“El eyaculador precoz no puede buscar variantes en el juego sexual que desaceleren su excitación”

El doctor Adrián Sapetti, Médico especialista en psiquiatría y Sexólogo clínico, sostiene que el rasgo sobresaliente de este padecimiento es que no se puede lograr un control voluntario sobre la eyaculación, sin  importar el tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la penetración.

 

-¿Qué es la eyaculación precoz?

 La eyaculación precoz es una disfunción sexual, padecida por un 15 a 20% de la población masculina, que consiste básicamente en una dificultad o imposibilidad para ejercer un razonable control sobre el reflejo eyaculatorio. Puede aquejar tanto a los jóvenes como a los adultos, darse con una mujer y con otras no, ser algo situacional que aparezca en una determinada edad -ya que conflictos dentro o fuera de la pareja pueden alterar el control eyaculatorio- o coexistir desde los inicios sexuales.

-¿En qué casos se habla de este problema?

Se ha tratado de definir al eyaculador precoz por el número de bombeos que realiza luego de penetrar, o por el tiempo que tarda en eyacular, o bien tomando el parámetro de que llega al orgasmo antes que su mujer en un porcentaje determinado de relaciones. Según mi criterio el rasgo sobresaliente es que no se logra un control voluntario sobre la eyaculación, no importa el tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la penetración: cuando se excita llega rápidamente al orgasmo sin poder demorarlo ni interrumpirlo, y no es porque se excita mucho sino porque se acelera demasiado. Digo esto porque hay hombres que terminan en los juegos previos, apenas intentan penetrar o con sólo sentir que le tocan el pene. La pregunta sería si es posible ejercer un control racional sobre la sensación orgásmica una vez que se haya desencadenado y la respuesta es que, en la llamada fase de inevitabilidad eyaculatoria, esto no será posible. Y me refiero a un manejo de los tiempos, a poder detenerse cuando se está en los umbrales. La mayoría de la gente piensa que este control puede ejercerse mentalmente, por una orden del cerebro, pero ello no es viable. Podría tramarse una analogía con los reflejos: si yo me clavo una aguja en cualquier parte del cuerpo no podré impedir el dolor; la única manera de evitarlo sería alejar mi cuerpo de la aguja. El eyaculador precoz no puede -o no sabe- detenerse a tiempo por propia decisión, ni reducir el ritmo de bombeos o buscar variantes en el juego sexual que desaceleren su excitación.

-¿Cuáles son las causas de este inconveniente?

Es común que me pregunten si la eyaculación precoz tiene relación con la esterilidad o con la disfunción erectiva. La respuesta es no respecto a lo primero pero puede ser una de las causas secundarias de impotencia. La suma de fracasos puede llevar a un individuo a eludir el acto sexual y una manifestación puede ser la disfunción eréctil o una disminución del deseo como formas de evitar la escena temida.

También a veces preguntan si hay causas orgánicas en su génesis: prácticamente son inexistentes. Podría observarse en algunos casos donde hubiese una alteración neurológica o prostática, pero esto ocurre en un mínimo porcentaje.

En la mayoría es una mezcla de ansiedad mal canalizada, un deficiente aprendizaje o situaciones de conflicto con su pareja. Cuando hablamos de mal aprendizaje nos referimos a que ese individuo no aprendió cómo demorar la eyaculación.

-¿Qué importancia tiene la pareja en este tema?

Hay un tipo de mujer que comprende el problema del compañero, no complicará la situación haciéndolo sentir obligado a cumplir y, en el mejor de los casos, se ofrecerá a acompañarlo a consultar con un especialista. Pero también existen las mujeres que ponen a sus parejas entre la espada y la pared diciéndoles que no pueden terminar si no es a través de la penetración, lo cual es demoledor para un varón con las limitaciones de un eyaculador precoz o con dificultades erectivas.

Hay otros cuadros donde la combinación de una eyaculación ultraprecoz y un vaginismo (disfunción femenina que se caracteriza por un cierre involuntario de la vagina, cuando se intenta penetrar) configura una perfecta asociación para un matrimonio (o pareja) no consumado. Observamos mujeres que fueron señaladas por los mismos varones como las culpables de todo por ser lentas y creyeron a pie juntillas estos dictámenes machistas y patriarcales cuando, en realidad, ellos eran muy “rápidos”. Pero hoy ocurre que estas mujeres han aprendido, escuchado, hecho cursos, fueron a la universidad o tuvieron otras experiencias sexuales y se rebelan contra estas falsas acusaciones. No me canso de decir que las disfunciones sexuales en una pareja siempre hay que abordarlas como algo de a dos y nunca como: aquí está el culpable y enfrente la pobre víctima inocente.

-¿Cómo se puede tratar? ¿Tratamientos, terapia individual o de pareja?

En ciertos casos es necesario explicarles que si no pueden controlar su ansiedad e impaciencia en el consultorio (algo así como el “cúreme rápido, doctor”) tampoco podrán hacerlo en el lecho. En otros casos, especialmente en ciertas personalidades fóbicas con intensa sensación de angustia o temor, es necesario recetarles medicación antifóbica o ansiolítica, generalmente mientras dure el tratamiento. Hay médicos que utilizan indiscriminadamente diversos antidepresivos y sedantes, sin saber que, con ciertas dosis y en ciertos pacientes, pueden inhibir el deseo, agravar o generar cuadros de impotencia, problemas prostáticos y urinarios, glaucoma, insomnio y sedación intensa, mareos o ansiedad. No digo que no se puedan usar y, de hecho, se prescriben en ciertos y precisos casos, pero es recomendable que los indique alguien que conozca lo suficiente de psicofármacos para no acarrear más problemas al paciente.

Algo que particularmente se debería desaconsejar al eyaculador precoz es la utilización del coitus interruptus, de por sí un pésimo método de control anticonceptivo, ya que se basa en percibir las sensaciones previas al orgasmo y retirar el pene para eyacular fuera de la vagina. Como los individuos que lo padecen no tienen un control claro y voluntario de estas señales, la aplicación del coitus interruptus tiene resultados desastrosos: hay peligro de embarazo no deseado y además le aumenta la ansiedad por tener que estar pendiente de la situación en lugar de gozarla.

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