“El síndrome del nido vacío marca un hito en la relación de pareja”

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Lila Isacovich, coordinadora institucional de la Fundación Buenos Aires, se refiere a una problemática muy actual que refleja el hecho de que muchas personas se sienten solas aún estando en pareja. “Por supuesto que el sentirse sólo de ninguna manera es privativo de las parejas mayores. En las más recientes frecuentemente existe la incomunicación, el malestar y la insatisfacción con el vínculo”, dice.

¿Cuáles suelen ser los sentimientos de las personas que se sienten solos estando en pareja?

Como suele decirse, “los años no vienen solos”, y con esta expresión la gente se refiere a los “achaques” de la “edad madura”. El paso del tiempo y el envejecimiento traen aparejados sentimientos antes desconocidos relativos a los cambios corporales y de las funciones cognitivas. Los signos por todos conocidos: además de los visibles en la imagen, otros que quizá no se perciben a simple vista pero se sienten: menos energía, enlentecimiento, más cansancio, por ejemplo, y a veces fallos en la memoria, típicos de la edad en que ya no se habla de corrido.

Estos cambios individuales no pueden sino manifestarse en la vida de relación y en la de pareja por supuesto también. Suele ocurrir cierto ensimismamiento, que puede deberse a distintas y a veces opuestas razones.

Alguien que se repliega en sí mismo puede encontrarse muy a gusto en sus propios intereses y no estar dispuesto a perder el tiempo en distracciones con las que antes se entretenía, pero no por eso aislarse ni mucho menos.

Esto es muy frecuente en quienes ya han realizado una experiencia de vida, que saben que el tiempo es oro y que pasa muy rápido, y no están dispuestos a perderlo en lo que no tiene valor para ellos. Lo que en realidad ocurre es que están muy compenetrados en el asunto que están llevando adelante sin demasiadas concesiones hacia el resto. Y a veces se combina con una característica que comúnmente se interpreta como una acentuación de rasgos obsesivos, o rigidez del carácter.

Como si esas facetas de la personalidad se exacerbaran (resultan más irritables, más “mañosos” o estructurados), se vuelven más apegados a una rutina; pero lo que se esconde detrás, es que ese esquema de vida les resulta más útil y placentero, porque ya saben qué les gusta y qué no, qué quieren y qué no quieren; algo que cuando se es más joven aun está por verse. Esa es una de las razones por las que parecen recluirse en sus propias cosas y no darle demasiada cabida a los otros en general, y a su pareja en particular. También puede ser cierto que se encuentren más abrumados por las exigencias de la vida laboral o la angustia por la cercanía de la terminación de la etapa productiva.

Otros, en cambio, pueden haber perdido el interés en el contacto con los otros, y reflejar en este aislamiento alguna desazón, desilusión o incluso un estado depresivo que, desde ya, impacta en la pareja, como cualquier otra situación personal. Se vuelven más agrios, menos entusiastas y más pesimistas, y es obvio que nadie quiera compartir semejante estado anímico.

-¿Cuáles son las causas o razones de estos sentimientos? 

Una pareja joven tiene por delante, habitualmente, un proyecto de vida en común que requiere de ambos una fuerte alianza: la familia, los hijos. Cuando ese proyecto, -si todo marchó bien- ya se ha consumado, y si no se trazan nuevos objetivos, la perspectiva queda hacia atrás, lo cual no es muy estimulante.

Entonces resta aferrarse a lo construido y, por qué no, disfrutarlo (los nietos, la posición económica y social lograda, e inclusive la posibilidad de tener más tiempo para el ocio) o sentir que ya no hay algo en común que mantenga unida a la pareja, que perdió su sentido de ser.

¿Sólo ocurre en matrimonios de más de 20 años? ¿Por qué?

Por supuesto que el sentirse solo de ninguna manera es privativo de las parejas mayores. En las más recientes frecuentemente existe la incomunicación, el malestar y la insatisfacción con el vínculo. Pero normalmente no lo adjudicamos a un decaimiento de la libido, ya que se supone que la juventud está rebosante de energía sexual.

Lo que los analistas entendemos por libido (energía sexual) sobrepasa los límites estrictamente sexuales, ya que es la responsable de nuestro deseo en general, del cual dependen nuestros intereses y aspiraciones.  Es un lugar tan común la incompatibilidad del matrimonio con la pasión, que esta convicción merece un capítulo aparte.

Pareciera ser una obviedad que un matrimonio de larga data no sigue ejerciendo el sexo, en términos absolutos, o casi. Y quizá ese mito radique tanto en la veracidad del hecho, como en un factor más preocupante: la suposición de que una pareja que no ejerce el sexo, no es tal, o no tiene más sentido. Está tan arraigada la idea de que el sexo mantiene viva la llama del amor, que cuando la excitación se apaga, ya no queda prácticamente nada.

Esta exigencia atenta contra el amor mismo, en el sentido estricto de lo que entendemos por amor: lo que tiende a unir. ¿Una pareja que ya no comparte el sexo son solo buenos amigos? ¿Y en todo caso, después de 20, 30 o 40 años de relación, es poco decir que dos almas se amen, digamos, platónicamente? Está tan sobrevaluado el sexo, que hasta parece significar más que el amor. Aún cuando hubieran tenido durante tantos años una vida sexual plenamente satisfactoria, se sienten devaluados a la hora de perder interés en el sexo.

-¿Estos sentimientos de sentirse solos estando en pareja guarda alguna relación con el síndrome del nido vacío?

El alejamiento de los hijos sin duda marca un hito en la relación de pareja, donde se da por terminada la función primordial de la procreación y la crianza. Quedan dos caminos: o relanzar la búsqueda de nuevas perspectivas (actividades culturales, deportivas, sociales, familiares, viajes, mudanzas, empresas o proyectos económicos, etc.) o la decadencia, que nunca atañe solo a la relación, sino que es el reflejo de crisis personales.

-¿Estos sentimientos se manifiestan más en la mujer o en el hombre? ¿Por qué?

No necesariamente son una cuestión de género, sino más bien problemáticas subjetivas relativas a la posición de cada uno en la vida, a las historias personales, a sus vivencias y experiencias, a cómo cada quien se lleve consigo mismo y con su deseo. Si estamos de acuerdo en suponer que las mujeres, por una cuestión cultural, han tenido o aún tengan menos oportunidades que los hombres para desarrollar sus proyectos personales, entonces podríamos deducir que están más expuestas a sentirse poco valoradas en su entorno y por ende por su propia pareja, en el momento de su vida en que dejan de cumplir con una función esencial para ellas como es la maternidad y ya no cuentan con la belleza juvenil, un atributo no tan primordial para el hombre.

  -¿Cómo recuperar el amor y la contención en la pareja?

Como siempre, dependerá en gran medida de la historia de la pareja y de cada uno. De cómo han llegado hasta aquí y cómo han vivido los años previos: si cada integrante pudo desarrollar de alguna manera lo que se había propuesto y lograron respetarse mutuamente los tiempos y los deseos de cada uno (algo impensable en términos absolutos), lo esperable es que también le encuentren la vuelta a esta nueva etapa y la puedan disfrutar juntos; se tracen nuevos caminos que les resulten atractivos de recorrer o descubran nuevos puntos de encuentro.

Deshacerse de los prejuicios que tantas víctimas se cobran habitualmente, sobre lo que está bien y está mal, lo esperable, lo correcto, la imagen y los ideales que siempre atentan contra las variantes subjetivas y singulares.  El margen de libertad posible se funda en la aceptación de las diferencias: una pareja no es hacer de dos uno, como el mito de la media naranja. Dos mitades son solo eso: dos mitades.

-¿Qué puede hacer esa persona para no sentir esos sentimientos de soledad y/o frustración?

Nunca es tarde para reconciliarse con los propios deseos y tratar de descubrir los obstáculos, propios y del otro, que quizá nos hayan llevado a un callejón sin salida. Si no es lo que esperábamos o lo que habíamos imaginado desde el vamos -pero es lo que hay-, a lo mejor requiera algo de valentía barajar y dar de nuevo, y después  nos sorprenda que era menos terrible de lo que suponíamos.

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