Los secretos de la anestesia

Aunque los temores muchas veces superan la realidad, hay pacientes que manifiestan mayor preocupación por la anestesia que por la intervención quirúrgica en si. ¿Cuáles son los riesgos? 

En la película “Bajo anestesia” –estrenada en el año 2008- Clay Beresford es un joven multimillonario que debe someterse a un transplante de corazón. Durante la intervención,  experimenta un extraño fenómeno llamado percepción intraoperativa que le hace estar consciente mientras lo operan. Más allá de la ficción, históricamente la palabra anestesia genera un extraño temor en los seres humanos a la hora de ser intervenidos. Incluso, muchas veces ese miedo supera a la incertidumbre que genera la operación en si misma.

La percepción intraoperativa –que padece el personaje del film norteamericano- existe, pese a que es una entidad muy poco frecuente –no hay estadísticas en nuestro país – y se la conoce como estado parcial de inconciencia, donde el paciente no siente dolor y percibe las cosas que están ocurriendo mientras lo están operando.

“Cuando se pierde la hipnosis aparece el estado parcial de inconciencia. Puede pasar que la hipnosis no sea suficiente por diversas causas. Se podría hacer alguna inferencia diciendo que las drogas que utilizamos en la actualidad son hipnóticos poderosos por lo que ésta es una entidad que tendría que tener muy baja incidencia”, sostuvo Daniel Campos, vicepresidente de la Asociación de Anestesia Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA).

 EL mundo de la anestesia

La anestesia se clasifica en General, Regional y la combinación  ambas. La general consiste en provocar la hipnosis, brindar analgesia y suprimir las respuestas reflejas asociado o no a relajación muscular. Por su parte, la regional radica en inhibir la percepción cerebral del dolor mediante el bloqueo de los impulsos nerviosos.

La elección depende del tipo de cirugía, de las enfermedades asociadas que presente el paciente y de la preferencia del médico y el paciente, siempre y cuando sea factible, y su duración es variable: hay anestesia de cinco minutos hasta de 24 horas o más, dependiendo del tipo y la complejidad de la intervención.

Las complicaciones de la anestesia regional van desde las nauseas, vómitos, cefaleas, dificultades para orinar, hasta un cuadro de meningitis.

La anestesia raquídea suele utilizarse para cirugías abdominales bajas, pélvicas, rectales o de las extremidades inferiores, a través de agujas punta lápices donde se inyecta directamente en el líquido que circunda la médula espinal en la región lumbar, ocasionando adormecimiento en la parte inferior del cuerpo.

Esta anestesia puede generar cefalea –suele durar cuatro o cinco días-, por fuga de líquido cefalorraquídeo a una velocidad mayor a la que puede ser producido, dependiendo del mismo paciente y de las características del diámetro de la aguja empleada: a mayor tamaño, mayor incidencia de cefalea pospunción.

“Se le advierte al paciente que por 24 horas tiene que estar horizontal, los pies un poco más altos, tomar mucho líquido (más de tres por día), cafeína y algún analgésico. Acostado no sentís nada, pero te sentás y sentís que se te parte la cabeza. Es como que te late la cabeza”, graficó el doctor Alejandro Anderson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires (INBA). 

En cambio, las consecuencias de la anestesia general –además de las ya mencionadas-  también incluyen complicaciones en piezas dentarias, arritmia cardíaca, paro cardíaco o descenso de la presión arterial.

También puede generar un evento de hipertermia maligna (HM),  que se caracteriza por presentar un estado hipermetabólico en el tejido muscular tras la inducción anestésica con una incidencia en adultos de 1 en 60.000 anestesias, aunque mayormente se la ha encontrado a la población pediátrica.

Los primeros signos de esta enfermedad son contracción muscular, aumento de la producción de dióxido de carbono, taquicardia, entre otros y el tratamiento consiste en  la suspensión inmediata de los anestésicos, la administración de Dantrolene que actúa directamente y tratar las complicaciones.

Sin embargo, los anestesiólogos (son médicos que estudiaron la carrera de medicina e hicieron cinco años de formación de posgrado) se preocupan por llevar tranquilidad a la población. Y además destacan los progresos de esta especialidad ya que hace 40 años algunas anestesias estaban a cargo de la cava de enfermería, tiempo después en manos de los practicantes y hoy en día todas se llevan a la práctica por un medico especialista.

“La anestesiología es la rama de la medicina que más avanzó en los últimos 20 años. La evolución tecnológica permitió la creación de mecanismos de monitoreo más sencillos que permiten tener niveles de alerta muy preococes y además son notorios los progresos en el conocimiento médico y las investigaciones farmacológicas”, explicó Campos. “Los márgenes de seguridad aumentaron muchísimo y sólo 1 caso cada 300.000 anestesias con complicaciones graves pueden derivar en la muerte”, añadió.

Los miedos

Más allá de que las estadísticas son totalmente favorables y, por lo tanto, deberían tranquilizar a los pacientes, el temor es un adjetivo calificativo compartido por muchísima gente al momento de recibir la anestesia.

“Tienen miedo a lo desconocido. Los pacientes que recibo en la evaluación y consulta preoperatoria suelen decir: `tengo temor a no despertar`, algunos se refieren puntualmente al temor de tener dolor, y otros directamente a morir”, expresó la doctora Carmen Gómez, anestesióloga de la Fundación Favaloro.

La incidencia de secuelas depende si es una cirugía electiva o de urgencia, de la edad, de las comorbilidades asociadas, y de la complejidad del procedimiento quirúrgico. En teoría, mediante le consulta preanestésica, los anestesiológos estratifican el riesgo preoperatorio informando a los pacientes sobre la o las prácticas que se le van a realizar.

“Esa familiaridad llamada relación médico-paciente nos permite intervenir con tranquilidad. Entonces el paciente (cuando está en la sala de operaciones) encuentra una cara conocida y deja fluir sus pensamientos. En mi caso les consulto con qué color de vino quiere que lo duerma, con qué quiere soñar o le pregunto lindos recuerdos de la infancia”, ejemplificó Gómez.

Pero en general ese contacto es mínimo ya que los pacientes con mejor suerte conocen  al anestesista 24 horas antes de la intervención  y en la mayoría de los casos minutos antes de la misma.

“Es cierto. No tenemos un trato directo. Esta es la causa por la cual muchos pacientes ni siquiera saben que el anestesiólogo es un médico. El ejercicio de la profesión nos ha llevado a que se pierda la relación médico-paciente. Se impone un ritmo de trabajo tan grande que hace que algunas cosas se pierdan”, aseveró Campos.

Ese ritmo de trabajo al que hace referencia Campos, muchas veces pone en riesgo a los anestesistas que deben atender urgencias, sin la posibilidad de conocer anticipadamente a los pacientes teniendo que tomar decisiones muy importantes en muy poco tiempo para resolver, situaciones por demás estresantes.

Mientras que la incidencia de estrés es remarcable en el 18% en la población general, y en la población médica se sitúa en el orden del 28%, en el caso de los anestesiólogos los índices trepan al 64% y hasta el 96%, según diversos autores.

“Los anestesistas (dentro de las especialidades médicas) tenemos el mayor índice de suicidios, enfermedades cardiacas y adicciones”, concluyó Campos”.

PUBLICADO EN REVISTA NOTICIAS

FOTO: FEMENINA-SALUD.COM

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