y obligaciones, las reglas con las que el grupo familiar funciona son las de “esa casa”, mas allá de que cada hijo provenga de un hogar diferente, con diferentes hábitos.

 -Hacer que los cambios sean paulatinos y aceptar los tiempos de cada uno.

 -De ser posible, establecerse en una vivienda nueva, de modo tal que no haya quienes se sientan “visitantes” y quienes se sientan “invadidos” y procurar que en ella haya un espacio de aquellos que no viven permanentemente allí.

 -Buscar el consenso en las actividades, salidas, vacaciones de modo que cada miembro sienta que es respetado y que su compañía es deseable.

 -No criticar la relación anterior frente a los hijos y tampoco al ex-cónyuge de nuestra nueva pareja.

 -Combatir los propios prejuicios y cultivar la tolerancia, la paciencia y el sentido del humor.

PUBLICADO EN DIARIO CLARÍN

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