Las huellas de la violencia familiar en los niños

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Los niños que son víctimas o testigos de violencia familiar suelen presentar un llanto fácil sin ningún motivo, conducta agresiva o destructiva, depresión crónica, trastornos del sueño, regresión en el control de los esfínteres y en el lenguaje, conocimiento sexual y conducta inapropiada para la edad e irritación.  ¿Cómo protegerlos y ayudarlos?

Antonio (11) es un nene curioso, inquieto, un tanto desafiante pero muy querido por sus compañeros. Una mañana llega a la escuela cabizbajo y demasiado abrigado para la época del año en curso. Cuando termina la evaluación se acerca a su docente para entregarle la hoja. Ella observa que el niño tiene una pequeña dificultad para caminar. “¿Qué te pasa Antonio?”, le pregunta. “Nada”, le responde. “Nada más tuve una situación complicada con mi papá anoche”, agrega. Ese escenario no era la primera vez que se producía en su casa. Su papá, enfurecido por sus bajas notas y porque había perdido algunos materiales escolares, le había propinado varios golpes en las piernas, en los brazos y en la espalda. Con vergüenza, Antonio se levantó el buzo para mostrarle a la maestra las marcas del dolor.

Este caso es uno de los tantos ejemplos de violencia familiar que sufren los niños de todos los espectros sociales, ya siendo protagonistas principales o testigos “privilegiados” de las agresiones verbales y físicas que se desarrollan en el hogar.

“La violencia familiar es cualquier acción que provoque tanto dolor o abuso físico o psíquico por parte de un miembro de la familia hacia otro. Puede ser ejercida por el  padre o madre, o familiar cercano (abuelos, tíos) sobre una madre o padre. Y en caso de que se ejerza sobre un niño es maltrato infantil específicamente. La violencia tiene el fin de intimidar o de provocar un daño en el otro. No es sólo una agresión aislada. Es un comportamiento, un estilo de funcionamiento y de ser que se repite. No es un hecho aislado, son varios que se van concatenando y a veces uno de los padres, desde la pasividad y el miedo, se hace cómplice de la situación”, explica Alejandra Libenson, Psicóloga y Psicopedagoga, Especialista en educación, crianza e infancia y Autora del libro Criando hijos, creando personas”.

Los niños que son víctimas o testigos de violencia familiar suelen presentar un llanto fácil sin ningún motivo, conducta agresiva o destructiva, depresión crónica, trastornos del sueño, regresión en el control de los esfínteres y en el lenguaje, conocimiento sexual y conducta inapropiada para la edad e irritación.

“Los niños viven esto como un ataque a su autoestima, es como si se frenaran en la etapa evolutiva que les tocaría vivir, y muchas veces al ser testigos de violencia asumen otros roles que no les tocaría asumir, por ejemplo, ser el salvador de su mama, cuidarla, cuando el agresor no está, entenderla y escucharla como si ya fuera otro adulto. Los sentimientos son de desesperanza, sólo esperan castigo y rechazo de parte de sus familiares y pares y presentan un alto grado de desconfianza”, expresa Miriam Aragones, psicóloga clínica especializada en violencia y autora del libro “Redes Invisibles”.

“Si bien soy cauta con las generalizaciones suelen observarse niños temerosos, asustadizos, sumamente inseguros en aquellos niños que viven las situaciones de violencia familiar desde una posición más sumisa. En otros, predomina una conducta desafiante, impulsiva, provocadora, intolerante cuando se replica en el entorno aquello que padece en el contexto familiar”, comenta Nora Steindl, psicóloga clínica, asesora de instituciones educativas en relación a la convivencia escolar y autora del libro Tutoría y prevención de situaciones de violencia”.

En relación a los adolescentes sometidos a situaciones crónicas de violencia intrafamiliar, presentan un debilitamiento de sus defensas físicas y psicológicas, lo que conduciría a un incremento de los problemas psicofísicos, sumado a todos los cambios y situaciones nuevas que deben enfrentar. Depresión, ataques de pánico, ideas suicidas, anorexia, bulimia y otras conductas adictivas son alguno de esos síntomas que pueden aparecer en esos casos.

¿Cómo influye esta situación en la vida diaria de estos chicos? “Hay consecuencias a corto, mediano y largo plazo.  Los testigos de la violencia pueden padecer de recuerdos y sueños patológicos, ansiedad de separación, enfermedades psicosomáticas a repetición, problemas del dormir, falta de atención en la escuela, hiperactividad, desapego emocional, agresividad hacia congéneres o animales, y otros trastornos diversos. Pero también hay chicos que habiendo sido testigos de violencia desarrollan  recursos de auto preservación transformando el trauma en un aspecto positivo”, responde lalicenciada Silvia Feitelevich, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Algunos adultos que durante su infancia fueron sometidos a castigos y a violencias, donde vivieron en un ambiente de falta de valorización  a veces sin darse cuenta, repiten estas acciones esta vez de manera activa con sus propios hijos.  “Es importante que como adultos asumamos las responsabilidades de nuestros actos y la asimetría en la relación con los hijos para que ellos puedan vivir su infancia de la mejor manera posible y no temiéndole a quien más lo debería amar y proteger. Con una vivencia de violencia sobre sí mismo o tal vez familiar, lo que aparece como básico es el desamparo, lo expuestos y vulnerables que están todos. Y lo más probable que puedan llegar a ser adultos violentos o sometidos a violencia si no se interviene a tiempo”, opina Libenson.

A la hora de pensar en la recuperación de estos chicos, es fundamental tener en cuenta la importancia de abordar estas situaciones de violencia en forma multidisciplinaria, tomando en cuenta al núcleo familiar más cercano, a otros familiares de la víctima, como así también a los docentes y al gabinete de psicopedagogía del establecimiento escolar.

“La violencia recibida pasivamente el niño puede trasladarla a la escuela –peleándose y agrediendo a otros chicos. Copian, imitan, se identifican con el agresor, sin darse cuenta y con lo que viven aunque no sean violentos pero se  comportan como tales. Por eso, es importante intervenir y trabajar desde las instituciones educativas cuando detectan violencias. Que los equipos de orientación escolar, los tutores, la psicóloga o psicopedagoga de la escuela pueda intervenir haciendo de  nexo o puente entre la escuela y la familia. Y si la situación es grave, asesorarse jurídicamente para tomar las medidas necesarias para proteger al niño”, dice Libenson.

“Los docentes muchas veces son las piezas principales dentro de un equipo interdisciplinario, porque suele suceder que algunos niños, les cuenten a ellos lo que está sucediendo en su casa. De esta manera, el maestro debe explicarle al menor que es muy importante que sepa que él no tiene la culpa, que la responsabilidad es de los mayores y esto permite, a veces, una mayor expresión y comunicación y de esta manera se logra romper el círculo del famoso “secreto familiar”, puntualiza Aragones.

Es fundamental escuchar y dialogar con los niños para que los menores puedan expresar con palabras o mediante dibujos u otras actividades manuales la situación de violencia que reciben en sus casas y protegerlos en un marco de contención, cariño, afecto y exculpándolos de la situación crítica que traen de sus hogares.

SÍNTOMAS

En la Escuela:

Cambios bruscos en la conducta escolar.

  • Llegar temprano a la escuela y retirarse tarde.
  • Ausentismo escolar.
  • Conducta agresiva o destructiva.

 

En sus relaciones interpersonales en general:

Falta de interés en actividades.

Mal humor.

Desinterés en entablar relaciones nuevas.

Problemas referidos al sueño.

Temor a estar solos (por su falta de confianza en si mismos).

Regresiones en el lenguaje, tartamudez, etc.

Enuresis y Encopresis.

Vínculos con sus pares, de explotación o sumisión, ansiedad persecutoria.

 

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: www.elestenoticias.com

 

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