Neosolteros: el mundo de los que disfrutan la soledad por elección

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Cada vez son más las personas que eligen vivir solas. Profesionales exitosos en su mayoría, no tienen por referente social la pareja y valoran el hecho de no rendir cuentas.

En nuestra sociedad cada vez son más los que eligen vivir solos. Se observa más frecuentemente a los singles, en diferentes formatos y por distintos motivos. Se trata de personas que no tienen en sus horizontes de expectativas formar una pareja estable y que aparentemente disfrutan de su soledad.

La escritora española Carmen Alborch define a este tipo de individuos como “neo-solteros”. Son profesionales muy calificados, desenvueltos, competentes, seguros de sí mismos. No tienen por referente social la pareja, no están obsesionados con la estabilidad económica. No renuncian a las comodidades sino que las buscan y quieren disfrutarlas. La vida en pareja no es una meta y compensan la cama vacía con el éxito profesional.

De este modo todo parecería indicar que la soledad, para muchos, ya no es lo que era antes, y esta nueva tendencia se puede corroborar en el comportamiento de estos nuevos solteros con su imagen, sus necesidades, sus expectativas, sus amores y sus necesidades de ocio; siendo dueños de uno mismo, de sus tiempos y de una supuesta mayor autonomía personal.

Si bien a este grupo de personas no se lo podría clasificar en un target específico es a partir de los 30 años (una vez que logran alcanzar ingresos que les permiten independizarse) cuando deciden tomar este tipo de elecciones.

“Entre la población de edad media, entre los 45 y 65 años, es cada vez más frecuente. Y cada vez lo eligen más hombres que mujeres, a diferencia de hace una década atrás, que eran principalmente mujeres las que vivían solas, quienes a medida que la sociedad fue madurando ha ido aceptando la mayor autonomía e independencia de la mujer.  A su vez, el hombre, en los últimos años, fue aprendiendo a ser menos dependiente de una mujer para las cosas domésticas como cocinar, lavarse la ropa, ordenar su casa, con lo que de a poco fue consolidando su capacidad para estar solo y bien”, explica la licenciada en Psicología Patricia Feldman.

“Hoy, hablar de la mujer sola es un hecho históricamente inédito, las mujeres hoy pueden moverse por el mundo sin compañía, ni hijos, ni maridos, ni familia. Casarse, encontrar al “hombre salvador” ha dejado de ser la máxima aspiración, hoy el desarrollo personal y profesional se han convertido en proyectos que interesan a la mujer, hay un cambio de valores y modelos, quiere ser independiente, profesional y afectivamente”, agrega la licenciada Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Diego (38) es soltero y desde hace 14 años vive sólo en un departamento de dos ambientes. En ese lapso tuvo una sola pareja y generalmente tiene relaciones ocasionales. “Estoy muy cómodo viviendo de esta forma, tengo una vida social bastante amplia. Tengo amigos, salgo todos los fines de semana y conozco chicas pero no me interesa una relación seria ni mucho menos traerlas a vivir conmigo”, cuenta.

Según el censo realizado en la Argentina en octubre de 2010, los lugares donde vive una sola persona aumentaron el 5,5% respecto de los datos obtenidos en 2001. Sin embargo, estos datos no alcanzarían para explicar si esta soledad es una elección o si se trataría de una decantación ante la imposibilidad de poder generar vínculos amorosos estables.

“Están los que viven en forma independiente, que no necesitan o no les interesa llegar a su casa y que alguien los espere, o tener con quién conversar a diario y compartir cosas, y los que dependen demasiado de su familia o amigos, por ejemplo, entonces no extrañan tener una pareja”, dice Ana Inés Henjes, licenciada en Psicología. Y agrega: “Si lo pensamos como una decisión a conciencia de cada persona, no debería haber sufrimiento porque es una elección propia. Cuando elegimos algo es porque decidimos no elegir lo otro; la elección implica más de una posibilidad, elegimos una, entonces descartamos el resto. Ahora bien, si eso viene a ocupar un lugar más alejado del deseo, podría ser que finalmente sea padecido”.

El colectivo imaginario podría suponer que los neo-solteros, al tomar la decisión de vivir solos deberían disfrutar de la autonomía que les genera esa elección. Pero no siempre resulta así.

“Al no estar comprometidos afectivamente con alguien a nivel pareja, sus decisiones no afectan a nadie más que a ellos mismos. Eso brinda autonomía, desde cuestiones sencillas como qué cenar o a dónde ir, hasta temas más complejos como en qué invertir el dinero o dónde vivir”; opina Henjes.

“No podría afirmar que la gente que está sola tiene mayor autonomía, creo que eso depende de ciertas cuestiones personales como la capacidad de tomar las propias decisiones, del grado de iniciativa personal, de la mayor o menor seguridad o del grado de dependencia con la otra persona y de la posibilidad de armar lazos sociales. Así nos encontramos con parejas donde se juega un margen de libertad interesante y personas que están solas sin ningún grado de autonomía”, puntualiza la Dra. Estela Allam, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Carmen (46) se desempeña como gerente de Recursos Humanos en una empresa multinacional y desde hace 25 años que vive sola y confiesa que disfruta de esa forma de vida. “Soy soltera y nunca me volví loca por enamorarme y formar una familia pese a que la mayoría de mis amigas sí lo hicieron, aunque actualmente varias de ellas están separadas. Creo que el hecho de vivir sola no me hace estar ni sentirme sola. Disfruto de la soledad pero también la paso muy bien cuando invito gente a casa. No podría imaginarme viviendo de otra forma”, dice.

Un síntoma positivo que emana de estas personas es la sensación de sentirse bien consigo mismas, a pesar de las opiniones negativas que suelen recibir de su entorno que muchas veces no llega a comprender ese estilo de vida escogido.

“Vivir solo no significa sentirse solos.  Se disfruta mucho el salir, tener amigos, regresar a la hora que uno quiere sin tener que dar cuentas a nadie por ello, tener la posibilidad de adaptar los propios ritmosy tiempos a las necesidades individuales.  Por supuesto que hay quienes viven solos porque no tienen opción: porque les cuesta hacer amistades y vínculos de importancia. Y son los casos que sin prevención (grupos y actividades, apoyos sociales) pueden caer en la depresión o en hábitos perniciosos.  En esos casos, incluso la compañía de mascotas es sumamente importante”, advierte Feldman.

Sin embargo, este tipo de comportamientos que parecen perdurar con los años en estos individuos en algún pasaje de sus vidas puede ser puesto en tela de juicio por los mismos protagonistas.

“A veces el azar de un encuentro amoroso puede producir un cambio de ruta en el camino de la repetición. Pero es el recorrido de un psicoanálisis lo que permitirá revisar y modificar las narrativas amorosas para dar lugar a la posibilidad de un encuentro amoroso más placentero”, cierra Allam.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: WWW.BELELU.COM

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