La elección de no ser madre

mujeres no madres

Cada vez hay más mujeres en edad reproductiva que, estando o no en pareja, desisten de la idea de tener hijos. De entre 25 y 45 años, priorizan sus logros laborales.

Mariela (38) es soltera, se desempeña como gerente de Recursos Humanos de una empresa multinacional, se encuentra estudiando un posgrado, tiene una vida social muy activa y casi todos los días de la semana concurre al gimnasio. Pese a que a sus padres les encantaría que entre tantas ocupaciones su hija soñara con la posibilidad de darles un nieto, ella tiene muy en claro que la maternidad no forma parte de sus planes y de las satisfacciones de su vida. Este caso no constituye para nada una excepción y cada vez más se observa a mujeres en edad reproductiva que estando o no en pareja desisten de la idea de convertirse en madres.

Generalmente se trata de mujeres de entre 25 y 45 años que tienen muy valorado su rol profesional, laboral o artístico y no están dispuestas a sacrificar nada de ese ámbito por dedicarse a un hijo. Forman parte de estratos sociales más bien altos (educación universitaria y post universitaria, cargos jerárquicos en grandes empresas) o han logrado reconocimiento intelectual o artístico.

No estar dispuestas a renunciar a otros proyectos con los que se sienten más identificadas, haber hecho una elección de pareja que excluye esa posibilidad, estar muy absorbidas por su profesión o trabajo, no querer involucrarse con un hombre de por vida, no desear contraer una responsabilidad semejante para siempre y no atreverse a criar solas a una hijo si no tienen una pareja estable son algunas de las razones conscientes que determinan esta idea clara de no querer tener hijos.

Pero también están las razones inconscientes: un rechazo de la función materna por una relación negativa con su propia madre, no estar identificadas al rol materno, rechazar al hombre en función paterna (derivado de una mala relación con su propio padre) y el miedo a no estar a la altura de la responsabilidad.

¿Es una decisión que se vive con culpa? “Muchas veces sí pero no siempre. Cuando se trata de decisiones relativamente conscientes se supone que no acarrean culpa. La culpa sobreviene si se ha traicionado un deseo genuino. Es decir, si los motivos para resignar la maternidad expresan sólo una parte de la conflictiva femenina, aunque ella misma se convenza de su decisión, se siente culpable. Y como casi nadie escapa al conflicto, es raro que no aparezca la culpa o el arrepentimiento, tarde o temprano”, responde la licenciada en Psicología Lila Isacovich, Directora del Área Asistencial de la Fundación Buenos Aires.

“Yo diría que no se vive con culpa. Cualquier decisión que se toma con conciencia de lo que se está decidiendo, es sin culpa. Si hay culpa es porque hay duda. De todas maneras la sociedad enjuicia a quienes toman esa decisión. Con lo cual uno debería estar muy firme al tomar esa decisión ya que el sentimiento de culpa puede ser generado a partir del que dirán”, opina Laura Krochik, Directora General del Curso Integral de Consultoría en Crianza y Directora de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP).

Logros empresariales, profesionales, artísticos, creativos, comunitarios, políticos y religiosos son algunas de las satisfacciones de las que gozan aquellas mujeres cuyo deseo de ser madres no figura en su agenda de planes del corto y mediano plazo.

“Me parece que reducir el mundo de la mujer sólo a la maternidad como posibilidad de logro o satisfacción sería tener una mirada muy recortada. Todas las mujeres tenemos logros y satisfacciones en nuestras vidas que no necesariamente tienen que ver con nuestra maternidad. Somos profesionales, tías, hijas, sobrinas, amigas, hermanas. Desde lo laboral, uno puede tener mucha satisfacción y logro por el lugar al que llega en relación a lo que decidió ser y desde lo afectivo una tiene todos otros espacios en los cuales desarrollar, profundizar y sentirse plena”, dice Krochik.

Muchas veces, este tipo de decisiones chocan contra una sociedad que en el siglo XXI todavía le cuesta aceptar que ser mujer no necesariamente es sinónimo de ser madre y que las posibilidades de alcanzar la felicidad no se centran solamente en la elección de tener hijos. Sin embargo, en muchas oportunidades, dentro del mismo seno familiar surgen cuestionamientos a este tipo de decisiones que pueden ocasionar roces y distanciamientos entre los seres queridos.

En su libro “Familias de dos” del año 2010, Laura Caroli  se refiere a las parejas “dink”  como los matrimonios que deciden no tener hijos, una franja etaria que oscila aproximadamente entre los 26 a los 39 años.

“El amor  y la intimidad van sufriendo transformaciones, según los cambios históricos -psicosociales  y culturales. Es así que en el siglo XXI los intereses de las parejas se multiplican y conviven el paradigma tradicional,( pareja-hogar-hijos), con el nuevo paradigma que predominantemente apunta a la realización personal ,individual, acentuando el desarrollo profesional, comercial y económico. Tan importante es, que se ha retrasado la edad para tener hijos, y cada vez es más frecuente que las parejas elijan no tener hijos. Este modelo de pareja tiene como característica principal la unión  amorosa sin ningún tipo de formalidad ni objetivo que no sea acompañarse y compartir la vida. Por primera vez la pareja no se construye en función  de armar una familia”, sostiene Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Pero también existen las mujeres que desean ser madres aunque renuncian a ese objetivo para no perder la relación con sus parejas que no tienen pensando formar una familia. “Un grupo de mujeres explícitamente eligen no ser madres, por deseo de sus parejas. Suele suceder que es muy fuerte el rechazo masculino a tener hijos (vividos por el hombre como una complicación, como algo que podría limitarlos y que inconscientemente no pueden elaborar la presencia de otra persona que les quite la exclusividad en la atención amorosa de la mujer) y así como hay mujeres que desisten por ese motivo de la relación, hay otras que aceptan como si fuera una ofrenda de amor que le hacen a su hombre”, analiza la Dra. Diana Altman, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA).

Entre todo el universo de mujeres que manifiestan la idea de no querer tener hijos, se encuentran aquellas que realmente lo desean pero lo niegan ante la imposibilidad que se les presenta para concretar ese sueño.
“Esta situación se puede vivir con angustia porque está presente en su inconsciente tal imposibilidad y pugnará en algún instante por darse a conocer.
Para algunas, tal herida a su narcisismo les pone en espejo una palabra: “no deseo ser madre” , aunque detrás de lo que se mira existe un trasfondo “deseo serlo pero no puedo, entonces digo que no quiero”. En una consulta psicológica con esa mujer se podría construir desde qué forma podría ser mamá desde otro espacio y no desde el propio cuerpo. El Deseo, por ejemplo, de plasmarlo en la adopción, en tratamientos de fertilidad”, concluye la licenciada en Psicología Mirian Ortega.

 

PUBLICADA EN REVISTA VIVA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: INFOBAE.COM

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