Ocho de cada diez argentinos son felices

Según un estudio realizado entre más de 1.000 personas en 26 localidades de todo el país. La familia, los amigos y la relación de pareja son los aspectos de la vida que más los satisfacen.

Ocho de cada 10 argentinos manifiestan que son felices, según un estudio realizado por la Universidad de Palermo y TNS-Gallup. El trabajo, llevado a cabo mediante entrevistas personales domiciliarias en 26 localidades de todo el país a poco más de 1000 individuos mayores de 18 años, tenía el objetivo de abordar cómo se perciben las personas a sí mismas en términos de felicidad, conocer cómo definen las personas a la felicidad con sus propias palabras y analizar cuáles son las razones por las que las personas se definen felices o infelices.

“Las personas tienden a definirse como felices y sólo un número reducido de encuestados expresa que es infeliz. Esto revela una dimensión muy importante en las actitudes humanas, y es que las personas se posicionan frente a la vida mediante una actitud positiva. El nivel de felicidad de los argentinos se mantiene estable a lo largo de los años, lo que muestra que ésta es una percepción duradera y que no fluctúa en la coyuntura”, comenta Gabriel Foglia, Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo.

¿Qué es la felicidad?

La licenciada Carmen Crespo, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA), sostiene que es muy difícil brindar una definición de felicidad, ya que se trata de un estado de ánimo subjetivo, que no es sencillo traducir en palabras porque suele tener distintos significados para diferentes personas y aún para una misma persona en diferentes momentos de la vida.

“La felicidad puede ser pensada como un estado mental de equilibrio y armonía interna entre los distintos aspectos de la personalidad, así como en la relación del sujeto con el mundo externo y con las otras personas significativas del entorno. La tolerancia a la frustración, la capacidad de procesar sin negar el dolor y los duelos, la capacidad de disfrutar de lo logrado, la integración de los diferentes partes de uno mismo, inciden en la posibilidad de sentirse básicamente feliz”, explica Crespo.

La doctora Mónica Cruppi, sostiene que la felicidad se trata de un estado de bienestar, de plenitud, que varía de individuo en individuo, donde se valora la vida como algo positivo y digno de ser vivido.

“Hay que distinguir entre felicidad y alegría. La felicidad es un estado transitorio, y la alegría es una emoción fugaz, uno no está alegre todo el tiempo. La felicidad supone una satisfacción, es aquel que se siente a gusto, contento y complacido con su vida. Un sentimiento subjetivo y relativo”, aclara Cruppi, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

La felicidad en las diferentes etapas de la vida

La felicidad no es un concepto estático y los fundamentos que van propiciando ese estado en el ser humano van cambiando a lo largo de la vida. Muchas veces se idealiza a la infancia como una etapa feliz en la vida de la mayoría de las personas. Sin embargo, no siempre eso sucede ya que los chicos deben atravesar por momentos de crisis y angustia que no pueden procesar. El origen del término adolescencia (adolecer) está referido a todos los cambios que repercuten en los jóvenes y a los momentos (la escuela secundaria, la relación con sus padres, la primeras relaciones sentimentales) que deben enfrentar en esta etapa tan trascendente de sus vidas.

“Los niños son felices adquiriendo habilidades y conocimientos que los inserten en el mundo. Los adolescentes, con la inserción social, el desarrollo de vínculos y el afianzamiento de su identidad. En la adultez se valora el crecimiento profesional y el establecimiento de una familia. En la vejez, cuando poco hay por perder, el miedo es menor y se disfruta con más sabiduría de la cosecha y  de la salud. Pero en cualquier etapa, el amar y ser amado constituye un pilar de la sensación de felicidad”, puntualiza Harry Campos Cervera, Médico psiquiatra yPsicoanalista.

“En la edad media de la vida y en la vejez, pese a las dificultades de vivir es posible ser felices. La condición es que la edad cronológica esté acompañada de un desarrollo emocional y de integración de distintos aspectos de la personalidad que se traduzcan en el cumplimiento de logros afectivos, laborales y sociales. Así se puede alcanzar a veces esos estados de bienestar que constituyen una búsqueda permanente de las mujeres y los hombres en todos los tiempos y que llamamos felicidad”, dice Crespo.

Diferencias de género

El estudio también arrojó que entre las cosas que lo harían sentirse más feliz aparecen luego, la vida familiar y los hijos (con el 14%), tener mejor salud (11%) y, con indicadores menores al 10%: estar tranquilo, viajar, estudiar, divertirse, hacer algo por la sociedad, buscar refugio en la religión y tener una pareja.

“Seguramente es lógico hacer depender la construcción de una familia de la posibilidad de sostenerla y darles un nivel de vida digno. Cuando la salud se tiene es menos frecuente priorizarla que cuando se pierde o se ve amenazada, y el resto de los aspectos no son lo prioritario sino que pueden alcanzarse si primero alguien tiene resuelta su situación económica, su vida familiar y goza de buena salud, entonces puede darse el lujo de aspirar a la tranquilidad, los viajes, el estudio y la diversión o que le quede resto para pensar en los demás. Es curioso que la familia aparezca en primer lugar y la pareja en menos del 10%”, analiza la licenciada Lila Isacovich, Directora Asistencial y de Formación Profesional de la Fundación Buenos Aires.

Del trabajo de la Universidad de Palermo y TNS-Gallup se desprende que los hombres están más satisfechos con su relación de pareja(86%vs. 80% en las mujeres), mientras que las mujeres manifiestan más que los hombres su satisfacción con su situación económica(65% vs. 61%).

“Además de la dependencia respecto a cultura o creencias, los valores que erigen la felicidad también tienen la impronta del género. Las mujeres priorizan logros en el ámbito de la familia y la maternidad y los hombres, el éxito como proveedor. Digamos de paso que estos rasgos también mutan con los cambios que va imprimiendo la progresiva diversidad en la significación de la sexualidad”, dice Campos Cervera.

“La premisa de que la felicidad para las mujeres está básicamente en relación con su bienestar  afectivo y de que la felicidad de los hombres depende fundamentalmente de sus logros laborales o económicos resulta de un prejuicio que no contempla los cambios culturales y sociales de las últimas  décadas. Actualmente tanto para la mujer como para el hombre la felicidad implica un equilibrio de las metas y logros familiares, laborales y sociales; equilibrio que puede ser distinto según la personalidad y momentos de la vida en cada uno”, opina Crespo.

El estudio también marcó que, al analizar por edad, se advierte que la satisfacción con todos los aspectos relevados es mayor en los entrevistados menores a 35 años, y que los niveles de satisfacción tienden a disminuir a medida que aumenta la edad. ¿Por qué se da este fenómeno? “Si bien hay que  ver cada singularidad, en líneas generales los de mayor edad están un poco más forjados, con un poco de experiencia, ya con familia. Suele pasar que la lucha por la vida  y por cumplir sus sueños, se les complica,  y esto trae problemas con los vínculos y sufrimiento”, responde Cruppi.

¿Qué hacer para ser feliz?

 La Cruppi sostiene que rodearse de un ambiente suficientemente bueno, retirar aquellas acciones o hábitos que impiden ser feliz,  deshacerse de las mochilas pesadas que a veces las personas llevan, darse tiempo para uno mismo y tratar de comprender las situaciones son algunas de las claves para alcanzar la felicidad.

“También es importante perdonar ausencias, rechazos, trabajar la autoestima, expresar los afectos, aprender a decir que no y dedicar tiempo a la vida social”, recomienda Cruppi.

Otros consejos:

-Abrirse al bienestar y a la alegría

-Retirar lo que impide ser feliz: personas toxicas, hábitos, situaciones.

-Tratar de vivir  en el presente, no en el pasado ni proyectarse al futuro.

-Tener en cuenta que buscar obsesivamente la felicidad trae angustia.

-Dedicarse tiempo para uno  mismo.

-Poder comprender y  perdonar ofensas y rechazos.

-Tratar de disolver los resentimientos.

-Tener proyectos.

-Aprender a ayudar a otros.

-Tener tolerancia a la frustración

-Cuidarse y no producirse daños.

PUBLICADA EN CLARIN.COM

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