El caso de una adolescente diabética que superó los miedos y salió a flote

Cuando le detectaron la enfermedad, Gisela comenzó el tratamiento, pero se bajoneó y abandonó el colegio. “Le tenía miedo a las secuelas que me podía dejar la diabetes como la insuficiencia renal y tuve temor con el tema de la maternidad porque pensaba que podía transmitirle la enfermedad al bebé”, confesó.

A los 15 años, a Gisela Carletti (31) le detectaron diabetes. En esos momentos se bajoneó mucho y tuvo que abandonar la escuela secundaria. Sin embargo, con el correr del tratamiento y el apoyo de su familia pudo finalizar el colegio y hoy en día convive de la mejor manera con la enfermedad. Esta es su historia.

Era un verano muy caluroso. Gisela se encontraba muy cansada, comía mucho, adelgazaba e iba muy seguido al baño porque tomaba mucho líquido. En ese momento le realizaron unos análisis y le descubrieron la enfermedad.

Los primeros pinchazos: los primeros miedos

Ella era adolescente y enseguida comenzó el tratamiento en el Hospital de Niños Ricardo Gutierrez. ”A los que nos agarra de más jóvenes vamos directo a la insulina”, expresó Gisela quien al principio recibía cuatro “pinchazos” al día.

Por aquellos días cursaba el cuarto año del secundario y se realizaba los controles de auto-monitoreo de glucosa en sangre antes de las comidas. En esos momentos se deprimió y no pudo comenzar a cursar el último año del colegio.

“Dejé el colegio porque me agarró un bajón. Era jodido a esa edad cumplir con todo el tratamiento. Tenía que hacer una dieta que no era muy elevada en hidratos, no podía comer cosas dulces y a esa edad era como que se me venía el mundo abajo”, recordó.

Gisela comentó que en su familia nadie padecía esa enfermedad por lo que la noticia resultó un cimbronazo para todos sus seres queridos. Sin embargo, siempre estuvieron presentes en las consultas,  apoyándola en todo momento al igual que sus compañeros, aunque a veces se sentía un poco asfixiada.

“Me cerraba mucho y mis amigos me estaban todo el tiempo encima para ver cómo estaba y qué necesitaba y llegó un momento en que no quería que nadie me controlara”, añadió.

“Le tenía miedo a las secuelas que me podía dejar la diabetes como la insuficiencia renal y tuve temor con el tema de la maternidad porque pensaba que podía transmitirle la enfermedad al bebé”, confesó.

Pasaron los días más difíciles

Con el paso del tiempo, Gisela comenzó a convivir con la enfermedad y en dos años y medio pudo terminar la escuela. Actualmente se atiende en el hospital Alvarez y, según comentó, tiene controlada la diabetes.

“Me estoy muy encima, me hago todos los controles y capaz que si tengo ganas de algo dulce me como un chocolate en vez de la fruta. No podés comerte todo y encima un dulce. Todo se puede negociar”, dijo entre risas.

Actualmente Gisla se aplica insulina dos veces al día: antes del desayuno y a la hora de acostarse a dormir y realiza caminatas tres veces por semana de más de media hora cada una. “No es tan grave como uno piensa. Al principio te querés agarrar la cabeza pero con control, constancia en el tratamiento, una dieta y actividad física sos más sano que una persona que no padece la enfermedad”, resumió.

PUBLICADO EN MINUTOUNO.COM

FOTO: VIVIRMEJOR.COM

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