Bullying: el mundo de la violencia escolar

Siempre existieron las cargadas en la escuela, pero ahora, hay pequeños maltratadores que llegan a extremos, dentro y fuera de las aulas, y terminan enfermando a sus víctimas o en tragedia. Los adultos tenemos mucho para hacer y todo para poner el punto final.

Antes, cuando a un chico le hacian bromas por su aspecto físico en la escuela, la mamá le decía “te tomaron de punto”, le daba algunos consejos para defenderse y se terminaba el problema. Pero, ahora, las cargadas siguen fuera de las aulas a través del celular e internet y pueden terminar en muerte. Por eso, la mamá de Ariel (11) está muy preocupada porque su hijo llega llorando de la escuela y se queja de los muchos compañeros que lo tratan de “gordo salchicha” por su exceso de peso. Ahora, esto se llama bullying escolar.

El bullying es un comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica, con o sin agresión física hacia una víctima a la que se ataca por su aspecto físico, vestimenta, forma de hablar, origen o color de pelo, aunque también porque juega a cosas que ya pasaron de moda o es fanático de la astronomía.

“Hay una situación clara de abuso de poder, de desigualdad de fuerzas. El hostigado no logra defenderse. El hostigador tiene concientemente la intención de dañar. La frecuencia es variable: suele comenzar con una cargada ocasional y, si el hostigado reacciona, se repite”, explica la psicopedagoga María Zysman, coordinadora de talleres de prevención de bullying.

Las víctimas suelen presentar síntomas que alertan a los padres como cambios de humor, tristeza, aislamiento, pasar muchas horas en soledad, abandonar actividades, hablar poco o nada de qué hace en la escuela o haber empeorado su rendimiento escolar. Pero el más llamativo es el famoso “Sindrome del domingo a la tarde”, que se caractiza porque al chico le duele la panza o la cabeza el día antes de volver a la semana escolar.

Cuando este conflicto empieza a agravarse, la víctima suele aparecer con útiles o dinero que se le pierden, llegar con la ropa rasgada o con heridas , rasguños, moretones como consecuencia de sus enfrentamientos con el agresor.

Los números del problema

El 75% de los alumnos de las escuelas secundarias de la Argentina discrimina fue el alarmante resultado que arrojó un estudio realizado por los investigadores Ana Lía Kornblit y Dan Adaszko, del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, entre 4.971 alumnos, de entre 15 y 19 años, de establecimientos públicos de todo el país.

Por otro lado, una encuesta nacional realizada entre más de 6.000 alumnos, por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA), reveló que casi uno de cada cuatro estudiantes, de entre 12 y 15 años, y uno de cada tres, de entre 10 y 18, manifestó tenerle miedo a alguno de sus compañeros.

El 32% de los encuestados admitió haber sufrido a veces agresiones físicas y el 62%, ataques verbales. Por su parte, el 62% confió haber maltratado a veces a sus compañeros y el 6%, continuamente. Del mismo estudio, se desprendió que el 97% de los docentes manifestó que actualmente existen situaciones de violencia en las escuelas.

“Los chicos piden límites a gritos, hacerse ver, decir hasta acá llegamos. A cambio, reciben más internet o un celular. Mamá y papá parecen existir solamente para comprar lo útimo de la tecnología o la marca que está de moda”, define y preocupa Maria Amelia Escribal, docente desde hace 28 años en escuelas publicas.

¿Por que?

En líneas generales, no todos los chicos hostigados reaccionan de la misma manera ante la misma situación . Algunos no tienen la fuerza para hablar del tema con sus padres o docentes, una minoría expone el problema en el hogar y otra, devuelve las agresiones. Estas conductas están íntimamente relacionadas con la familia, la historia personal y los factores ambientales.

“Necesitamos trabajar juntos padres, docentes, terapeutas y medios de comunicación. Los adultos tenemos que recuperar nuestro rol y ser coherentes. Parece que dejamos de transmitirles a los chicos qué está bien y qué está mal. Dejamos de tener un lugar de autoridad (no autoritarismo) y hay que recuperarlo. Para enseñar la tolerancia, hay que ser tolerantes. Lo mismo ocurre con el respeto, la solidaridad o la generosidad”, reclama Zysman.

Este corrimiento de las responsabilidades hizo que la sangre llegara al río y ahora la violencia en la escuela ya no es contra el gordo o el petiso sino contra las chicas lindas o muy populares a las que suelen esperar y tomar a golpes a la salida de la escuela.

“Me da la sensación de que los chicos están muy desprotegidos y, así, muchas veces copian los ejemplos de otros menores o conductas que ven en los medios de comunicación. Hoy aprenden todo de internet y hasta bajan los videos de las peleas escolares y se mandan las fotos por celular”, dice alarmada Clara, mamá de dos chicos que cursan la primaria.

Para los especialistas, en las nuevas conductas y hábitos de los menores subyace el mecanismo del bullying: para ser alguien, hay que destruir al otro, si alguien tiene algo que yo deseo, tengo que arrebatárselo, con tal de ser famoso, vale cualquier estrategia.

Sin escape

La causa principal para que la violencia se ejerza dentro y fuera de la escuela está en los actuales formatos de comunicación. Permanentemente comunicados vía internet o celular , ellos terminan convirtiendo a la tecnología en una herramienta muy poderosa pero para fines altamente negativos.

“Los chicos pueden mantener el control sobre su víctima mediante mails, blogs, fotologs, mensajería instantánea y cada vez más instrumentos. No hay control. Se cambian las direcciones cuantas veces quieren y es muy difícil, para un chico con la autoestima por el piso y aislado del grupo, defenderse. Hoy, si un chico no chatea o no tiene celular, no pertenece”, fundamenta Zysman. Y agrega: “Así, el hostigador tiene el terreno fértil para agredir cuantas veces quiera y, por esto mismo, los fines de semana y hasta las vacaciones se vuelven un infierno para el chico hostigado. Cuanto más aburrido está el líder, más tiempo tendrá para agredir a su víctima”.

Como el mayor aliado del bullying es el silencio de la víctima y del hostigador, los especialistas coinciden en que los adultos deben recuperar la comunicación como el arma esencial para dar batalla en esta pelea desigual.

Link a nota revista Mía

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