“No se puede explicar lo felices que somos con ella”

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Griselda Alves (37) cuenta su emotiva historia sobre el largo camino que tuvo que recorrer, junto a su pareja, para cumplir su sueño más anhelado: ser madre.

El rostro de Griselda Alves (37) se ilumina cada vez que habla de su pequeña Isabella, de un año y un mes. La observa mientras la pequeñita, con un elegante vestido blanco, mira al pasar los movimientos de Loki y Tabatha, las dos gatas siameses de la casa. Sin embargo, para relucir esa indisimulable sonrisa tuvo que pasar muchos años de angustia y estrés al no poder quedar embarazada.

Desde hace 12 años que está en pareja con Francisco (37) y en enero del 2004  decidieron buscar un bebé, suponiendo que al poco tiempo cumplirían con uno de sus mayores anhelos.  Pero nada salió como lo habían imaginado. “En ese momento tenía 28 años, así que, como lo decían en las páginas de Internet, esperé justo un año y fuimos a una interconsulta en el Hospital Italiano. Entre idas y venidas laborales, casamiento y una operación por un quiste de ovario, en noviembre del 2007 comenzamos con los tratamientos. Realizamos tres Inseminaciones con ciclo natural y tres con ciclo hormonal. Pero no resultó. El diagnóstico era “Infertilidad sin causa aparente”, cuenta a la distancia.

Después de esa primera decepción, en el año 2008 realizaron dos nuevos intentos por inseminación artificial pero tampoco dieron resultado. Entre tanta tristeza y desilusión decidieron esperar un tiempo para encarar más adelante un nuevo tratamiento con otras expectativas.

En el año 2010 decidió, junto a su pareja, consultar con una especialista del Hospital de Clínicas, que no se mostró para nada contenedora y les diagnosticó “Infertilidad por factor masculino”. “Nos fuimos muy mal del Clínicas, no sabíamos qué hacer, llorábamos. Era mucha impotencia, no nos daban más opciones. Esa doctora nos había dicho que lo que está fallado ya no se podía solucionar y eso fue muy duro”.

Por aquellos tiempos, Griselda cuenta que la situación la angustiaba mucho, que sentía mucha impotencia y que se peleaba con su marido porque ella sentía que él no la había apoyado en los tratamientos. En una de las charlas en su terapia, su analista le sugirió que fueran a ver a la Dra. Adriana Grabia, especialista en Medicina Reproductiva. Al principio no estuvo muy convencida, pero finalmente lo tomó como la última posibilidad que existía para cumplir con su sueño de ser mamá.

“En mayo del 2011 fuimos a una consulta, con todas las carpetas de estudios y fue la primera vez de todo este camino que me dio confianza un profesional. No nos garantizó nada, nos estudió a los dos sin descartar nada. Me dio mucha confianza y tranquilidad”.

En noviembre de ese mismo año comenzó con el tratamiento ICSI, una técnica de reproducción asistida de alta complejidad y al mes siguiente la noticia más esperada colmaría de inmensa felicidad el hogar. “La doctora me había dicho que no probara hacerme el test de embarazo, pero estaba con una amiga y me convenció para hacerlo. Cuando dio positivo no lo podía creer. Al día siguiente me hice el análisis y confirmó la información. Cuando la doctora leyó el estudio le confesé que no estaba sorprendida porque había hecho trampa”, expresa entre sonrisas.

Desde ese momento comenzó la tan ansiada dulce espera para Griselda y Francisco. Como festejo, a los pocos días armaron un enorme árbol de navidad que disfrutaron junto a sus familiares más íntimos en la cena de Nochebuena. Era  un momento para disfrutar y para agradecer.

“Fui muy tranquila al parto. Como fue programado, me levanté temprano, fui a la peluquería y me planché el pelo. Luego nos fuimos con mi marido y con mi suegro a la clínica. Me dieron la habitación, llegó la partera, estuvimos charlando y cuando me di cuenta ya tenía que ir a la sala de parto. Cuando nació mi hija,  hizo puchero,  comenzó a llorar y luego de unas horas me llevaron a la habitación con ella en brazos. Estaba feliz, no podía creer el milagro de estar dando a luz”.

Mientras su mamá cuenta los esfuerzos que tuvo que realizar para poder cumplir con el objetivo de ser mamá, Isabella tiene al sapo “Pepe” en una de sus manos y con la otra manipula el control remoto de la televisión. Luego gatea por el living, mientras saborea una riquísima torta de manzana que cocinó su mamá.

“Isabella es re tranquila, no sé a quién salió porque nosotros dos estamos siempre a full. Le gusta estar con chicos, es muy simpática. Si llora es porque realmente le pasa algo y tal vez conmigo es un poco  más demandante”, dice Griselda. “Es un antes y un después en mi vida. No se puede explicar lo feliz que somos con ella. A veces estoy sin dormir, pero me mato de risa con ella”.

Mientras mira los dibujitos, la pequeña parece asentir todo lo que cuenta su orgullosa mamá que la recoge a upa, mientras prepara el cochecito y un bolso para llevarla a pasear a la plaza. Una rutina que las hace cada día más felices.

PUBLICADO EN PHARMAREPUBLIC.NET

FOTO: M. Ehul Ayerza para Pharma Republic

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