Fobia escolar

Las dificultades para desprenderse de la mamá y diversos  problemas en el colegio hace que los niños tengan miedo de asistir a clase. Lo importante es no minimizar lo que les pasa, hablar con los chicos y los docentes y, si es necesario, consultar con algún especialista.

Son niños de entre cinco y ocho años que se encuentran en los primeros años de la escuela primaria. No se integran al resto de sus compañeros, suelen ser caprichosos y tienen mal humor. No son chicos que tengan dificultades de aprendizaje, sino problemas de vinculación afectiva con su entorno. Y en algunos casos esas carencias les provocan miedo y angustia a la hora de ir al colegio.

Las estadísticas internacionales dan cuenta que el 4% de la consulta psiquiátrica infantil está vinculada al temor de los chicos de asistir al colegio. Si bien no se conocen estudios en la Argentina, también es un fenómeno que sucede y que no debe pasar desapercibido para los adultos.

Muchas veces este tipo de situaciones pueden arrancar desde la casa. Los chicos se niegan a despertarse para ir al colegio, lloran o tienen ataques de angustia y si finalmente acceden las lágrimas pueden continuar en el trayecto al establecimiento educativo.

Los motivos

Mudanzas, cambios de colegio, dificultades para desprenderse de la madre, el grupo de compañeros del colegio y cierta complicidad de los docentes son algunos de los principales factores que originan esta angustia en los niños.

La agresividad con el par también aparece y no es extraño escuchar las cargadas para el más petiso, el más gordito, o para la que todavía no se desarrolló y todavía es una nena. A esa edad cualquier diferencia es motivo de cargada.

“Supongamos un grupo que viene de jardín y un chico se integra en primer grado. Le hacen un vacío, no hablan el mismo código, no lo invitan a los cumpleaños. Le hacen pagar el precio de ser el nuevo y muchas veces no quiere ir a la escuela  y si  la maestra no se hace eco y lo deja en banda, el chico se siente solo”, ejemplifica Silvia Feitelevich, miembro titular de la Asociación Psiconálitica Argentina (APA).

 Juan (6) cursaba el preescolar en un colegio con mucha libertad, según cuenta su mamá, que le proponía juegos muy creativos para aprender y disfrutar. En primer grado sus padres lo cambiaron a un colegio bilingüe con doble escolaridad y “con un grupo de chicos y de padres muy rígidos, de un mejor nivel económico”.

“Juan lloraba, no podía integrarse al resto de sus pares hasta que hicimos una consulta y entendimos que no era un colegio para él. Finalmente terminó haciendo una excelente escolaridad en un lugar donde tenia más libertad, creatividad  y expansividad  y hasta fue elegido como mejor compañero”, recuerda –orgullosa- su madre.

Algunas veces Ludmila (6) se hacía pis encima en primer grado y eso era motivo de las constantes cargadas de sus compañeros  por lo que decidió alejarse del grupo y se hizo más introspectiva.

“Ella no quería ir y cuando iba se quedaba solita en un rincón y los chicos la cargaban más, no era que pasaba desapercibida, sino todo lo contrario. Cuando pudo solucionar su tema y ver qué le pasaba se abrió de otra manera al grupo y mejoró su nivel de aprendizaje”, dice su mamá. Y agrega: “No hizo falta cambiarla de colegio y aprendió a defenderse de las cargadas, no permitiendo que eso ocurriera más”.

¿Quién tiene la culpa?

Para los especialistas en niñez,  hay muchas situaciones de este tipo que ocurren porque los padres no hablan con los hijos, porque no se hacen cargo de que hay escuelas que no son para ellos y porque tampoco se ocupan de comentarles las cosas que van a ganar yendo al colegio.

Para Feitelevich , los docentes no deben estar al margen de esta problemática y deberían ir chequeando paso a paso cómo va el niño, si está haciendo una evolución, dándole lugar dentro del aula, aunque, a su entender, esto no ocurre muy seguido.

“Los docentes tienen el temor de consentirlos: `Si el chico llora y le doy mucho lugar, se van  a volver caprichosos y van a tratar de sacar provecho de esa situación`, ejemplifica. “Los maestros se ponen muy rígidos porque no saben bien qué hacer”, añade.

Para Susana Putelli,  tiene 30 años de experiencia como docente de escuelas primarias, los padres de los niños y no los docentes son los responsables de la fobia escolar de los menores.

“Tiene que ver con la ansiedad que tienen los padres y con el supuesto de que en la primaria no se juega como en el jardín. La ansiedad de los padres es imposible de controlar. En vez de ser un momento de gran alegría para los chicos, termina siendo un momento de pérdida”, expresa. Y agrega: “En realidad los que no están preparados son los padres que les hacen tantas recomendaciones que para los chicos es como una probable tortura”.

Si es un tema de cargadas, los especialistas afirman que, por lo general,  los chicos se lo confiesan a sus padres. Sin embargo, los que están muy pegados a la mamá y a la casa no suelen saber lo qué les pasa y muchas veces ellas los tratan como bebés y sus padres,  tal vez, no se ocupan debidamente de esa situación.

Cuando Alexis (14) tenía siete su mamá estaba embarazada de Romina, su hermanita menor. En esos momentos él cursaba segundo grado y a mitad de año dejó de asistir a las clases de Natación y Computación que no eran obligatorias, pero a la que acudían todos sus compañeritos.

“No quiso saber nada con seguir. Tenía una mamitis enorme. Yo trataba de explicarle la importancia de hacer esas actividades en la escuela y le hacía muchos mimos para que estuviera contenido en ese momento tan especial en su vida”, recuerda Miriam, la mamá de Alexis.

En los varones la fobia escolar también puede estar relacionado con los problemas para conciliar el sueño: pueden tener pesadillas, les cuesta dormirse y en las nenas se observa más el llanto y la angustia por el temor de ir a la escuela.

Los especialistas recomiendan que si los padres detectan esa fobia es recomendable que lo puedan conversar con los docentes – testigos privilegiados al pasar muchas horas del día con los chicos- y evaluar si es una conducta qué está también en la casa, si tiene que ver con el transporte escolar o si ocurre sólo en la escuela.

“Es interesante consultar con un profesional idóneo en el colegio. Hacer una consulta psicológica no significa que el niño inicia un tratamiento psicológico. Puede haber tres reuniones y se soluciona el inconveniente. Muchos de los trastornos infantiles se solucionan relativamente pronto”, concluye Feitelevich.

Consejos para los padres

-No dejarlo pasar, no decir: “esto no tiene importancia”

-Tomar con seriedad el asunto y acompañarlos para aliviar el sufrimiento.

-No creer que todo lo que tienen los chicos son caprichos

-Hacer todas las modificaciones necesarias para tranquilizarlos.

-Hacerse preguntas sobre la real dedicación hacia ellos.

-Preguntarse por qué los hijos no se sienten seguros

-Ver cuál es el ámbito en el que la fobia comienza: la casa, el transporte escolar o el colegio.

-Estar atentos a si es algo que tiene que ver con el colegio para comunicarse con las autoridades para averiguar qué pasa.

-Observar si es algo del niño, del niño y su grupo, del niño con la maestra o de la institución.

-Dialogar con el chico para ver qué le sucede

-Preguntarse sobre sus propios miedos y fobias.

-Cuando no se puede hacer las cosas por si mismos siempre hay profesionales para consultar.

 

PUBLICADA EN REVISTA MÍA

 

 

 

 

FOTO: SABORYSALUD.COM

 

 

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