¿Cómo tratar con los chicos la muerte de un ser querido?

AR-311079887

Cuando muere un ser querido, los más pequeños necesitan de la presencia activa de los mayores. Cómo actuar frente a una situación traumática. La importancia de trabajar en conjunto con la escuela.

La muerte de un ser querido siempre es un momento doloroso, triste, desesperanzador y traumático para los adultos, pero también para los niños. Nos sentimos decepcionados, enojados, contrariados. Sin embargo, a diferencia de los más grandes que suelen tener una mayor maduración y experiencia para atravesar los duelos, los más chicos necesitan de la presencia activa de los mayores a la hora de transitar por esos momentos complicados que les toca afrontar.

Valeria Schwalb, licenciada en Psicología, explica que para tratar este tema con los más chicos, sería importante que los adultos puedan realizar un trabajo interno, un recorrido personal en relación a las propias pérdida ya que cada persona vive una historia de pérdidas en su vida que marca un modo de pararse frente a ellas, y de transmitirlas a sus hijos.

“Muchos adultos, a pesar de saber que los seres humanos nos morimos, niegan totalmente la muerte como un hecho posible, La creencia fantaseosa de la inmortalidad conduce a vivir la muerte con mucho enojo, sorpresa, incredulidad. Algunos no la nombran, con el intento inmaduro de no convocarla. El modo de reaccionar frente a la muerte es muy individual y relacionado con la propia historia. Pero lo que tenemos que saber es que el duelo es un proceso normal que es necesario poner en marcha frente a la pérdida de un ser querido”, dice Schwalb, autora del libro Todos somos resilientes”: niños y adultos pueden superar hasta el dolor más profundo”.

Dolores Galán, terapeuta familiar especializada en niños y miembro de la Escuela SistémicaArgentina (ESA), explica que la reacción del niño ante el fallecimiento de un ser querido guarda relación directa con el parentesco que lo haya unido a esa persona.

“Si la persona que falleció es un abuelo, le podemos explicar que el cuerpo con los años se va deteriorando y, por ejemplo, su corazón dejó de funcionar. Si es una persona más joven le podemos explicar algo de lo que le ocurrió. Si es que fue una enfermedad terminal o un accidente, aunque nos cueste, debemos intentar contestar sus preguntas. Si es uno de sus progenitores, el padre vivo será quien le dará la noticia. En todos los casos, será importantísimo que el adulto esté disponible para contener a los niños y alentarlos a que expresen sus sentimientos y pensamientos al respecto”, puntualiza Galán.

La licenciada en Psicología Melina Hoijemberg explica que todo sentido que puedan elaborar acerca de lo sucedido será beneficioso en este proceso y saludable para los niños. “En esta dirección también resulta muy importante ayudarlos a recordar los momentos que pudieron compartir con la persona en cuestión, y las características sobresalientes de la misma, ya que el recuerdo también resulta un camino hacia la tramitación del duelo. Es importante también dar lugar a todas las manifestaciones emocionales que vayan surgiendo en los niños, tales como angustia o enojo. Es posible además que se los vea un poco más introvertidos o agresivos durante el primer tiempo, pero justamente el ayudarlos a ponerle palabras a lo sucedido favorecerá este proceso, así como la desaparición de tales comportamientos”, sostiene Hoijemberg, especialista en primera infancia.

La resiliencia es la capacidad que tienen los seres humanos (niños y adultos) para poder salir transformados positivamente ante una situación traumática que les toca afrontar como, por ejemplo, la pérdida de un ser querido. “Realizar un duelo resiliente nos permite acompañar a los más pequeños en la tarea de transmutar la dolorosa pena, en amor, sabiendo que podemos sentir mucha tristeza y angustia, y que eso es parte de un proceso normal que nos llevará y los llevará a salir adelante, e incluso a fortalecerse”, alega Schwalb.

Una de las claves para que los niños afronten el duelo de la mejor manera posible es que sus padres puedan conversar con los docentes y directivos de la escuela para ponerlos al tanto de la situación tratando de propiciar un marco en el que los chicos se sientan contenidos. “El colegio en este tipo de situaciones lo que hace es acompañar al niño, según sea necesario en cada caso. En primer lugar se tiene en cuenta y se respeta lo que la familia le haya informado,ya que son ellos los que se deben encargar de verbalizar tanto lo sucedido como sus sentimientos. Si se observa que el niño requiere hablar en alguna oportunidad se conversará con él en un ámbito alejado de sus compañeros, para que pueda sentirse confiado y escuchado. Siempre es importante considerar la necesidad de cada niño”, dice Natali Raimon, licenciada en Psicopedagogía.

Si el duelo se presenta como un proceso que no fue favorecido por el entorno, donde el niño no pudo expresar sus sentimientos o no accedió a la información necesaria como para poder elaborar la perdida, la psicoterapia puede ser una herramienta que podrá esclarecer y aliviar las consecuencias que producen las fantasías del niño y la falta de información, que suelen convertirse en incertidumbre, sentimientos de culpa y temor excesivo. “Pienso en un encuentro cálido , amable, coherente y sobre todo psicoeducativo para lograr la elaboración. Es un acompañamiento en el dolor, un espacio de consuelo y de expresión de los sentimientos que surgen a partir de la pérdida, tambien de información de todo aquello que inquiete al niño”, dice Galán.

Seguramente un niño que logra ser resiliente enfrentado positivamente aquellas situaciones traumáticas que debe afrontar en la niñez, con los años se convertirá en un adulto resiliente. ¿Cómo se puede potenciar la resiliencia en los más chicos? En su libro “Todos somos resilientes”: niños y adultos pueden superar hasta el dolor más profundo”,  la licenciada Schwalb propone armar un botiquín resiliente como un conjunto de herramientas necesarias para la vida. “Desde el hogar, el principal elemento para potenciar la semilla de la resiliencia es el amor, la comunicación, satisfacer sus necesidades básicas, la comprensión, el humor, la paciencia, la confianza; aceptar las diferencias; poner límites claros que generen seguridad, entre tantos otros. En el caso de un duelo puntualmente, fomentar la resiliencia comienza por permitirles expresarse, jamás silenciarlos por el dolor que nos genera a nosotros mismos. Esta expresión podría fomentarse a través del arte, acercarlos a la naturaleza, al deporte. Pero sobre todo,  debemos estar atentos a sus necesidades personales, transmitiéndoles la confianza de que estarán bien aunque ahora no lo sientan así”, propone Schwalb.

A la hora de tratar los duelos con los chicos es fundamental no olvidarse que son niños y que necesitan de los adultos, fomentar el diálogo, dar lugar a sus dudas y preocupaciones, ofrecer información acorde a su maduración, con honestidad, claridad y calidez, ofrecerles un marco de contención, respetando sus rutinas en el nuevo marco y transmitir que las personas se mueren, pero que el amor no muere jamás.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

FOTO: LA OPINION.COM


		
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s