El peligro de caer en manos de un manipulador

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Se apropian de la voluntad del otro, lo inducen a tomar decisiones que pueden ir contra sus intereses o creencias. Los manipuladores abusan de su atracción y crean un vínculo enfermizo. Cómo detectarlos y deshacer el “hechizo”.

Un manipulador es una persona que, con tal de lograr sus objetivos, implementa cualquier medio sin importarle el deseo ajeno, ya que en lugar de considerar a las otras personas como sujetos plenos, con derechos y deseos propios, los perciben como meros objetos, utilizables y descartables.

La personalidad manipuladora hace de este mecanismo su forma de funcionar en general, no tiene sentimientos de culpa. “Son personas que ejercen dominio sobre otras, induciéndolas a tomar decisiones o asumir comportamientos que pueden, incluso, ir en contra de sus propias creencias. Se apropian de la voluntad del otro para dominarlo en beneficio propio. La manipulación es siempre una agresión hostil, es un ejercicio solapado, tortuoso, arbitrario y abusivo del poder”,  explica Gloria Husmann, psicóloga, coautora junto con Graciela Chiale del libro “La trampa de los manipuladores”.

Los manipuladores suelen ser muy habilidosos para la comunicación verbal, ya que ésta es su principal arma para convencer a quien desean manipular. Pueden ser seductores, convincentes, ocurrentes e inteligentes y, por lo general, saben “leer” las necesidades por las que el otro atraviesa y utilizar esa información para sus propios fines. Son bastante centrados en ellos mismos, suelen tener buena llegada a los otros, son simpáticos y astutos.

“Son personas ‘encantadoras’, ‘entradoras’. Estas características les son de suma utilidad para estudiar a la víctima. Como no tienen demasiadas convicciones éticas y sí tienen muy claros sus objetivos, no vacilan en acomodarse a la situación para tener más afinidades y usar la más poderosas de las armas que los caracteriza que es la seducción. Lo hacen con gran talento, quedando las víctimas fascinadas por la ‘suerte’ que tuvieron de conocer a alguien tan fantástico. Y ese es el momento en que comienzan a tejer su telaraña, donde van atrapando y ejerciendo la influencia para lograr sus intereses. Y no es fácil decirle no a un manipulador”, sostiene la licenciada Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Los manipuladores también logran que los demás pierdan su tiempo hablando de ellos y hasta provocan que una persona dude de sí misma. No resulta extraño encontrarse con personas con estas características en la vida cotidiana, la familia, el trabajo, en una relación de pareja o de amistad y en las redes sociales, entre otros sitios.

“Hay quienes manipulan con los afectos, otros con los intereses de las personas. Usan para beneficio propio la demanda del otro. Así, una persona que ama demasiado a otra es fácilmente manipulable por el ser amado, una persona necesitada de estima será fácilmente manipulable por alguien que le de un valor personal, a cambio, a veces de cosas que no quisiera. Una persona con necesidades económicas es fácilmente influenciada por alguien que le prometa lo que no tiene, y muchas veces a un costo superior a su necesidad”, ejemplifica la licenciada Cristina Benchetrit de Espacio Olazábal.

La responsabilidad de las víctimas 

En su libro “Vidas sometidas”, Husmann, junto Chiale, utiliza el término de “corresponsabilidad”, expresando que si bien el manipulador actúa como un “depredador”, existe un depredador interno que lo habilita. Según explica, el manipulador posee una intuición especial para detectar cuál es el punto vulnerable de su víctima potencial, qué es lo que necesita y qué la seduce.

“Generalmente las personas que tienen baja su autoestima son vulnerables a ser manipuladas porque están esperando un rescatador. Existe una característica común entre ambos (manipulado y manipulador) que concuerda en la estructura de base de sus personalidades: la inseguridad. Y la inseguridad tiene estrecha relación con la baja autoestima de ambos. Sólo que en cada uno, la inseguridad de base adoptó diferentes caminos de resolución”, puntualiza Husmann.

“La víctima tiene una gran responsabilidad, ya que deja que el otro manipule. En general, los manipulados suelen ser personas que tienen dificultad para poner límites. También la víctima encuentra en el manipulador a una persona que lo dirige, lo protege, decide por él, lo cuida, le da valor y todo esto a veces es tan seductor que preferimos venderle el alma al diablo”, agrega Benchetrit.

Sin embargo, para la licenciada Adriana Martínez, psicoanalista y Coordinadora Asistencial de la Fundación Buenos Aires, alguien que manipula como modo de relacionarse no ingresa en la vida de cualquiera y necesariamente debe existir un espacio psíquico y emocional para que esta relación suceda. “La responsabilidad no es lo mismo que la culpa. El que cae en la trampa puede darse cuenta siempre a posteriori del daño sufrido, y preguntarse qué lo llevó a elegir vincularse con alguien que lo ha manipulado. Se es responsable de la repetición, cosa que es frecuente que ocurra, que aquél que sufre no pueda ponerle término a una relación en la que otro es abusivo o manipulador. Pero de ningún modo se puede hablar de una igualdad de posiciones, no hay simetría en la responsabilidad de los integrantes de esta dupla”, afirma Martínez.

Las personas afectadas por la manipulación pierden la capacidad de hacer uso pleno del ejercicio racional. Quedan inhabilitados para reflexionar, resolver o elegir el curso de acción que más les conviene. Las consecuencias suelen ser decepción, desasosiego, culpa, resentimiento contra sí mismos, duros autorreproches. Según la importancia y la duración del vínculo con un manipulador, variarán el tiempo y el trabajo de elaboración de estos sentimientos que sobrevienen al confrontar con la mentira y la manipulación, para que la persona damnificada se sobreponga.

Cómo deshacer la trampa

¿Cómo evitar a los manipuladores y salir de ese ambiente tóxico? Si bien, no siempre es fácil identificar a un manipulador, es importante estar alerta y observar indicios que pueden ir dejando estas personas. Es por eso que Husmann propone una serie de tácticas a tener en cuenta.

– No justificarse ya que el manipulador tratará por todos los medios de lograrlo para ejercer su dominio o para demostrar su superioridad.

– Ser sintético en la comunicación: siempre es conveniente usar frases cortas para beneficiarse con menor exposición a las críticas, dado que “todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra”.

– Utilizar el modo impersonal permite ampararse en el anonimato, del mismo modo que ocurre con las generalidades.

– Dé por terminada una conversación difícil cuando no conduce a ningún acuerdo, o a una conversación violenta o que podría derivar en una discusión.

– Aprenda a decir NO de manera cordial y ofreciendo una sonrisa al final de la negativa.

– No se deje extorsionar; es necesario hacer caso omiso cuando el manipulador intente dañar con comentarios insidiosos.

– Evite responder a una agresión con otra agresión: hay que tener en cuenta que ante una provocación, el mayor triunfo del manipulado es no dejarse llevar al terreno de la violencia porque el manipulador es un experto en ese ámbito. Y siempre es recomendable mantener la calma ante un ataque.

 

PUBLICADO EN CLARIN.COM

 

 

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