Amistad con derecho a roce

no strings attached

Son amigos. Ninguno de ellos tiene una pareja estable y, por sobre todas las cosas, siempre que se ven terminan pasando un agradable momento. Hasta que una determinada ocasión, muchas veces sin mediar acuerdos previos, sirve como puntapié inicial para incorporar sexo a esa relación.  ¿Cómo sigue después el vínculo? ¿Qué pasa si uno de los dos se “engancha” más de lo conveniente?

El escenario ubica a un hombre y a una mujer que ya pasaron los primeros años de la juventud. Son amigos, comparten mucho tiempo juntos, van al cine o a tomar algo seguido y en algunas cuestiones suelen ser confidentes. Ninguno de ellos tiene una pareja estable y, por sobre todas las cosas, siempre que se ven terminan pasando un agradable momento. Hasta que una determinada ocasión, muchas veces sin mediar acuerdos previos, sirve como puntapié inicial para incorporar sexo a esa relación.  Amistad con derecho a roce, amigos con beneficios o amigos sexuales son algunos de los nombres con los que se clasifican a este tipo de vínculos.

De hecho, en los últimos años el cine también reflejó en un par de películas la historia de dos amigos que descubren que el sexo también es un irresistible ingrediente de placer para compartir entre personas tan cercanas y queridas. En el film Amigos con derechos” Emma (Natalie Portman) y Adam (Ashton Kutcher) son amigos de toda la vida que una mañana tienen sexo, pero para proteger su amistad deciden hacer un pacto de mantener la relación estrictamente libre, sin ataduras, sin celos, sin peleas, ni expectativas.

Débora Bottwin, licenciada en Psicología, explica que la amistad entre dos personas se construye en base a los pilares básicos de confianza, compromiso e intimidad mutua, en el cual no suele existir la atracción física y en donde fluye la comunicación en un marco de profundo respeto, compartiendo aquellos secretos jamás revelados.

“Se supone que la propuesta de tener sexo ocasional con un amigo nace de los fundamentos sobre los cuales la amistad ha ido creciendo sin incluir un compromiso de relación de pareja y además, se piensa en la inexistente implicancia emocional. De tanto que nos queremos, nos queda pequeño el título “somos solamente amigos” por eso ahora “somos amigos con derecho a roce”. Dicen entonces que este tipo de relación es óptima: no hay nada de compromisos, no se deben fidelidad, no hay obligaciones, ni exigencias, ni posesión. Hay libertad y el sexo es de lo mejor porque se conocen al ciento por ciento, saben de sus preferencias”, sostiene Bottwin, miembro de la Fundación Buenos Aires.

La ausencia de compromisos sentimentales previos con otras personas, gustarse, tenerse ganas y estar dispuestos a cruzar la línea del ser solamente amigos y volverla a pasar para regresar a la situación inicial son algunas de las características que definen a estos vínculos.

“Mi opinión personal es que es una manera encubierta de ser una pareja y no asumir ningún compromiso afectivo con el otro. Pienso que es una estrategia (no consciente, claro) de ser o tener una pareja y al mismo tiempo pensar que esa “relación” no genera efectos. Pienso que no hay sexo entre amigos, que se sale de un escenario para meterse en otro, aunque sea un rato. Si dos amigos tienen sexo, en el momento de tenerlo no son amigos con código de amigos, son una pareja”, opina la psicóloga Graciela Fernández, terapeuta de pareja y familia.

“La época no hace más que alienarnos a formas de enlaces que nos alejen de la experiencia amorosa y este invento de los ADR no deja de tener éxito.
Pero es una contradicción pensar en la amistad sin amor y sin compromiso ya que ninguna amistad es posible sin afecto sincero”, puntualiza Any Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional. 

Los condimentos para este tipo de experiencias resultan sumamente atractivos: pasar un buen momento con una persona querida, disfrutar de la intimidad con alguien con quien no suele haber inhibiciones,  no quedarse pendientes ni preocupados por los planes para los próximos días ni ansiosos por escuchar el sonido del teléfono como modalidad de agradecimiento por el momento vivido.

Si bien hay muchas personas que pueden mantener este tipo de relaciones por un largo tiempo, hay otras que se involucran mucho más allá del mero hecho de pasar un agradable momento con una buena compañía y lo que más temen es desarrollar sentimientos más intensos y profundos y no ser correspondidos. De hecho, en la película mencionada Adam comienza a sentir otro tipo de sentimientos sobre su amiga y hasta le propone tener una cita, dejando de lado el sexo,  tratando de vivenciar cómo podría ser una relación con mayor compromiso y con otros matices de la que estaban viviendo.

“No todas las personas pueden jugar este juego. La mayoría tiende a traspasar los límites, los acuerdos no alcanzan y se generan confusiones porque en verdad, ningún lazo sexual está desprovisto de emoción. En general, se mezclan los sentimientos y aparecen los celos, la desconfianza, los enojos”, dice Bottwin.

“Pienso que lo más probable es que uno de los dos se enganche más en la situación y tema ser rechazado si lo plantea. La gente más emocional no toleraría este tipo de relaciones donde lo que lo que se propone es la distancia al compromiso y a tener en cuenta al otro. Lo importante es poner los problemas sobre la mesa y conversar sobre ellos, es la mejor solución. Hablar del tema, de lo que está pasando, sin reproches dado que hubo un acuerdo para iniciar el cambio de escenario”, sugiere Fernández.

Por eso, a la hora de pensar en conformar este tipo de vínculos lo esencial es tener en claro qué tipo de vínculo los une hasta ese momento y qué tipo de relación van a incorporar a partir de ahora en adelante, teniendo claro los costos y los beneficios que esa decisión les puede ocasionar. Y lo más importante es dejar en claro las reglas antes de comenzar a jugar este juego.

“Nos conocemos mucho sin que ninguno tenga expectativas sobre el otro”

Al poco tiempo de haber terminado un noviazgo, en uno de sus viajes como fotógrafa María Celia (38) conoció a un hombre de 41 años que estaba intentando separarse de una mujer de la que se había enamorado pese a que la relación no funcionaba.

“Enseguida pegamos muy buena onda y empezamos a hablar de muchas cosas, con mucha naturalidad. Con el tiempo nos hicimos muy amigos y empezamos a vernos más seguido.  Así empezó la historia, siguió un poco de histeriqueo y como entendí que la cosa era mutua un día terminamos teniendo sexo. Y fue genial”, cuenta.

Después de ese primer encuentro íntimo la relación de confianza y complicidad continuó latente al tiempo que cada tanto suelen rememorar lo sucedido con una dosis de pasión.

“Muchas veces hemos ido a cenar o a tomar algo sin tener sexo, sólo para charlar un rato o pasar un momento relajado con alguien.  Al principio, mi miedo era terminar enganchándome. Pero no ocurrió así. Se dio una relación en la que los dos nos sentíamos bien en ese ámbito de intimidad. Nos conocemos mucho sin que ninguno tenga expectativas sobre el otro. Para mí, fue todo un descubrimiento elegir y saber que quiero que esa “relación” permanezca de ese modo. Y esto es real”, dice María Celia.

PUBLICADO EN REVISTA LUZ

FOTO: moriacity.blogpost.com

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