Amores de verano

Muchos hombres y mujeres se animan a vivir intensos romances durante las vacaciones con la libertad y el escaso compromiso que, por lo general, adquieren ese tipo de vínculos. Sin embargo, algunas historias perduran con el tiempo.

Las vacaciones sirven para estar relajados, para cambiar de aire, para descansar, para estar en familia. Sin embargo, muchos jóvenes y no tan jóvenes aprovechan esos días de ocio para conocer gente nueva y en muchos casos están abiertos a vivir una nueva historia de amor a orillas del mar. En algunos casos esos encuentros amorosos se prolongan apenas durante los días de veraneo, pero en otros el vínculo se potencia y la relación traspasa los límites veraniegos.

Generalmente, los amores de verano se suelen vivir con intensidad, pero a su vez con mucha libertad y escaso compromiso para el futuro teniendo en cuenta que durante esos días de descanso generalmente no hay motivaciones que permitan planificar decisiones para el futuro y proyectar una relación a largo plazo no es la excepción. Sin embargo, existen hombres y mujeres con el corazón abierto los 365 días del año que no están dispuestos a cerrarle las puertas a una relación que se inicia de esta forma.

Para la licenciada Sandra Lustgarten, psicóloga y sexóloga, este tipo de vínculos fugaces carecen de estrés ya que el ámbito se torna más relajado, los integrantes de la pareja se dejan llevar por el momento, estando más atentos a lo que tiene que suceder sin pensar en el largo plazo.

“Los sentimientos dependen de cada personalidad. En general, las mujeres suelen conectarse más con este sentimiento de enamoramiento adolescente y muchas veces este enlace termina provocándoles insatisfacción que aunque el juego sea claramente especificado, siempre son las que resguardan cierta ilusión en esta fantasía. El hombre, en cambio, al ser más instintivo, menos comprometido afectivamente y con ciertos estigmas sociales que los hacen jugar un rol más frívolo y menos amoroso, en pos de demostrar su virilidad plantean el cumplimiento de su rol desde otro lugar, y el hecho de sentirse libre de relaciones estables y tener resultados positivos los hacen sentirse rejuvenecidos, viriles, exitosos”, explica Lustgarten.

Bailando en un boliche de Mar del Plata, hace dos años Erica (28) conoció a Rubén (30). Esa noche bailaron, se besaron y arreglaron para coincidir al día siguiente en la playa.

“Fue un amor que duró menos de una semana. Fue intenso y muy romántico. Pasábamos juntos muchas horas en la playa, tomábamos mate, caminábamos un montón. Unos días antes de volver él me dijo que le encantó haberme conocido pero que prefería dejar la historia en las vacaciones porque recientemente había terminado una relación de seis años. Yo hubiera querido conocerlo más, pero acepté las reglas del juego”, confiesa Erica.

“Los amores de verano pueden ser muy serios pero suelen estar despojados de cierta realidad y cotidianeidad que hace que la ilusión sea mayor que la habitual. La ilusión se caracteriza por ser una creación psíquica, apoyada en la realidad pero cargada de elementos propios, así como de deseos y fantasías que nos pertenecen y proyectamos en los demás. Esto que se proyecta no siempre coincide con la realidad de la otra persona, o sea con quien la otra persona es”, explica la licenciada Andrea Gómez, psicóloga y sexóloga.

La licenciada en Psicología Melina Hoijemberg sostiene que durante los primeros días la relación probablemente se viva con mucha intensidad debido a la posibilidad de compartir días enteros en un lugar propicio para la diversión y el relax. Sin embargo, sostiene que este escenario puede dar lugar a una situación un tanto “artificial” en comparación con las posibilidades de desarrollar estas relaciones en la vida diaria de sus integrantes.

“Durante estos primeros días es fundamental dar lugar a un diálogo sincero acerca de las expectativas mutuas en relación a la continuidad o no de esta relación. Los integrantes pueden decidir de mutuo acuerdo que se trate de una relación casual, que dure exclusivamente durante ese período de vacaciones y en estos casos queda claro entre ambos que no se encuentran interesados en enamorarse ni comprometerse”, puntualiza Hoijemberg. “De no darse este diálogo podrán surgir en ambos integrantes de la pareja sentimientos de incertidumbre e inseguridad acerca de los sentimientos propios y sobre todo de los del otro, lo cual podría dar lugar a situaciones de confusión o incomodidad. Es por esto que siempre resulta efectivo fomentar la comunicación, aún con aquellos que acabamos de conocer”, recomienda Hoijemberg.

¿Amores con extranjeros?
Más misteriosos, intensos y fugaces pueden resultar las relaciones amorosas que suelen darse con extranjeros, ya sea en el país de origen o de viaje por el exterior. Las dificultades en el idioma, las distancias geográficas y las diversidades culturales pueden convertir esta situación en una experiencia que merece la pena ser vivida.

Hace tres veranos, Diego (36) comenzó una relación con una chica norteamericana que le presentó un amigo que la había conocido en un bar. Diego confiesa que fue “amor a primera vista” y que luego de conversar toda una noche terminaron durmiendo juntos.

“Con Elizabeth fue un amor de verano que duró casi cuatro meses porque ella prolongó su estadía en Buenos Aires. Al principio disfrutábamos mucho el estar juntos pero cuando se acercaba el día de su partida tuvimos algunos roces porque estábamos muy sensibles”, cuenta Diego a la distancia que continuó el contacto con su enamorada durante varios meses por mail.

Para la licenciada Gómez, la ilusión típica del enamoramiento, se intensifica junto con la pasión y las emociones intensas. Las vacaciones, sostiene, se asocian con los permisos, la libertad, la diversión predisponiendo a amores más fugaces que están cargados de “ilusión, de espejismos, y de encantamiento”.

“Los amores de verano pueden ser una experiencia hermosa que dura lo que duran las vacaciones o pueden perdurar en el tiempo y en otro lugar. Si las vacaciones son en otro país, en el extranjero, la posibilidad de reencontrarse es menor y el sufrimiento a la hora de la despedida, puede ser muy intenso. A pesar de ello, no faltan parejas que luego de conocerse y enamorarse en el extranjero deciden seguir juntos cambiando de país de residencia y de vida”, expresa Gómez.

“Conozco casos de relaciones con extranjeros que terminan siendo estables. El amor definitivo muchas veces se encuentra en otro lugar, aunque al principio parece ser difícil por la frecuencia, la distancia o la modalidad que tiene. Muchas veces empieza siendo una experiencia distinta y luego se vuelve un vínculo estable y el amor de la vida de uno. Las relaciones con extranjeros siempre aparecen como algo novedoso y creativo, aunque no debemos perder de vista que las diferentes culturas tienen ideales que difieren”, concluye Lustgarten.

PUBLICADO EN REVISTA MÍA

FOTO: bolsodecuriosidades.blogspot.com

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