Alerta: mujeres en estado de ansiedad

Según un estudio privado, en los últimos años las consultas sobre trastornos de ansiedad fueron realizadas por mayoría de mujeres (67%) contra un 33% de los hombres. Cómo rehabilitarse y la importancia de la familia.

En abril de 1997, Alicia (45) se encontraba caminando por la calle e inesperadamente comenzó a sentir que se mareaba. Al instante una sudoración muy fría recorrió su cuerpo y su corazón comenzó a galopar aceleradamente. A los dos meses le volvió a pasar algo similar, tuvo mucho miedo y cómo el susto fue mayor fue a revisarse de urgencia.

Sus síntomas eran taquicardia, mareos, transpiración, flojedad en las piernas, nudo en la garganta y la plena seguridad de estar a instantes de morirse. Sin embargo, tardó dos años en encontrar un especialista que acertó en su diagnóstico: tenía ataques de pánico, una de las tantas enfermedades de la familia de los trastornos de ansiedad que padecen más las mujeres que los hombres.

“En ese momento llegué a la conclusión que evitando ir a los lugares donde aquellos síntomas habían aparecido estos no se presentarían, ya que con el solo hecho de saber que tenía que afrontar algo, como una reunión de padres en el colegio de mis hijos, el temor a que esos síntomas aparecieran comenzaban a acechar”, recuerda Alicia. Y agrega: “Así fue que dejé de ir al supermercado, de realizar un trámite bancario, de viajar en un colectivo y se me presentó otro problema: ¿Cómo explicar a mi familia que no podía ir a pagar un impuesto, que no podía ir a un cine, que no llevaba a mis hijos al parque”?

 Entre los 20 y los 40

Entre los años 2000 y 2007 el 63% de las consultas de este tipo de enfermedades pertenecieron a mujeres y sólo el 37% a los hombres, según un estudio realizado por el Fobia Club (ONG dedicada a la orientación, investigación y ayuda solidaria de personas que sufren trastornos de ansiedad). Estas estadísticas coinciden con trabajos de campo que se realizaron en países europeos y en los Estados Unidos en el que por cada hombre hay dos o tres mujeres con estas dolencias.

Los especialistas coinciden en que las mujeres son las que más consultan sobre trastornos de la ansiedad y que muchas veces los hombres tienen que lidiar con cierto prejuicio machista que les impide confesar ciertos temores.

La edad de inicio de la enfermedad suele ser entre los 20 y los 40 años ya que a partir de esa edad la persona sale del amparo y de la situación de seguridad que le garantiza vivir con sus padres para salir a buscar un trabajo, una pareja, situaciones que hacen que muchas se sientan incapaces para resolver problemas.

El proceso del embarazo también puede remitir a algunos de los síntomas y el crecimiento de los hijos, los problemas en el colegio y las preocupaciones de la adolescencia también pueden alimentar la ansiedad generalizada.

Dentro de las enfermedades de trastornos de la ansiedad que más padecieron las mujeres en ese lapso –sobre un total de 3.750 consultas- sobresale el trastorno de pánico con agorafobia (29%). Lo siguen el trastorno de ansiedad social (26 %), trastorno por ansiedad generalizada (14%), depresión (11%) y trastorno obsesivo compulsivo (9%).

Durante 13 años, Sandra (40) padeció ataques de pánico con agorafobia, pero se enteró de su diagnóstico mucho tiempo después. La primera vez que sintió taquicardia, sudoración, dolor en el cuello y que se le nublaba la vista fue arriba del colectivo, pero comenzó a repetirse en otras circunstancias.

Entonces decidió ir a un cardiólogo, quien la derivó como un psicólogo porque suponía que tenía un estrés lógico porque hacia poco tiempo que se había casado. “Me daba vergüenza  decir lo que me pasaba porque yo tampoco sabía que era lo que tenía. Todo eso me afectó en mi vida: no podía ir a hacer compras ya que dependía siempre de mi marido, ni tampoco podía llevar a mi hija a ningún lado. La calidad de vida que tenía era horrible, espantosa”, recuerda.

La importancia de la familia

Es imprescindible que los familiares más cercanos puedan acompañar al paciente, conteniéndolo pero dejando que expresen sus miedos.

Para ello es muy importante acceder a un buen diagnóstico que comienza con el tratamiento psicológico (donde el especialista debe estar capacitado para quitarle ciertas creencias al paciente) y por otro lado una evaluación de indicadores médicos y biológicos y tratamiento farmacológico especifico.

Si no se tratan estos trastornos pueden sufrirse toda la vida, pero de lo contrario la rehabilitación puede durar entre tres y seis meses, aunque es importante no abandonar el seguimiento médico para no tener recaídas.

Por la cabeza de Sandra pasaban pensamientos “catastróficos” de que se iba a morir y que se estaba volviendo loca. Sin embargo, después de tantas consultas conoció a un psiquiatra que le hizo muchos estudios hasta confirmar que padecía ataques de pánico con agorafobia.

Desde ese momento pudo volver a enfrentarse con ese miedo que significaba subirse a un colectivo. “Al principio lo tomaba por una parada o por dos hasta que el cuerpo se acostumbraba a no tener síntomas. Cuanto más repetía esta secuencia, más empuje me daba para poder ir donde quisiera. Fue un placer muy grande porque me empecé a movilizar sola, pude llevar al cine a mi hija ya que antes lo hacía mi esposo y yo esperaba en un bar”, rememora.

Hace tres años que Sandra está recuperada y no teme a volver a pasar por la misma situación que tan mal la tuvo. “Creo que ahora estoy bien parada, me dieron las herramientas y las supe aprovechar. Sentí el respaldo de mi marido y de mi familia que me acompañaron y compartieron mis logros”, alega.

Por último, los especialistas recomiendan que los pacientes puedan compartir la enfermedad entre pares, reconocerse, ya que eso los fortalece y alivia mucho, fomentando la capacidad de estimularse mutuamente.

 Recomendaciones para la familia

Comprenda que se trata de un miedo irracional
-Transmita tranquilidad y confianza
-Escuche, incentive a quien está en crisis a relajarse (regularizando la respiración, por ejemplo)
-Ayúdelo a comprender que no se encuentra en peligro y que no se va a morir
-Déle libertad de acción (seguramente buscará cosas que lo tranquilicen y reduzcan la ansiedad)
-Evite que lo rodeen personas ansiosas
-Infórmese
-Descarte otra enfermedad orgánica con un chequeo
-Consulte a profesionales especializados en Trastornos de Ansiedad
– Acepte, acompañe y aliente el tratamiento indicado

 

PUBLICADO EN REVISTA MÍA

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