El desafío de vivir con VIH y tener una vida sexual segura y placentera

Los especialistas sostienen que las personas con esta enfermedad deben fortalecerse en la decisión de exigir el uso del preservativo, tanto por ellas como por su pareja o compañero ocasional.

Cuando a una persona le diagnostican VIH, generalmente se angustia. Tiene miedo y manifiesta una gran preocupación de cómo continuará su vida. Cómo seguir adelante en el terreno de la salud, cómo transmitirles la noticia a los seres queridos, el temor al rechazo o a ser discriminado y qué ocurrirá en el trabajo son algunas de las inquietudes que se plantean.

Sin embargo, otro tema que inmediatamente surge está relacionado con el futuro de las relaciones sexuales, ante la posibilidad de poder contagiar a una pareja.

Más allá de este primer cimbronazo, si la persona ha podido elaborar y aceptar su nueva realidad, así como, iniciar un tratamiento y ver los avances que va logrando, tendrá el camino listo para volver a pensar en su vida sexual.

Al principio prevalecen el miedo, la angustia, la desesperación, la bronca, la vergüenza. Cuando la persona inicia un tratamiento y se informa sobre el VIH, empieza a recobrar confianza y surge la esperanza de llevar una vida sana y normal. Y la sexualidad no está exenta de ello.

Los especialistas sostienen que las personas con esta enfermedad deben fortalecerse en la decisión de exigir el uso del preservativo, tanto por ellas como por su pareja o compañero ocasional, sin justificar esta exigencia por la realidad de vivir con VIH ya que el cuidarse y cuidar al otro les dará una oportunidad de vivir una vida sexual más placentera y sin miedos.

“La manera de disfrutar de un encuentro sexual es desterrando mitos, prejuicios y culpas. Utilizando el preservativo, la sexualidad puede ejercerse perfectamente y plenamente. Las relaciones sexuales no deberían centrarse únicamente en la penetración. Los besos, los masajes, las caricias, las voces, las miradas, las fantasías, son condimentos fundamentales en todas las relaciones sexuales, se viva o no con VIH. Las personas que viven con VIH pueden tener relaciones sexuales anales, orales y genitales; también pueden tener hijos y llevar una vida ‘normal’”, explica la psicóloga y sexóloga Andrea Gómez.

Para María Eugenia Gilligan, presidenta de la Red Argentina de Mujeres Viviendo con VIH-SIDA, las personas con esta enfermedad pueden tener una sexualidad muy placentera y eso dependerá de cómo se manejan con sus parejas respecto al cuidado y a la comunicación entre ellos.

“Para aquellas personas que la necesitan, es muy importante tomar la medicación, porque además de mejorar nuestra calidad de vida, baja los niveles de VIH en la sangre, semen y fluidos vaginales, lo que reduce la transmisión del VIH por vía sexual”, sostiene Gilligan. “Nadie tiene la obligación de decir que vive con VIH, pero sí la responsabilidad del autocuidado y la protección al otro que es fundamental para poder disfrutar plenamente de un encuentro sexual. Cada persona sabe o decide cual es el momento indicado para develar su diagnóstico”, agrega.

En tanto, la doctora Victoria Alfaro, de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, opina: “Ejercitar una sexualidad placentera dependerá de la calidad de vida sexual que ha llevado el paciente o la pareja anteriormente, y ahora más que nunca privilegiando y comprometiéndose responsablemente por su vida sexual y la de su compañero o compañera”.

Reencauzar sus vidas, establecer vínculos sanos, elaborar lo vivido, creer y darse la oportunidad de vivir plenamente como personas sexuales sin culpas, permitirá llevar una vida más feliz y a su vez sostener el tratamiento asumiendo el cuidado que se merecen. El apoyo psicológico con la psicoterapia es fundamental para preservar, resignificar y recrear estas áreas de la vida de las personas.

“Tengo una sexualidad plena”

A los 20 años, a Mariana Iácono (29) le diagnosticaron VIH, enfermedad que se contagió de su pareja de entonces. Al principio, cuenta,  le costó volver a relacionarse sexualmente con otras personas. Como tenía miedo de que la discriminaran, cada vez que conocía a un hombre, antes de darle un beso, ya se ponía a pensar en cómo decirle lo del VIH. Sin embargo, la ayuda de la terapia le hizo comprender que tenía el derecho de no contarlo, aunque obviamente debía utilizar el preservativo en cada relación.

 Trabajadora social y estudiante de historia, desde hace tres años Mariana está en pareja con un hombre y antes de tener el primer encuentro sexual, como tenían varios amigos en común,  decidió blanquear su situación.

 “Al principio cuesta porque tenés la carga de cuidar a tu pareja el doble y lleva un trabajo de sensibilización con tu pareja, pero afortunadamente tengo una sexualidad plena. Mi novio nunca me hacer acordar que tengo VIH y desde que estamos juntos mi enfermedad pasó a un segundo plano”, confiesa.

 Mariana, miembro de Red Argentina de Mujeres viviendo con VIH/SIDA, dice que toda vez que tiene relaciones sexuales utiliza el preservativo y que, junto a su pareja, disfrutan plenamente de cada encuentro íntimo.

PUBLICADA EN DIARIO CLARIN

 

 

 

FOTO: NAT TRECE

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