Claves para evitar que las fiestas de fin de año se vuelvan un dolor de cabeza

Las reuniones y el fin de año pueden generar depresión, ansiedad y conflictos familiares.

Los últimos días del año son sinónimo de cierres, reuniones de trabajo, presentación de informes, exámenes finales y eventos sociales. Son momentos en los que se hace un balance y se planifican proyectos para el año venidero. Como si esto fuera poco, Navidad y Año nuevo son situaciones propicias para reencontrarse en familia, comer, festejar y brindar. Sin embargo, para muchas personas estas reuniones implican un dolor de cabeza por tener que compartir estos momentos con quienes muchas veces no tienen una buena relación.

Todo este malestar, sumado a la frustración que puede manifestarse por no haber cumplido ciertos anhelos, a la imposibilidad de irse de vacaciones y hasta el calor puede ser un desencadenante para acelerar el estrés en los últimos días del año.

“Es fundamental no tratar de oponernos a este final, todas las emociones y pensamientos representan respuestas funcionales a la época del año que vivimos. No hay que desesperarse, ni resistirse, hay que entender que el ciclo se debe cumplir como todos los años para luego poder volver a empezar. Lo que no se llegó a realizar este año, se podrá hacer el próximo. La finalización de un año no es sin el comienzo de otro y con este nuevo la idea de renovación, de recomienzo pero también de continuidad. El año nuevo permite renovar la energía y la esperanza de cambio pero también afianzar los logros, en la continuidad de lo que permanece”, explica la licenciada Marina Sinaí de Hémera, del Centro de estudios del estrés y la ansiedad.

Fin de año también comprende situaciones con significación agradable o desagradable que representan riesgo de provocar ansiedad, depresión con repercusiones anímicas y físicas (tristeza, angustia, irritabilidad, violencia verbal o física, taquicardia, malestares digestivos, problemas cardíacos, accidentes, entre otros). Los últimos días del año también incluyen el recuerdo de familiares y amigos que ya no están y esos duelos a veces suelen ser prolongados.

Para Roberto Sivak, presidente del capítulo Estrés y Trauma de la Asociación Argentina de Salud Mental, es fundamental identificar los factores de estrés que se pueden generar en las fiestas. Algunas preguntas, como “¿Cuáles cree que son las situaciones de las fiestas que aumentan el malestar?” o “¿Tienen relación con las reuniones, las relaciones familiares, los balances personales, la situación de aislamiento?” son las sugeridas para evaluar esta situación.

“Lo importante es que la persona elija a qué reunión concurrir, que disminuya el ‘apoyarse’ en bebidas o medicación para tolerar situaciones y que organice encuentros gratos. También es recomendable hacer balances realistas del año “perdonándose” sus limitaciones si no pudo cumplir todos sus proyectos. Hay que tratar de analizar objetivamente los factores que influyeron en las dificultades, no exigirse “estar feliz” de modo artificial y tratar de rescatar los afectos y valores genuinos”, sostiene Sivak.

Es importante valorar que las fiestas son una gran oportunidad para hacer una evaluación del ciclo pasado, para planear el siguiente, para reencontrarse con uno mismo y con los seres queridos desde un lugar diferente donde priven el amor, la buena energía y la tolerancia.

“Las diferencias existen y no siempre los otros van a responder como nosotros queremos. En consecuencia, evaluar las conductas de los otros a partir de nuestras formas de actuar, es un error que puede traernos dificultades al compartir un festejo o cualquier otro espacio de encuentro”, concluye la licenciada en psicología Patricia Gubbay de Hanono.

¿Cómo evitar las peleas en las fiestas?

Uno de los temas más frecuentes que los pacientes llevan a sus terapias en los últimos días del año está relacionado con los sinsabores que les provocan la idea de juntarse en familia a pasar las fiestas. Celos, enfrentamientos familiares, divorcios o simplemente la poca predisposición por encontrarse con cierta gente muchas veces pueden desencadenar un cuadro de estrés.

“Son situaciones complejas relacionadas con la historia personal y familiar. Pueden llevar a momentos de angustia, ansiedad, fobias, aislamiento, disputas o refugio en el aislamiento o depresión. A la vez son una oportunidad para revisar la intolerancia a las diferencias, la rigidez narcisista  intentando mejorar y madurar en la relación vincular privilegiando el diálogo y aceptando al otro con sus particularidades. Cuando esto no es posible debe respetarse el derecho a negarse a participar en ciertas reuniones u organizar como alternativa encuentros gratificantes más íntimos  con nuevas relaciones”, puntualiza el Dr. Sivak.

 Las reuniones familiares ponen al descubierto conflictos latentes que aparecen cuando se deben resolver esas cuestiones. Por ejemplo, en el caso de padres separados, si estos no han logrado comprender de manera saludable el nuevo vínculo que ahora los junta de otra forma, los hijos deben elegir con cuál de los dos van a festejar.

“En las reuniones familiares también está presente el tema de la comida y los regalos. Todo podría ser motivo de peleas y desencuentros. Es por esa razón que podemos pensar en las fiestas como una oportunidad de practicar la aceptación y la tolerancia hacia quienes nos rodean, sabiendo que el mundo no está siempre cortado a medida de nuestros deseos”, opina Gubbay de Hanono.

 Consejos para pasarla lo mejor posible en las fiestas:

-Hacer un análisis objetivo de lo acontecido en el 2010 sin culpas ni reproches mirando la mitad del vaso lleno de este año y pensar en llenarlo más durante el año que viene.

-Negociar familiarmente y en pareja los planes para las fiestas, pensando en que todos puedan pasarla bien. Organizar con tiempo dónde y con quién pasar las fiestas.

-Proponerse metas concretas para el año próximo que sean chicas y alcanzables.

 -Mantener la armonía familiar y de pareja.

-Dejar de lado el individualismo para consensuar.

-Es un momento para compartir y aprovechar el reencuentro con seres que hace tiempo no se ve.

-Pensar que cada año que se inicia son nuevas posibilidades de crecimiento y la decisión de hacerlo depende de uno mismo.

– Planear vacaciones, aunque sean pequeñas, donde puedas pasarla muy bien y quienes te acompañen también. (Ver opciones donde todos puedan disfrutar y organizar en conjunto).

– Comprometerse a tener un espacio propio (aunque sea chico) de recreación, con una tarea que te guste para el próximo año.

 PUBLICADO EN CLARÍN

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