China Zorrilla: “Lo peor de los viejos no son las arrugas sino los recuerdos”

No sufre de soledad, tiene sueños cumplidos y proyectos, espera que el amor la sorprenda a los 89 años igual que al personaje que hizo en “Elsa y Fred”. Parece eternamente joven hasta que habla de sus pares, el aislamiento y la violencia que sufren.

¿Qué es lo qué ve y le preocupa de la gente de su edad?

Creo que lo peor de los viejos no es llenarse de arrugas sino no poder eludir los recuerdos. El problema no es mirarse al espejo y ver que uno está viejo sino acordarse que uno fue joven. No hay que mirarse a los espejos, pero esas son cosas que uno aprende a un precio muy caro: cuando uno es viejo. Yo viví en la época en la que los viejos se quedaban en la casa. Mis abuelos tenían una casa enorme y la fueron agrandando para recibir a toda la familia y siempre cabía otro más. En aquel entonces, los viejos mandaban todavía. En el mundo actual, los viejos están viejos cuando están solos. Cuando uno llega a esa edad, las ganas de hacer cosas muchas veces se van perdiendo y tal vez no tengo ganas de ir a bailar sino de quedarme a ver televisión en mi casa porque soy vieja.

  ¿Es peor la soledad en la tercera edad?

Debe ser terrible, pero no lo sé porque yo es lo que más añoro. Por suerte, por mi trabajo, siempre estoy rodeada de gente. Mi profesión es hablar, cuando no hablo con mis amigos, estoy hablando en el escenario. Para mí, es un lujo la soledad cuando llego a mi casa y no hablo con nadie. La soledad a veces es una gran compañera.

¿Cree que es lo mismo que vive la mayoría sus congéneres actualmente?

Una vez observé por la calle a un hombre mayor muy solitario. Me presenté, le dije que era actriz y lo invité a ver mi obra de aquel entonces. Se quedó tan fascinado que me preguntó si podía ir a ver otras obras, de otros actores y después me llamaba y me contaba cómo la había pasado. Desde ese día, ese señor es mi amigo y nunca supe su nombre. Creo que el peor castigo de los viejos es cuando se van quedando solos porque se les mueren los hermanos y hasta sus generaciones posteriores. No es que estén solos en un cuarto sino que están viendo televisión que es peor porque no tienen con quién hablar. A veces visito geriátricos y veo a todos los viejos callados porque no tienen qué decirse. La vida de ellos es comer, dormir y esperar la muerte. No tienen ningún proyecto por delante, nada. Eso me impresiona porque, tal vez, si yo no fuera una actriz que tiene trabajo, estaría en esos lugares y sin haber estado nunca sola le tengo miedo a la soledad.

¿Conoce gente de su edad que pasa por esa soledad?

Conozco personas que a veces fingen que me encuentran por la calle y me doy cuenta de que me estaban esperando en la puerta porque me dicen: “China: ¡cuánto hace que no te veo!, ¿no querés tomar un cafecito?”. Ahi encontraron para ese día el remedio: hablar con alguien. Esa gente está sola, no tiene parientes cerca, no espera nada excepcional, sólo hablar con alguien. Ahora que estoy un poco más vieja, voy descubriendo los remedios contra la soledad.

¿Por ejemplo?

Mi perra Flor, a la que la tengo desde que nació. Para alguien que nunca tuvo un perro es difícil entender el enorme cariño que pueden brindar, especialmente para los viejos. Cuando estoy llegando a casa, pongo la llave en la puerta y escucho las patitas de ella que me dicen que me apure para entrar. En los geriátricos, muchos abuelos piden si les pueden dejar tener a sus mascotas y en algunos lugares los dejan y se convierten en protagonistas de todo porque son excelentes compañeros. Una vez le regalé un canario a un viejo y me agradeció porque le había cambiado la vida.

¿Sufre cuando se entera de hechos de violencia contra ancianos?

Siempre repito un poema que dice: “Yo vi una paloma herida y me duele el cazador”. Cuando me entero de alguno de esos asaltos en los que estos chicos le pegan a alguien mayor, me dan pena los chicos, no la víctima. Seguramente esos chicos tienen hambre y cuando roban, no son victimarios, son víctimas. No estoy justificando al delincuente, pero me duele el cazador.

Como en la película “Elsa y Fred”, que usted protagonizó ¿se puede vivir un amor a los 80 y pico?

Lo bueno del amor a esta edad es que te toma de sorpresa, cuando de golpe te das cuenta de que todavía te podía pasar. Yo lo he visto en gente que ni siquiera se daba cuenta de que les estaba pasando. A mí me gustaría que me pasara algo similar a la historia de la película, de hecho la hice creyendo que era una historia que podía ser verdad. Ya me pasó eso de enamorarme y me puede volver a pasar. La esperanza de que me pueda volver a enamorar es porque ya me está pasando o porque tengo ganas de que me pase. Lo lindo de eso es que nunca se sabe, no hay síntoma previo.

¿Se vive diferente que un amor de juventud?

Yo tengo 89 y me considero joven, todavía no envejecí (risas). Yo creo que mientras uno se pueda enamorar. va a seguir siendo joven.

¿Es una edad para cumplir sueños?

Sí, por supuesto. A mí se me está cumpliendo uno. Cuando era chiquita, soñaba con ser actriz y trabajar profesionalmente. A los 32 años, comencé a cobrar por mi trabajo. En ese momento, pensé que me iba a cansar de hacer teatro. Ahora tengo 87 y me gusta más que antes. Soy optimista. La vida me ha dado la posibilidad de vivir todo este tiempo haciendo lo que amo. Las obras que yo soñaba hacer a los 40, las estoy haciendo en estos últimos años.

¿Hay tiempo para proyectos?

Envejecer es dejar de hacer proyectos. No hay que dejar de hacer cosas hoy pensando que no se pueden realizar mañana porque, tal vez, a esta edad, resulte demasiado tarde.

Link a nota revista Mía

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