La capacidad para hacer del dolor un hecho positivo

Son numerosos y variados los ejemplos de resiliencia, la capacidad de transformar un sufrimiento profundo en iniciativas y hechos creativos. Qué cualidades la definen.

A los 19 años, Roberto Piccardi (49) debió postergar sus sueños de juventud para prestar servicio como soldado en la Guerra de Malvinas. Padeció frío, hambre y hasta fue herido en combate. Sin embargo, luego pudo encauzar su vida gracias a sus ganas y el apoyo de su familia.

“Empecé a trabajar en el PAMI e impulsé una ley de reconocimiento de la incapacidad del Veterano de Guerra. También fundé, junto a otros compañeros, un museo en el que mostramos nuestras condecoraciones, vestimentas y otros recuerdos a alumnos de escuelas primarias. Todo eso es muy gratificante”, cuenta.

La historia de Roberto es un ejemplo de cómo una persona puede sobreponerse a la adversidad y transformar todo su dolor en hechos positivos, saliendo fortalecido por esas experiencias.

En realidad, es un ejemplo de resiliencia, término que alude a la capacidad de afrontar momentos adversos superándolos de modo creativo y logrando aprendizajes a partir de las situaciones vividas.

“La resiliencia es un proceso que se constituye a lo largo del tiempo. Implica procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan tener una vida sana viviendo en un medio insano. El tipo de vínculos que establezcan los individuos, desde el nacimiento, facilitará u obstaculizará el desarrollo de dicho proceso. Las interacciones positivas, que brinden sostén y amparo, permitirán la constitución de personalidades resilientes”, explica la psicóloga Eleonora Novogrudsky, especializada en el trabajo con vínculos y violencia familiar.

No darse por vencido ante una dura enfermedad, ayudar a otros padres que también perdieron a sus hijos, salir adelante luego de sobrevivir a una guerra, o superar la muerte de un ser querido son algunas de las circunstancias de la vida en la que todos desarrollamos una personalidad resiliente.

La palabra resiliencia proviene del latín resilio que significa rebotar, volver atrás. “Se trata de un término que surge de la física y de la ingeniería de materiales, para simbolizar la elasticidad de un material,  propiedad que le permite absorber energía y deformarse, sin romperse cuando es presionado por otro objeto o fuerza exterior, y seguidamente recobrar su extensión o forma original una vez que cesa esa presión”, explica el doctor Guillermo Fernández Dadam, especialista en psiquiatría y adicciones, director médico del Instituto de Neuropsiquiatría,Adicciones y Psicología Positiva de Bs As (INAPBA).

Intercambio entre pares

Los grupos de autoayuda res son muy importantes cuando deben afrontarse los traumas de un sufrimiento profundo, porque permite compartir sin prejuicios sentimientos y temores.

“Juntos somos más en la medida en que yo me identifico con el otro que perdió del mismo modo que yo. Esa identificación tiene un efecto transformador y potenciador ”, detalla  Roberto Sivak, psiquiatra y presidente del Capítulo Estrés y Trauma de la Asociación Argentina de Salud Mental.

Radiografía de la resiliencia

La resiliencia es una fortaleza, que integra varios componentes.

Introspección: consiste en mirarse interiormente y preguntarse y darse una respuesta honesta.

Independencia: saber fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas; capacidad de mantener distancia emocional y física sin caer en el aislamiento. 

Capacidad de relacionarse: habilidad para establecer lazos íntimos y satisfactorios  con otras personas, para equilibrar la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros.

Iniciativa: capacidad para hacerse cargo de las dificultades y ejercer acciones positivas sobre ellas.

Humor: predisposición del espíritu a la alegría, encontrar lo cómico en la propia tragedia.

Creatividad: capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden.

Sus beneficios

Las personas resilientes logran disminuir la ansiedad y la depresión, tener mejores vínculos, ampliar su red vincular, y desdramatizar los hechos cotidianos, situación que posibilita una mejor percepción de la calidad de vida. Parte del capital de estas personas son el mayor coeficiente intelectual y las mejores habilidades de resolución de problemas, los buenos estilos de enfrentamiento, la autoestima alta, los sentimientos de esperanza, y la autonomía e independencia. También, la empatía, el conocimiento y manejo adecuado de las relaciones interpersonales y, fundamental, el sentido del humor positivo.

PUBLICADO EN BUENA VIDA (CLARÍN)

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