Cuando no se puede disfrutar de los logros

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Muchas veces, cuando se concreta una meta largamente perseguida surge la imposibilidad de valorar lo obtenido. En estos casos, la auto-exigencia no ayuda.

Recibirse en la universidad, formar una familia, comprar un departamento, cambiar de auto, crecer en la esfera laboral, concretar un viaje al destino soñado. Estos son algunos de los logros que muchas personas anhelan para algún momento de su vida. Sin embargo, cuando alcanzan ese ansiado objetivo manifiestan una imposibilidad para valorar lo obtenido. Muchas veces se trata de gente con una elevada auto-exigencia, para las cuales ningún logro resulta ser suficiente.

Esta dificultad para vivir plenamente un triunfo no constituye exclusivamente un fenómeno argentino o latinoamericano, sino que forma parte de toda la cultura occidental. “Vivimos en un mundo en el que lograr algo es poco duradero. Los logros son pasos para un nuevo logro. Una sociedad que nos enseña que nada alcanza, que las cosas son descartables, hace que alcanzar una meta se vuelva rápidamente algo caduco y de ahí la dificultad de sostener el disfrute del mismo”, dice la Lic. Cristina Benchetrit, especialista en Terapias Breves Vinculares Sistémicas y Directora de Espacio Olazábal.

“Muchas veces esos logros no responden a sus deseos e intereses, sino que forman parte de una serie de mandatos incorporados en el seno familiar y en el medio social. Para poder disfrutar de los logros, éstos deben responder a los deseos e intereses de cada persona. Pero también se observa que existen personas que, aún después de haber alcanzado un logro largamente anhelado, como puede ser una conquista amorosa o un ascenso profesional, lejos de disfrutarlo, experimentan una sensación de fracaso, conjuntamente con ansiedad, síntomas depresivos y, en algunos casos, somáticos”, puntualiza Graciela Rosa Cafici, licenciada en Psicología.

¿Qué son los logros?

Los logros constituyen la realización de objetivos y metas definidos por las personas a partir de sus propias necesidades. Se pueden clasificar en personales, familiares, económicos, deportivos y laborales. Pero también se puede referir, por ejemplo, a disfrutar de un instante escuchando música de un cantante o grupo que sea del gusto de cada persona, a aprender a no ponerse tan ansiosos en el trabajo o a poder relajarse durante un fin de semana sin pensar en el lunes.

Los triunfos a nivel económico y laboral, claramente van más relacionados con el sexo masculino. En las mujeres, en cambio,  es más común valorar logros afectivos, estar con la persona que desean, tener una familia, etc.

“Para poder definir el disfrute o placer debemos recordar que es un aspecto subjetivo y cultural. Todas las personas disfrutamos de diferente manera de acuerdo a la propia historia familiar, económica-social y cultural. Sin embargo, podríamos definir el hecho de disfrutar o sentir placer, como la capacidad de una persona de sentir emociones positivas como alegría, fluidez y relajación realizando actividades en el tiempo presente. Logrando de esta manera, un momento de distensión a nivel mental en el cual el pasado y el futuro pierden importancia. Es lograr una experiencia positiva en el aquí y ahora”, explica la Lic. Silvia Naya, especialista en Psicoterapia Familiar, Niños y Adolescentes.

Rosa (48) sentía que tenía todo en la vida para ser feliz: un esposo al que amaba al igual que a sus dos hijos, salud y trabajo.  Sin embargo,  decía que “su mismo ser” no le permitía ser feliz. “Cuando empecé terapia surgió que en realidad sentía que había una cuestión que no había desarrollado y que era importante, sólo que ya algo tarde para hacerlo”, cuenta Rosa a la distancia.

Las sesiones consistieron en identificar eso que ella no iba a poder efectuar y en hacer el duelo al respecto. “Cuando pude identificarlo y soltarlo comencé a darme cuenta que estaba atada a un pasado que ya no podía cambiar y con el tiempo empecé a valorar mucho más el día a día”.

Como Rosa, muchas personas tienden a mirar siempre hacia el pasado o hacia el futuro, pero nunca ponen el acento en el presente. Cuando se mira hacia atrás no se observa lo que sucede en el aquí y ahora y, por lo tanto, no se puede disfrutar. Cuando se tiene la mente en dirección hacia el futuro es cuando se suele caer en la vorágine de siempre buscar metas más altas que en definitiva terminan eclipsando lo bueno que les sucede hoy.

“Estamos inmersos en una sociedad que cada vez nos pide que seamos más eficientes, más rápidos, más exitosos, donde se valora la inmediatez y la capacidad de estar en competencia constante. Los medios de comunicación ayudan a que las influencias sociales se asimilen cada vez más en nuestros modos de vivir y de interpretar nuestras experiencias porque avanzan velozmente y nos permiten estar cada vez más conectados con el mundo social, las valoraciones y modos de vida de otras personas. Esto conlleva el hecho de que seamos más permeables a las influencias de la sociedad, donde quedamos avasallados por estímulos y deseos que se terminan constituyendo en imposiciones de cómo debemos vivir, de cómo debemos sentir e incluso de cómo debemos disfrutar”, explica la Lic. Natalia Massón, especialista en Trastornos de Ansiedad.

Esas influencias sociales que estimulan a vivir cada vez más preocupados por lograr altos objetivos de eficacia, a buscar soluciones y respuestas inmediatas para todos los deseos y dificultades y a ser cada vez más competentes, muchas veces traen como consecuencia el hecho de no poder o tener tiempo para disfrutar de los logros tanto personales como laborales.

A la hora de poder centrarse en el presente y en disfrutar los aciertos, las especialistas sostienen que es fundamental aprender a concentrar la atención en el “aquí y ahora” como una herramienta para iniciar el camino de amplificar el presente.

“Prestar atención a nuestros actos, nuestro ánimo y nuestro cuerpo es un buen comienzo. Focalizarnos en el momento de nuestros aciertos, experimentando nuestras sensaciones, nos permite “sentir”, “registrar” el momento presente de nuestro acierto”, expresa Naya.

Otra herramienta para concentrarse en el presente es acompañar a la atención, concentrándose en el ahora, aprendiendo a enfrentar los pensamientos centrados en el pasado o del futuro.

“Si se está disfrutando de una tarde de sol y registramos que estamos pensando en las cosas que se deben realizar posteriormente, respiremos profundamente y focalicemos la atención en el aire, el sol, nuestro compañero de caminata, de esta manera nuestra mente vuelve a estar en el presente. Si estamos en la oficina en nuestra hora de almuerzo, es importante centrarnos en el ahora, registrar nuestro alimento, nuestro cuerpo y aprender a priorizar nuestro descanso. Asimismo, para poder sostener en el tiempo la capacidad de concentrarnos y disfrutar nuestros logros, debemos ser responsables y asumir que la capacidad de aprender a disfrutar se encuentra en nosotros mismos y debemos no sólo ponerla en práctica sino que ejercitarla diariamente. Esta es la clave para lograr sostenerla en el tiempo”, ejemplifica Naya.

Teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, la persona que vive con la imposibilidad de poder disfrutar tiene carencias emocionales relacionadas con la incapacidad de ser feliz en el presente, es fundamental que los seres queridos puedan brindar ayuda y contención en forma de afecto, compartiendo momentos de disfrute, creatividad y distensión que ayuda a relajarse y centrarse en el presente.

 Cuando la dificultad no sólo es de los adultos

La dificultad para disfrutar del presente y de los logros obtenidos no sólo es patrimonio de los adultos, sino que también los niños pueden padecer este síntoma. “Hoy en día la gran cantidad de actividades que realizan los chicos puede ayudar a que ellos se sientan sin tiempo para poder procesar aquello que realizan y disfrutarlo. Las jornadas escolares, las actividades extracurriculares, así como es beneficioso, también pueden ser causa de ansiedad y agotamiento. La falta de tiempo, donde padres e hijos corren de una actividad a otra puede ser una razón por las cuales los chicos no logran disfrutar del presente y pueden llegar a mostrar signos de ansiedad”, explica Naya.

Martín tiene nueve años y asiste a un colegio doble jornada. Como la gran mayoría de los chicos de hoy,  realiza varias actividades extracurriculares en la semana y es en el fin de semana donde puede descansar de todas sus ocupaciones. Sin embargo, es en el fin de semana donde él se preocupa, se angustia y no puede evitar pensar en la tarea que tiene pendiente y en armar la mochila para el día lunes, situación que lo condiciona y que le impide disfrutar de pasar unos días en el country con sus padres y con su hermana mayor. Al notar su angustia, su mamá tomó la determinación de que empezara terapia y a lo largo de las sesiones Martín pudo empezar a compartir y a disfrutar del tiempo libre con su familia.

“Ahora Martín juega como un niño y cada vez se hace menos problemas por sus obligaciones. La psicóloga nos explicó acerca de la gran importancia de ayudarlo a vivir su presente y lo estamos haciendo día a día”, resume su mamá.

“Son los grandes quienes deben evaluar la necesidad y el efecto de tener el tiempo tan ocupado. Por otro lado, observar y principalmente escuchar a sus hijos son las herramientas con las cuales los padres podrán ayudar a sus hijos a disfrutar del presente y observar lo logros que ellos obtienen en sus actividades”, concluye Naya.

 

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

 

 

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