Sindrome del auto-sabotaje

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Hay quienes se hacen daño, de manera consciente o inconsciente, a raíz de sus propias barreras. Baja autoestima, miedo a ser rechazados, a fracasar, a triunfar, a no ser amados, a exponer y reconocer los propios deseos, a mostrar nuestras propias capacidades, temor a la responsabilidad, al compromiso y a las pérdidas son alguno de los síntomas.

 

Tras fumar durante más de 20 años, Jimena (47) tomó la decisión de abandonar ese vicio, especialmente porque en su familia existían antecedentes de enfermedades pulmonares severas a raíz del consumo de tabaco. En un comienzo hizo todo lo que le recomendaron: asistió a grupos de autoayuda, salió a caminar, hizo deportes y trataba de no tener ceniceros a su alcance, mientras realizaba una terapia con una analista que le habían recomendado para tratar de entender las resistencias que le impedían suspender la adicción. Y dejó de fumar. Sin embargo, a los pocos meses, a raíz de un inconveniente personal, decidió dar una pitada, luego fue un cigarrillo que después se transformó en un paquete. Irremediablemente volvió a caer en su antiguo vicio sin poder controlar la cantidad de cigarrillos que empezó a consumir por día.

El ejemplo de Jimena es una de las tantas situaciones en que hombres y mujeres, de todas las clases sociales,  se topan con el llamado síndrome de auto-sabotaje, que tiene como características principales fallarse a sí mismos, procurándose obstáculos para no alcanzar lo que se quiere.

“Se denomina auto-sabotaje a un conjunto de características personales, algunas conscientes y muchas inconscientes, que dan por efecto y resultado una multiplicidad de actitudes dañinas, dolorosas que ciertas personalidades se auto ocasionan, se auto-infringen. Tiene su origen en la negación y en la represión de los verdaderos deseos y necesidades”, explica Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Y agrega: “Todos tenemos la posibilidad de auto-engañarnos, excusarnos, y creer en las justificaciones que nos hacemos a nosotros mismos, con las consiguientes alteraciones en los vínculos personales y laborales”.

Por lo general, son pocas las personas que pueden reconocer su propia incidencia en el acto de auto-sabotearse y suelen depositar esos fracasos en la responsabilidad de los otros.

“Reconocer el auto-sabotaje exige un trabajo de autoconocimiento, una revalorización de los propios deseos, una resignificación de las situaciones por las que atraviesa descifrando patrones de conducta establecidos que los lleva siempre a los mismos resultados. El auto-sabotaje genera un gran sufrimiento en quien los padecen principalmente porque no reconoce lo que le está pasando y, por lo tanto, está más propenso a sufrir las pérdidas entre las que puede contarse: parejas, trabajos, títulos profesionales,  buenos resultados en los exámenes, buena apariencia física, salud física y psíquica, bienes personales y amistades”, expresa Viviana Sánchez Negrette, especialista en terapia familiar.

Alguien que justo no vio el mail donde convocaban a presentarse a un concurso clave donde le notificaban plazos y condiciones, otra persona que llegó tarde a una entrevista de trabajo, aquél que no cumplió con los plazos de inscripción a la Facultad, no presentarse a un examen aun sabiendo que estudió lo necesario para salir airoso de la evaluación o cuando se decide cancelar una reunión de negocios o una cita, son algunos ejemplos de la vida diaria en los que se puede identificar este tipo de comportamientos que perjudican notablemente la autoestima de quienes lo padecen.

“Las fantasías inconscientes pueden ser de distinta índole: “si tengo éxito me van a envidiar”, “no puedo ir más lejos que mi padre o mi madre”, “no tengo que opacar a mi marido”, “no me lo merezco”, “no me esforcé lo suficiente”, “no corresponde rivalizar con mis hijos,  “no está bien disputarle el lugar a otro”, “no voy a pelear con las mismas armas”. Como se ve, son todos enunciados negativos, un mecanismo defensivo clásico llamado negación. Si tachamos el “no” podemos poner a trabajar lo afirmado y descubrir deseos inconscientes que sólo pueden expresarse en positivo.  Si logramos hacerlos conscientes, sin falsos pudores o temores, tenemos la chance de advertir que cada uno es responsable de su deseo”, afirma Lila Isacovich, Directora Asistencial de la Fundación Buenos Aires.

Baja autoestima, miedo a ser rechazados, a fracasar, a triunfar, a no ser amados, a exponer y reconocer los propios deseos, a mostrar nuestras propias capacidades, temor a la responsabilidad, al compromiso y a las pérdidas son alguno de los síntomas del síndrome del auto-sabotaje.

¿Cuáles son los orígenes de estos comportamientos? “Normalmente devienen de una baja autoestima que impide a quien lo sufre pensarse como capaz de lograr sus propios deseos. Normalmente tiene que ver con una crianza infantil basada en establecer una gran dependencia mutua de hijos con padres que no les permiten el despegue hacia el mundo externo. En estas familias no se suele validar al hijo en sus actos que implican,  por ejemplo, madurez, habilidad o inteligencia ya que este reconocimiento les daría una autoconfianza sobre la cual construir su independencia”, responde Sánchez Negrette.

Las manifestaciones de este trastorno puedes ser físicas (un accidente en vísperas de un cambio de trabajo) pero también pueden aparecer componentes psicosomáticos: fiebre, insomnio, angina, calambres o malestares varios.

Además pueden sucederle  trastornos psicológicos como la culpa, no alegrarse de las buenas noticias que le acontecen o sentirse incómodos. “Socialmente suelen considerarse y llamarse personas abnegadas, sufridas y ello suele ser muy bien visto, pero el reverso de este aspecto es que se ubican en el centro de todo lo que sucede  de negativo  a su alrededor y allí se arma un circuito que para reparar el supuesto daño ocasionado, vuelve a sacrificarse, sufrir, abnegarse”, sostiene Guraieb.

A la hora de buscar una solución para este problema, lo fundamental es reconocer que esta situación opera inconscientemente en estos individuos y conspira a la hora de poder obtener logros y resultados en las distintas áreas de la vida.

“Al ser un supuesto inconsciente, es imposible advertirlo sin la ayuda de alguien capaz de “escucharlo” en lo que enunciamos, porque no se trata de lo que decimos, sino de las resonancias de ese decir. Allí se requiere el oído del analista, entrenado como el del músico”, propone Isacovich.

“El primer cambio comienza cuando la persona comprende los mecanismos que los llevan siempre a los mismos resultados. Esta comprensión si bien viene acompañada por un intenso dolor por las pérdidas a las cuales se ha sometido, también viene con una carga de esperanza de revertir en algún grado estos resultados. La persona comienza a sentirse verdaderamente dueña de sí misma y con mayor conciencia de sus actos y de sus deseos y de los medios que decidirá poner en juego para lograrlos”, culmina Sánchez Negrette.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: TARINGA.NET

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