Bullying, cuando el acoso y el hostigamiento se hace algo de todos los días entre pares

Bullying_4

Según una encuesta, uno de cada cuatro chicos de entre 10 y 18 años le tiene miedo a alguno de sus compañeros. ¿Cuáles son las causas del bullying? Características de agredidos y agresores. Consejos para los padres.

El bullying es un comportamiento sostenido, prolongado y reiterado de intimidación y abuso entre pares que se desarrolla en el ámbito de la escuela. Adopta características diferentes según la edad (el mayor despliegue de esta dinámica oscila entre los 10 y 15 años) y el contexto pero incluye siempre agresiones verbales, físicas y psicológicas.

“Para hablar de bullying tenemos que considerar la intención de quien agrede; no se trata de acciones azarosas o casuales, sino que supone una estrategia o plan, determinado por quien ocupa el lugar de hostigador y sostenido gracias a los testigos o espectadores. Hablamos de bullying si hay un sujeto hostigador, otro hostigado y un grupo de pares que observan en silencio. Esta dinámica es diferente a otro tipo de tensiones entre fuertes y débiles en las cuales los roles y conductas rotan y los conflictos se resuelven”, explica María Zysman, Psicopedagoga y  Directora de Libres de Bullying, un equipo de trabajo compuesto por profesionales con el objetivo de ofrecer a la comunidad herramientas para prevenir, detectar e intervenir en situaciones de bullying en el ámbito escolar.

Uno de cada cuatro alumnos de entre 10 y 18 años le tiene miedo a alguno de sus compañeros, según una encuesta realizada por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA). Del mismo estudio se desprende que el 32% de esos alumnos dice sufrir a veces agresiones físicas y el 62% agresiones verbales. Y según investigaciones de UNICEF, entre el 50% y el 70% de los estudiantes en América Latina han sido acosados o han sido testigos de incidentes de bullying.

A la hora de evaluar este tipo de hostigamiento, los especialistas sostienen que es muy importante prestar atención a lo no verbal y a la comunicación gestual entre los chicos, como por ejemplo, si los chicos se ríen de un compañero cuando participa en clase o si algún chico no quiere exponer sus tareas oralmente. Hay chicos que no van al baño, que lloran reiteradamente sin causas aparentes.

“Es importante estar alerta a determinadas manifestaciones de la conducta de nuestros hijos, por ejemplo, si no quiere ir al colegio o utiliza frases como “odio la escuela”. Es bueno intentar abrir canales de diálogo para ver qué pasa.
Existen otros síntomas como la falta de apetito, el bajo rendimiento escolar, el insomnio, las pesadillas o un cambio de ánimo que son alertas rojas y ante los cuales hay que intervenir. Es aquí donde es crucial saber detectar las señales de alarma y actuar inmediatamente. Con frecuencia, bajo la falsa creencia de que “son cosas de chicos” se retrasa la acción oportuna y reparadora que puede ayudar a minimizar el impacto del abuso escolar”, puntualiza Andrea Baldantoni, psicóloga especializada en niños, adolescentes y familia.

“Las causas sobre estos comportamientos podrían estar relacionados con determinados factores ambiéntales o contextuales tales como: actitudes, comportamientos, hábitos, y rutinas de los adultos significativos –particularmente de los padres, docentes y directores- que juegan un papel crucial en determinar la extensión por la cual los problemas de bullying se manifestarán. Por esto mismo resulta fundamental analizar el problema en todas sus dimensiones o niveles: el nivel ambiental/contextual institucional, áulico, familiar y asimismo el nivel individual. Cuando hablamos de acoso o bullying se trata de situaciones permanentes, o sistemáticas a lo largo del tiempo. La cronicidad es el primer indicio que puede indicarnos que se está dando una situación de acoso”, explica la Lic. Candelaria Irazusta, psicóloga del Departamento Infantojuvenil del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).

Características de agresores y agredidos

El relevamiento efectuado por la UCA arroja también que ante reiterados hechos de violencia, el 57% de los niños se calla y del resto, el 70%, se lo comunica a sus amigos, después a los padres y finalmente al docente, situación que provoca que se incremente su invisibilidad, sea tan difícil de prevenir y mucho más complejo delinear estrategias para tratarlo.

“El chico que hostiga está permanentemente controlando a su víctima y evaluando su nivel de “éxito” ante los demás. Y necesita del feedback grupal para mantener su autoestima elevada, se siente poderoso en la medida en que desvaloriza al otro. Suelen ser chicos que se saben imponer y que en mayor o menor medida manipulan su entorno, saben disimular y actuar en el momento justo para no ser pescados in fraganti. Un chico que ocupa el lugar de hostigado suele ser muy tímido, no encajar en el grupo, presenta intereses diferentes a los de la mayoría, pero fundamentalmente es frágil y vulnerable. Se “deja hacer” porque no cuenta con recursos para defenderse, algo en él le impide hablar y pedir ayuda”, analiza Zysman.

“Los docentes hemos visto una y otra vez como los chicos se agreden, ofenden, tratan mal, enmarcando esto en los conflictos “típicos” de los niños, buscando y proponiendo estrategias para ayudarlos a resolver de manera pacífica. Y cuando los conflictos son constantes entre algunos pares o no pares, se interviene proponiendo cumplir acuerdos (elaborados entre las partes)  que impliquen consecuencias para aquel que no los respete. Esto si los responsables (los adultos) actúan sobre la integridad del niño, involucrándose y trabajando con responsabilidad”, dice Natalia Genijovich, docente con 10 años de experiencia en escuelas primarias.

En los últimos años, gracias a las repercusiones que genera internet en especial con las redes sociales como Facebook, ha crecido el acoso virtual que se conoce como cyberbullying, que trae como consecuencia la multiplicación del hostigamiento accesible las 24 horas del día, los 365 días del año. Y al ver el sufrimiento de la víctima, pareciera que los acosadores no tienen ningún freno.

Los chicos acosados están mucho más nerviosos y se sienten más tristes y solos que los ocasionalmente agredidos. También presentan una mayor reducción del rendimiento escolar y mayores alteraciones del sueño. Es usual que estos chicos presenten trastornos en la alimentación, y que frecuentemente tengan quejas somáticas especialmente al tener que ir al colegio”, expresa Irazusta.

A la hora de pensar estrategias para poder contener esta violencia dentro y fuera del colegio es importante que los padres puedan trabajar en conjunto con los docentes y con los responsables del establecimiento escolar.

“Los niños deben saber que en cualquier lado que vayan pueden encontrarse con niños, y personas que pueden ser crueles. Es importante enseñar a nuestros hijos a filtrar las conductas de los otros, a discriminar entre lo que está bien y mal y a no siempre creer en lo que los demás niños dicen. Un chico que está emocionalmente preparado y ajustado puede ponerse en el lugar del otro, registrar la crueldad o el abuso como algo externo y perjudicial y hacer algo al respecto”, propone Baldantoni.

“Tenemos que trabajar mucho en prevención. Generar espacios de discusión, asambleas, espacios de creación colectiva, promover lazos y redes. Es complicado, porque tenemos que trabajar aspectos relacionados con la discriminación, el racismo, la exclusión, desarmar este pensamiento tan actual de “estás conmigo o estás con los otros”. Trabajar juntos quiere decir ocuparnos juntos y separados, pero acordando en los objetivos. No implica necesariamente estar de acuerdo en todo pero sí respetar a los otros”, resume Zysman.

 Consejos para padres

  • Nunca dude de lo que su hijo o hija le cuenta, no desconfíe ni crea que exagera. Lo más probable es que incluso minimice u oculte algunos hechos para no angustiarlo.
  • No le diga “deberías haber hecho…”, eso lo hará sentirse culpable de lo ocurrido y doblemente victimizado.
  • No justifique al hostigador. A veces quien hostiga es el mejor alumno, el más simpático, aquel chico del que “nunca me lo hubiera imaginado”. Esos comentarios harán sentir aún más humillado a su hijo o hija y no le contará nada más.
  • No se queje por el trabajo que tendrá ahora para ayudarlo. A veces –sin querer- los padres expresan su pesar con comentarios como “lo que se nos viene ahora”… eso lo hace sentir culpable al chico hostigado.

NO es recomendable

  • Llamar a los padres del hostigador.
  • Llamar al hostigador.
  • Ir “al choque” al colegio.
  • Sugerir al niño o adolescente que se defienda (si pudiera, ya lo hubiera hecho).
  • Intentar organizar estrategias similares a las del hostigador.

POR Por la Lic. María Zysman, Psicopedagoga. Directora de Libres de Bullying. http://www.libresdebullying.com.ar

PUBLICADO EN REVISTA LUZ

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s