“El Parkinson me convirtió en un tipo que hizo cosas que nunca hubiera hecho si no se hubiera enfermado”

JAVIER LOMBARDO 2

 

A mediados del año 2008 al actor Javier Lombardo le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson, una situación impensada que lo obligó a replantearse muchas cosas y a modificar sus planes. Los poemas contando sus miedos y sus preocupaciones en medio de tanta tristeza fueron vitales para salir adelante. La importancia de tener entusiasmo y proyectos. ¿Cómo es actualmente su vida?

Si bien tenía una reconocida trayectoria en cine, teatro y televisión, el actor Javier Lombardo (54) se había hecho más popular en el año 2004 interpretando al carismático sacristán, amigo de Facundo Arana en “Padre Coraje”. Después de ese gran éxito participó en “Doble vida” en América TV y en “Cuentos de Fontanarrosa” en la televisión pública, entre otras tantas apariciones en el mundo del espectáculo. Sin embargo, una dolorosa noticia cambiaría su vida para siempre.

Corría el año 2007 y se encontraba haciendo “El capo” junto a Miguel Ángel Rodriguez por Telefé cuando comenzaron los primeros síntomas. Su brazo derecho comenzó a estar rígido y a los pocos días se dio cuenta que no podía mover los dedos de esa misma mano. Lo primero que pensó fue que se trababa de un problema de la cervical. Como esas sensaciones continuaron,  a principios del 2008 decidió visitar un neurólogo. Luego a otro, hasta que llegó el tercer especialista que le anticipó que padecía de Parkinson. A las pocas semanas el diagnóstico confirmaría esa presunción.

“Cuando recibí la confirmación de que tenía Parkinson estaba acompañada de mi mujer. Nos fuimos a un bar, nos dimos la mano y lloramos juntos. En ese momento fue como si me hubieran pegado un hachazo en medio de los ojos, se me apagó la luz y pensé que todo se había terminado. Tenía información muy superficial, me metía en internet y lloraba con las cosas que leía. Veía gente que andaba en silla de ruedas, que no podía caminar, que temblaba, entonces pensé que se me acababa la vida porque yo era actor y no sabía cómo iba a seguir de ahí en más”, rememora a la distancia.

Uno de los momentos más difíciles al principio de la enfermedad, recuerda Javier, fue cuando le tuvo que transmitir la noticia a sus hijos que en ese momento tenían nueve y siete años.  Una tarde de septiembre se sentaron los cuatro en la mesa del comedor. Junto a su mujer les explico que padecía una enfermedad, que no era mortal, pero con la cual iba a tener que convivir durante muchos años. En ese momento los cuatro se abrazaron y lloraron. Hicieron catarsis, pero al poco tiempo lograron dar vuelta esa página y continuar cada uno con su vida.

“El primer año estuve depresivo. La rutina era pensar en Parkinson las 24 horas del día. Me preguntaba una y otra vez por qué me había enfermado, qué hacía mal, me culpaba”.

Esos primeros meses donde los días se hacían esquivos y las  noches parecían interminables, Javier sacó fuerzas desde donde no las tenía para volcar en forma de poemas todos sus sentimientos, sus miedos, sus dudas y sus esperanzas en relación a su enfermedad. Y al poco tiempo toda esa recopilación se transformó en su primer libro: “Poemi”. “Ese libro surgió de un dolor tan intenso que yo no podía controlar nada y la poesía tiene la facultad de, que como no es muy intelectual, lo que te pasa adentro, generalmente si a uno le arde algo, las cosas salen. Hoy lo veo a la distancia pero eso lo había escrito en el momento más álgido de mi vida, pero hoy puedo ver que esos poemas me salvaron. Si yo no los hubiera escrito me hubiera tirado por el balcón”, confiesa. “Yo le digo a la gente que si puede pintar, escribir, hacer música o esculpir una escultura, que lo hagan porque el arte es muy terapeútico y ayuda”, se anima a recomendar.

Mientras realizaba el duelo, la misma enfermedad lo fue llevando por el fascinante mundo de la lectura, especialmente de aquellos libros que hacían referencia a cómo transformar la vida luego de atravesar períodos de dolencias físicas y emocionales. Y el que más le impactó fue “La enfermedad como camino” del psicoterapeuta alemán Rudiger Dahlke. “Sin darme cuenta estaba apasionado por el misterio de la enfermedad, eso fue darme cuenta que la enfermedad era una señal muy clara de que algo estaba mal, de que algo tenía que cambiar, había perdido el humor, no era feliz”, reconoce.

Durante los dos primeros años Javier decidió no tomar la medicación contra esta enfermedad porque, dice,  tuvo la suerte de cruzarse con un orientador macrobiótico que le propuso realizar una dieta para limpiar su organismo. Desde el 2010, sin embargo, comenzó a ingerir Levodopa, el precursor metabólico de la dopamina, es el medicamento aislado más eficaz en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson.

“El día a día es vivir con una bomba de tiempo adentro de uno. Un día te podés levantar bien y a las dos horas te empezás a poner duro y decís ¿que pasó?, si estoy haciendo las cosas bien pero, de repente, una situación emocional te disparó una cosa que no podés controlar. El Parkinson tiene mucho que ver con lo emocional. Uno no puede controlar los sentimientos, de repente discutís con tu mujer, ya te rallaste, ya te pusiste duro, ya no podés caminar. Es vivir con eso, con ese límite con una enfermedad crónica que te hace estar despierto las 24 horas del día. Lo mismo que te limita es lo que te da fuerzas para decir yo voy a vencer esto. El dolor es lo que te da la fuerza para vencer ese dolor, creo que hay que agradecer todo lo que nos pasa, aunque no todo sea positivo”.

Javier afirma que el click en su caso no fue de un día para otro, sino que es algo que se fue dando en medio de un proceso en el cual empezó a comprender que uno de los fármacos más poderosos para cursarse es el entusiasmo. “Cuando uno está entusiasmado con algo y tiene proyectos se está curando, cuando uno se queda sin proyectos te vas muriendo. Yo le digo a la gente que se enferma que no sé lo que tienen que hacer, pero lo que no tienen que hacer es quedarse como víctima porque eso te tira para abajo y es como que te vas muriendo. La actitud es muy importante en la enfermedad”.

Javier cuenta que lo anecdótico de su enfermedad es que durante esos primeros momentos de enorme dolor todavía no era consciente de los cambios que traerían aparejados en su nueva vida. “Sin embargo, siete años después puedo decir que eso me convirtió en la persona que soy: en un tipo que hizo cosas que nunca hubiera hecho si no se hubiera enfermado. Hoy no estoy curado del Parkinson, pero si se quiere estoy curado espiritualmente porque estoy con ganas, he cambiado mi vida, las cosas que antes no decía, ahora las digo. Vivo más con el corazón que con la cabeza. La enfermedad viene para que vos cambies algo y si vos no te hacés cargo de eso no pasa nada”.

Cuando se refiere a que la enfermedad cambió su vida, Javier está convencido que esos cambios también tienen sus riesgos. “Yo me separé, pasaron cosas. Esto no es gratis, la enfermedad es una cosa potente. Lo que te puedo decir hoy es que ese momento que antes era trágico ahora lo veo completamente diferente. Mis prioridades cambiaron: hoy es hacer lo que yo quiero hacer, sin demoras. Y no estoy tan pendiente de cosas que estaba antes como, por ejemplo, la plata. Hoy estoy viviendo al día pero estoy contento con lo que hago, antes pensaba en ganar plata pero no estaba tan contento con lo que hacía”.

Y si de proyectos y sueños se trata, hace unos tres años creó en Facebook el grupo “El faro del alma” (la metáfora es que la enfermedad fue un faro que le  mostró que en la oscuridad del dolor siempre hay una luz que lo guía) con la idea de apoyar un documental que finalmente no salió. En ese momento contó con seis seguidores. Él publicaba contenido de libros o frases que había leído y observaba, sorprendido, que todos los días recibía nuevas solicitudes de amistad. Ahí se dio cuenta que estaba pasando algo. Entonces se animó a publicar poemas suyos, se acercó más gente y actualmente el grupo tiene 15.000 personas.  “Se transformó en un grupo de contención, participa gente de toda la Argentina y de países limítrofes”, cuenta orgulloso.

Y como consecuencia de ese grupo virtual que crece día a día y motivado por un amigo decidió tener su propio programa con ese mismo nombre que se emite los sábados de 1 a 2 de la madrugada por radio América, AM 1190. “Faro del Alma no es un programa sobre medicina, espectáculos, sociedad, cultura ni humor; aunque sí podemos afirmar que tiene un poco de cada uno de estos condimentos”.

Actualmente Javier está manteniendo reuniones con productoras para poder llevar a la televisión su programa “Por qué a mí”, cuyo piloto ya fue grabado en el que en cada capítulo se mezcla en una jugosa charla y con un formato novedoso con personas conocidas que como él también salieron adelante pese a atravesar situaciones traumáticas.

“Básicamente me di cuenta que la vida se vive 24 horas, me volví intenso porque me di cuenta que la vida puede terminar o cambiar en cualquier momento. Esa conciencia te la da la enfermedad. Como sabés que la vida es eso, hacés lo que querés hacer y ahora. Siempre hay metas por cumplir. No estoy aferrado a nada, antes me aferraba a muchas cosas por miedo, y lo que sé es que no hay nada seguro porque la vida te puede borrar todo de un plumazo”, afirma. Y a la hora de brindarles unas palabras de aliento a aquellas personas que se encuentran atravesando momentos de dolor les dice que presten atención porque este tipo de situaciones “es una señal de algo que te estaba pasando y vos no te diste cuenta. Si te haces cargo de eso, tu vida cambia, incluso para mejor”.

 

PUBLICADO EN PHARMAREPUBLIC.NET

 

 

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