“El momento más lindo fue cuando me reencontré con mi familia”

DSC06701

Ariel Perretta fue secuestrado y liberado tras 16 días de cautiverio. Para tratar de entender qué fue lo que le pasó y para poder salir adelante tras estar 16 días secuestrado,  tuvo cinco encuentros con un psicólogo, aunque está convencido que la mejor terapia es la familia.

Ariel Perretta (27) aguarda en la sala de reuniones de Masterfilt, la empresa familiar en la que trabaja que produce filtros de aire para automóviles en Villa Madero (Pcia de Buenos Aires). Tras preparar un par de pedidos y atender a algunos clientes, posa para la foto delante de la camiseta aurinegra de Almirante Brown, el club de sus amores, que luce en un hermoso cuadro. Enseguida, comienza a relatar la historia de su secuestro que, gracias a Dios, puede contar y tiene un final feliz.

Ariel cuenta que con 24 años su vida, previo al secuestro, era como la de cualquier joven de su edad. Trabajaba, salía con amigos y estaba de novio. El último verano había viajado a Brasil y todos los sábados iba a la cancha a ver a Almirante Brown.

Su primer intento de secuestro ocurrió una mañana cuando, yendo al trabajo, le cruzaron un auto. En ese momento pudo escapar y pensó que sólo se trataba de un intento de robo.

Sin embargo, a los pocos meses ese susto se hizo realidad. La mañana del 10 de abril del 2008 Ariel se dirigía, a bordo de su Peugeot 206 negro,  a su trabajo y a unas pocas cuadras de llegar dos autos se le cruzaron y el suyo quedó entre medio de ambos. Inmediatamente del primer vehículo se bajaron tres hombres que lo apuntaron y lo hicieron bajar de su auto. Enseguida lo taparon con una bolsa de residuos y le pidieron que lo llamara a su padre por el celular para comunicarle que había sido secuestrado y que en lo sucesivo recibiría más instrucciones de parte de los raptores.

“No sabía como decirle a mi viejo para que no se pusiera nervioso. Le conté lo que había pasado y a los pocos segundos agarraron mi celular y lo tiraron. Después me encerraron en el baúl, me quitaron la billetera y otras pertenencias En ese momento se te cruzaban muchas cosas por la cabeza porque estaba en manos de personas que no piensan y sentís que no vas a volver nunca más, que te van a matar. Tenía mucho miedo, estás al acecho de personas que no tienen corazón”, recuerda.

Ariel cuenta que cuando llegaron a su lugar de cautiverio (una vez que recuperó la libertad supo que era por el partido de Tigre) los secuestradores le colocaron una capucha y lo pusieron contra la pared. Más tarde, le preguntaron cuanta plata tenía su padre y le mencionaron varias veces el nombre de la empresa por lo que de inmediato supuso que el suyo no era un secuestro al boleo.

La casa en la que estuvo preso de su libertad era muy precaria, con ladrillos huecos sin revocar. “Estuve encadenado a una pared con un colchón con mucho olor a pis, las frazadas también olían muy mal. Tenía un tacho para hacer mis necesidades y no se veía nada, estaba todo muy oscuro”.

Hasta el segundo día de su cautiverio, cuenta que estuvo en todo momento con la capucha puesta, hasta que logró convencer a su cuidador que se la quitara ya que, le dijo, de esa forma se sentía ahogado.

Si bien reconoce que la persona que lo controlaba no le pegó en ningún momento y que recibió buena comida como guisos y asados, los días se le hicieron interminables y no vio la hora de volver a encontrarse con sus seres más queridos.

“Estás en un lugar que no podés hacer nada. Me miraban para que no me escapara, pero era imposible, tenía una cadena atravesada de pared a pared. Pensaba mucho en mi familia, en mis amigos, en mi novia de ese entonces, quería que la pesadilla terminara ya. Confiaba en lo que podía hacer mi viejo y creía que él lo iba a solucionar todo. También pensé mucho en mis abuelos que ya no estaban, rezaba todos los días”.

Uno de los últimos días que estuvo secuestrado, Ariel padeció una crisis de nervios. Pidió algo para calmarse y relajarse y le dieron medio Rivotril. Al día siguiente continuó con ese estado pero esta vez le entregaron un comprimido entero que resultó muy fuerte para él. Cuenta que al día siguiente, cuando se levantó, sus piernas no le respondieron y que hasta se hizo pis encima.

Reconoce que en ese momento estaba muy nervioso porque los secuestradores le decían que faltaba poco tiempo para el momento de su liberación, pero que el no “aguantaba más”  y que sólo pensaba en cómo sería ese momento y en qué circunstancias recuperaría su libertad.

Para ese entonces, Ariel no había vuelto a hablar con su padre, que sólo había recibido una prueba de vida suya: le dejaron una carta que él le había escrito en donde le expresaba que lo quería mucho y que lo disculpara por una discusión que habían tenido días antes del secuestro.

Volver a nacer

La madrugada del 27 de abril de 2008 fue seguramente uno de los momentos que Ariel jamás olvidará en su vida. Era de noche, él estaba apunto de acostarse a dormir tras haber tomado un mate cocido. De repente, recuerda, escuchó desde lo lejos que una persona repetía su nombre una y otra vez. Inmediatamente, ingresó un oficial de policía, junto con el gobernador Daniel Scioli. “Cuando observé que entraba la policía empecé a sentirme seguro, pero el momento más lindo de todo fue cuando me reencontré con mi familia”, se emociona.

En ese mismo momento, lo trasladaron en helicóptero hasta  Ciudad Evita donde aguardaba su familia. “Estaban mis viejos y mi hermana, no podía creer que estuviera con ellos, nos abrazamos y no paramos de besarnos”.

Al día siguiente, sus padres le contaron que finalmente no se pagó rescate por el secuestro, que existieron tres o cuatro llamados extorsivos pidiendo tres millones de dólares por su liberación y que principalmente su familia estuvo muy acompañada por amigos y vecinos que no los dejaron solos en ningún momento.

Para tratar de entender qué fue lo que le pasó y para poder salir adelante tras estar 16 días secuestrado, Ariel tuvo cinco encuentros con un psicólogo, aunque está convencido que la mejor terapia es la familia.

 “Salgo mucho con mis amigos y hablo del tema. Con ellos puedo hacer tranquilamente mi catarsis”, dice. “Con mi tío Cacho nos juntamos cada tanto a tomar un café y hablamos de cómo está cada uno, eso para mí es un cable a tierra”.

A los pocos días de ser liberado recibió con enorme alegría el llamado de Blas Armando Giunta, el técnico de su querido Almirante Brown, que lo felicitó por la noticia y lo invitó a la cancha para el sábado siguiente. En ese partido, Ariel posó junto a los jugadores de la institución, quienes le obsequiaron una remera, un banderín y una plaqueta que le agradecía por el incondicional apoyo que él y su familia manifiestan por el equipo de Isidro Casanova.

Ariel sostiene que, dentro de todo, la recuperación estuvo bien, que ahora sale a la calle tranquilo, pero que toma precaución y que si observa algún movimiento raro pega dos vueltas con el auto y que si se está por poner la luz roja del semáforo trata de ir frenando de a poquito y aguantar detrás de otro auto, dejando una separación entre ambos vehículos.

“No tuve miedo de salir a la calle tras el secuestro, sólo los primeros días. Sólo estaba pendiente del horario en que llegaba mi novia a mi casa. Lo que si me costó es volver a trabajar, pero con las charlas familiares pude salir adelante. Hoy tengo el mismo trabajo que tenía antes del secuestro. Me sigo levantando a la misma hora, salgo a la misma hora de casa, y eso está bueno”.

En mayo del 2010 se realizó el juicio por su secuestro y cinco de los acusados recibieron penas de entre cinco y 20 años de cárcel y otros dos sospechosos fueron absueltos porque no se pudo comprobar su participación en el hecho. “Sentí mucha satisfacción por las condenas porque también se pudieron aclarar otros secuestros que no estaban aclarados”, afirma.

De la amistad al amor

A los pocos meses de ser liberado, Ariel terminó su relación con quien hasta ese momento era su novia. Desde que era adolescente, compartía salidas con dos chicas que eran sus mejores amigas: Marilina y Natalia. Iban al cine, a comer, miraban películas en su casa o en la de ellas. Eran los tres muy compinches.

Una noche, las invitó a cenar a su casa y como Marilina tuvo otro compromiso finalmente sólo asistió Natalia. “Siempre tuve onda con ella y aproveché la situación de que estábamos solos y le dije lo que me pasaba. Desde ese momento empezamos a salir y nos pusimos de novios”.

Ese amor que sienten el uno por el otro los transformó en marido y mujer en abril del 2011. Y en un corto plazo tienen pensado ampliar la familia. Ariel dice que está muy enamorado y que en el futuro le encantaría poder ayudar a su mujer en algún proyecto que esté relacionado con trabajar con chicos ciegos, su especialidad.

“En rasgos generales llevo una vida normal. Hablo con la gente, no siento temor. Después del secuestro no cambié en nada, sigo siendo el mismo. Soy una persona muy feliz gracias a mi familia, amigos y mi señora y me considero una persona muy afortunada por tener lo que tengo”.

ESTA ENTREVISTA SE PUBLICÓ EN LA REVISTA MÍA Y ES UNA DE LAS 25 HISTORIA QUE COMPONEN “VIDAS QUE ENSEÑAN”, MI PRIMER LIBRO QUE PUBLICÓ LA EDITORIAL DEL NUEVO EXTREMO.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s