Tanorexia, la adicción a tomar sol

Es una enfermedad que se caracteriza por el deseo compulsivo que manifiestan por el bronceado de la piel durante todo el año, ya sea tomando sol  al aire libre,  o en forma artificial, en cabinas de radiación ultravioleta comúnmente llamadas camas solares.

Desde mediados de septiembre pasado no hay un sólo día que Mariela (27) pase sin tomar sol. Cuenta que los primeros dos meses –por la mañana- estuvo entre tres y cuatro horas del día en la terraza del departamento antes de ir a trabajar. Hace unas semanas fue despedida de su empleo y sus padres están muy preocupados porque pasa la mayor parte del día expuesta a los rayos solares sin la protección adecuada.

Así como existe la adicción al trabajo, al sexo, a las tecnologías o las compras compulsivas, entre otras, los dermatólogos vienen advirtiendo en los últimos años sobre el incremento de personas con síntomas de tanorexia, una enfermedad que se caracteriza por el deseo compulsivo que manifiestan por el bronceado de la piel durante todo el año, ya sea tomando sol  al aire libre,  o en forma artificial, en cabinas de radiación ultravioleta comúnmente llamadas camas solares.

Esta enfermedad, que aparece cuando existe una actitud obsesiva en la  búsqueda  del bronceado sin ninguna precaución y a pesar de conocer los riesgos, se presenta más que nada en la población femenina, sobre todo en mujeres jóvenes de entre 25 y 35 años y en menor número también la padecen hombres y personas adultas. Se la considera un trastorno dismórfico corporal,  que en algunos casos incluye a otros cuadros como la anorexia o la vigorexia.

“Las personas que sufren de tanorexia presentan una distorsión de la realidad, considerando su tono de piel muy inferior al real, lo que los lleva a una sobre-exposición a los rayos ultravioletas, con los riesgos que la misma implica desde el envejecimiento prematuro de la piel hasta en algunos casos el cáncer cutáneo”, explica Alejandra Crespo, médica especialista en dermatología y miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología. “Quienes la padecen nunca se conforman con el color bronceado obtenido, lo que produce en ellas un estado de frustración permanente. Sienten rechazo a su color de piel natural, considerándolo sinónimo de enfermedad”, agrega.

Ansiedad excesiva por no perder el tono ganado, competencia entre compañeros para conseguir el mejor bronceado, frustración crónica sobre el color de la piel, pérdida de apetito provocada por la sensación de falta de horas al sol y la compulsión de sostener y aumentar el bronceado son los principales síntomas de quienes padecen esta enfermedad.

Como recién ingresa a trabajar a las 16, todos los días Anabella (30) se junta con su sobrina en el Parque Centenario para caminar y especialmente broncearse juntas, sin importar que al mediodía es uno de los peores momentos para estar expuestos de esta forma.

“Me encanta tomar sol, desde que tenía 20 años que todos los días hago lo mismo. No me gusta para nada estar blanca, me pongo muy nerviosa si tengo que conocer gente y la mejor forma de tapar mis defectos es estando más quemada”, confiesa.

Para evitar este tipo de adicción, los especialistas aconsejan inculcar desde la infancia hábitos saludables, con medidas de fotoprotección adecuadas para cada persona. También sostienen que es muy importante modificar el paradigma estético de bronceado saludable, informando y educando a la población sobre los riesgos que conlleva una sobre exposición a la radiación ultravioleta sin los recaudos correspondientes. Ante la conducta obsesiva del paciente, lo más recomendable es recurrir a un especialista que, por lo general, suele ser un psicólogo.

Los excesos del sol y el cáncer de piel

Más allá de la adicción en si, el hecho de tomar sol en los horarios más comprometidos (de 10 a 16) y sin protección solar a la larga puede desarrollar en estas personas cáncer de piel ya que, según explican los especialistas, los daños del sol son acumulativos y progresivos a lo largo de toda la vida.

El daño de la piel por el sol se denomina fotodaño, es acumulativo,
siendo los años más vulnerables las primeras décadas de la vida. Por
ello, no es recomendable esperar hasta ser adultos para empezar a
cuidarse.

“El ADN celular se va dañando con el sol progresivamente. El organismo
tiene un sistema natural (sistema inmune) para reparar ese daño. Pero
a veces con tanto sol falla y ahí es donde se origina el cáncer, se
necesita que se repita durante mucho tiempo la exposición al sol hasta
que este sistema de control falla. Por eso decimos que en la piel el
daño del sol es acumulativo. Cuando la piel adquiere un tono bronceado se debe al daño celular, la piel se oscurece para protegerse, si se incide en esto es probable adquirir cáncer de piel. De hecho, con cada exposición al sol se
incrementa un 10% esta posibilidad”, explica la dermatóloga Graciela Migliavacca de la Clínica del Dr. Hogstra.

Todos los años la Sociedad Argentina de Dermatología realiza la campaña de prevención del cáncer de piel donde se evalúan los nuevos comportamientos de los pacientes y se elaboran estadísticas que se actualizan año tras año.

“Los efectos nocivos de la radiación solar pueden presentarse como arrugas, sequedad de piel, manchas y cáncer de piel. La relación es directamente proporcional entre la exposición inadecuada y el cáncer de piel. Sin embargo, en los últimos años se ha fomentado la concientización de la exposición solar adecuada, mediante la prensa, campañas educativas en escuelas y hospitales, cuya intención es dar a conocer los beneficios y peligros de las radiaciones, haciendo hincapié en el correcto uso del protector solar”, sostiene Mónica Maiolino, Médica dermatóloga y Miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología.

Es por eso que los dermatólogos recomiendan a todas las personas que cuiden su piel del sol, tratando de no exponerse indebidamente, pero fundamentalmente haciendo hincapié en los niños y en aquellas personas de piel y ojos claros (las que ante la exposición solar se queman y no se broncean) y aquellas que tienen historia personal o familiar de cáncer de piel.

“Es recomendable evitar el sol del mediodía (entre las 10 y las 16 hs) cuando los rayos ultravioletas son más intensos y aplicar en nuestra piel expuesta un protector solar de amplio espectro (tanto para UVB como para UVA), renovando la misma aproximadamente cada dos horas. Podemos usar sombreros, ropas claras y anteojos de sol protectores. Desconfiemos de los días nublados, ya que las nubes permiten el paso de hasta un 85% de radiación ultravioleta. Y no olvidar que algunos medicamentos pueden producir erupciones o quemaduras con la exposición solar”, concluye Crespo.

1 0 CONSEJOS PARA COMBATIR AL SOL

1.    Utilizar diariamente un buen fotoprotector, con protección para
ambos rayos ultravioleta (UVa y UVb) que emite el sol, ya que estos
son los responsables de sus efectos nocivos, y son de los que nos
debemos proteger siempre, no sólo en la playa.

2. Deberá ser foto estable, es decir durar no menos de tres horas,
resistente al agua, a la sudoración y ser hipoalergénicos.

3. Los fotoprotectores deben aplicarse apropiadamente media hora
antes de exponerse al sol, en cantidad suficiente y volver a aplicarlo cada tres o cuatro horas.

4- Evitar tomar sol entre las 10 y las 16 (los rayos UV son más fuertes).

5- Secarse con toalla cada vez que se bañe en lugar de secarse al sol, ya que las
gotas de agua aumentan el impacto del reflejo solar y por lo tanto
aumenta el riesgo de las quemaduras.

6- Protegerse contra el sol, aún cuando sea un día nublado. Las nubes
permiten que el 90% de los rayos UV las atraviesen.

7- Proteja a los niños desde temprana edad aplicándoles un protector
de preferencia alto (cada dos horas).

8- No exponga a los niños menores de tres años al sol sin la adecuada
fotoprotección.

9- Utilice camiseta, sombrero de ala ancha, y lentes de sol, sombrillas etc

10. Revise la fecha de vencimiento antes de aplicar el protector.

PUBLICADO EN REVISTA MÍA

FOTO: pensamientossinsentido.blogspot.com

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