Carlos Lirio: “La vida siempre te da otra oportunidad”

A los 17 años sufrió una cardiopatía que lo tuvo al borde de la muerte. Sin embargo, recibió un nuevo corazón de un donante que le salvó la vida.  Actualmente compite en los mundiales para personas trasplantadas y disfruta de su mujer y de su pequeño hijo.

A sus 17 años, Carlos Lirio hacía una vida normal para cualquier adolescente de su edad en Junín de los Andes (Neuquén): iba al colegio, jugaba al fútbol y salía a bailar con sus amigos. Fanático de los deportes y de la vida al aire libre, en marzo de 1995 se dio el gran gustó de escalar los casi 3800 metros del volcán Lanín.

Sin embargo, una mañana jugando al fútbol en educación física comenzó a sentirse mal. No podía correr y el profesor lo mandó al arco, aunque como el malestar continuó se quedó agarrado de uno de los palos porque no se pudo mover.

A los pocos días viajó a Villa La Angosturapara una competencia en básket y tampoco pudo participar. “Un día me levanté de la siesta con vómitos, me llevaron de urgencia al hospital, me hicieron ecografías y detectaron que tenía una miocardiopatía dilatada”, explica.

Como el cuadro continuó con más complicaciones decidieron trasladarlo a Neuquén Capital, aunque luego de permanece internado dos semanas sus padres lograron la derivación ala FundaciónFavaloroen la ciudad de Buenos Aires.

A los dos días de estar en terapia intermedia, Carlos sufrió dos paros cardiorrespiratorios en una misma noche.  Si bien los médicos lograron salvarle la vida, permaneció 10 días con respirador artificial, con marcapasos y su vida corrió serios peligros.

Algunos médicos no se mostraron convencidos de someterlo a un trasplante de corazón, temiendo que él no pasaría esa intervención. Sin embargo, el Dr Sergio Perrone dio el ok y el 9 de junio de 1995 lo trasplantaron.

“Me dijeron que única chance de sobrevivir era con el trasplante. Yo estaba en un estado en el que no tenía mucho por decidir y casi no tuve tiempo de decir nada”, rememora. “En ningún momento se me cruzó por la cabeza que me iba a morir, aunque realmente estaba muy mal. Quizás por la edad que tenía que te sentís como invencible”, agrega.

 El trasplante que le devolvió la vida

El trasplante de Carlos duró entre nueve y diez horas. Sus padres y su hermano Marcelo estuvieron durante toda la madrugada esperando buenas noticias desde el quirófano.

“El día que me desperté de la operación estaba muy raro. Sentía como que tenía algo que no era mío y que me faltaba algo que si era de mi cuerpo y ya no estaba. Fue una sensación muy rara, difícil de explicar”, cuenta.

Su recuperación fue bastante extensa, pero fructífera. Antes de la intervención pesaba 73 kilos y producto de los vómitos previos al trasplante y a que recibió alimentación a través de una zonda, llegó a pesar 50.

Cuando puedo empezar a hacer un poco de movimientos, comenzó un trabajo de rehabilitación con un kinesiólogo. “Primero me tenía que sentar y me mareaba, después caminaba un poquito por el cuarto con el suero. Pasé en muy poco tiempo de  ser un pibe de 17 años que corría y subía 3800 metros a no poder ni siquiera caminar. Estaba parado y se me doblaban las piernas. Hay veces que se me flexionaban las piernas caminando y el kinesiólogo me agarraba para que no me cayera”, grafica.

Al poco tiempo de la intervención, Carlos se tuvo que quedar unos meses en Buenos Aires para los controles médicos. Recuerda que el día que le dieron el alta, salió con Marcelo a comprarse un jean y tuvo que tomar un taxi por sólo dos cuadras porque todavía no podía caminar correctamente.

Cuando regresó a Junín de Los Andes, una multitud lo aguardó en su ciudad y lo recibió casi como a un héroe. “Como mi papá fue maestro durante 50 años todos nos conocían y mi caso motivó decenas de cadenas de oraciones. Fue una emoción inmensa ver todo ese despliegue por mi”, recuerda 16 años después.

Carlos retomó la escuela al año siguiente y posteriormente estudió el profesorado de Educación Física. Al poco tiempo se trasladó a Buenos Aires para cumplir con los controles enla FundaciónFavaloro, mientras estudiabala Licenciaturaen Alto Rendimiento Deportivo.

Su pasión por el deporte

Durante los primeros meses de 1997, participó en el primer Torneo Nacional para Personas Trasplantadas donde se ubicó primero en atletismo y ciclismo. Por esos éxitos, fue becado para participar del Mundial de Personas Trasplantadas que se llevó a cabo en Australia donde logró un reconocido cuarto puesto en marcha aeróbica.

Mientras trabajaba en escuelitas de fútbol para niños y como docente de Educación Física en colegios primarias, en un viaje a su ciudad natal en 2004 conoció a Alicia, de quien quedó flasheado y enamorado.

Ella se encontraba viviendo en Junín de Los Andes y al poco tiempo decidió regresar para darle una oportunidad a esa incipiente historia de amor que estaba comenzando. A los tres años se fueron a vivir juntos en Buenos Aires y al poco tiempo ella quedó embarazada de Ulises, que hoy tiene tres meses.

“Después de todo lo que pasé que me vaya bien con mi familia, con mi trabajo y con mis afectos en general es una sensación hermosa. Soy una persona con suerte”, exclama.

Desde hace unos años, trabaja enla FundaciónFavaloroen rehabilitación cardiovascular con las personas que se someten a un trasplante. “Los escucho, los contengo, entiendo sus miedos, sus ansiedades, al que hace una cuadra y se cansa. Al que veo muy mal le cuento lo que yo pasé y le doy un empujoncito para que esté mejor de animo”.

Desde el 2005 forma parte dela Asociaciónde Deportistas Trasplantados dela Argentina(ADETRA) (Ver recuadro) y logró quela Secretaríade Deportes dela Naciónle otorgue un espacio para hacer actividades gratuitas en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) donde entrena a sus alumnos en natación y atletismo, muchos de los cuales lo acompañan en los mundiales que se realizan cada dos años.

Sus éxitos deportivos continuaron en Tailandia 2007 donde obtuvo una medalla de plata en voley al ser derrotados en la final ante Canadá. “Ese trofeo me marcó bastante y estaba feliz de la vida porque fue en una competencia grupal. A mi me gustan mucho las disciplinas en equipo porque con mis compañeros trasplantados somos amigos.  Festejamos los triunfos en comunidad y sufrimos las derrotas todos juntos”, dice Carlos, que también se alzó con dos medallas de bronce en Voley y Beach Voley en el mundial de 2009.

“Cuando me pongo a revisar mi historia digo que soy una persona con suerte. Puedo hacer muchas cosas pese al trasplante. He tenido la posibilidad de trabajar en lo que me gusta, tuve la chance de compartir una charla con Maradona (Diego),  ir a los mundiales, tener un hijo”, comenta. “Si uno quiere lograr cosas lo puede hacer a pesar de las barreras que puede tener diariamente en su vida. Todo depende de las ganas que uno le ponga”, agrega este hombre de 33 años que a finales de junio viajará a Gotemburgo (Suecia) para participar de un nuevo mundial.

Carlos no se olvida de las personas que se encuentran en lista de espera aguardando por el milagro de ser trasplantados para volver a creer en la vida y en la posibilidad de cumplir sueños.

“Conozco mucha gente que está en esta situación, pero les digo que la vida siempre les va a dar otra oportunidad. Mi consejo es que no bajen los brazos para nada por más complicados que estén. Luego de una operación la vida sigue como cualquier persona y uno puede hacer lo que le guste y vivir sin inconvenientes”, concluye.

PUBLICADO EN REVISTA MÍA

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