¿Cómo abordar la difícil tarea de una separación con los chicos?

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Además de alterarse su rutina en el día a día tras un divorcio, hay casos en que los chicos no sólo deben acostumbrarse a vivir sin uno de sus progenitores, sino que también esas modificaciones pueden incluir una mudanza, cambio de jardín o colegio, separación de los amigos y dejar de ver a familiares con la asiduidad que lo venían haciendo.

Sentimientos de culpa, abandono, impotencia, ansiedad, inseguridad, irritabilidad, llantos con mayor asiduidad, estar demandantes, tener cambios en su patrón de sueño o de sus rutinas. Enojarse con alguno de sus progenitores, perder alguna habilidad ya adquirida (como volver a orinarse en la cama), volver a chuparte el dedo, tener algún retraso en el lenguaje. Estas son algunas de las consecuencias que suelen presentar los chicos ante la separación de sus padres.

Se trata de la noticia que jamás quisieran escuchar, una situación que ninguno de ellos elegiría conscientemente. Las dos personas que más quieren en el mundo deciden que a partir de ese momento no van a vivir más juntos. La familia toda y los menores, especialmente, sufren un desmoronamiento emocional que se irá reacomodando a medida que los adultos demuestren hacerse cargo de ese conflicto conyugal.

“Es importante que los padres piensen cuidadosamente qué le van a decir a sus hijos y cómo. Se recomienda hablar de los temas inmediatos y cotidianos, no llenarlos de información que sería confusa en ese momento. Los hijos necesitan escuchar que ellos no serán abandonados. Tanto la madre como el padre seguirán formando parte de sus vidas cumpliendo el rol que le corresponde a cada uno como, por ejemplos, llevarlos al colegio, prepararles la comida, ayudarlos en las tareas”, expresa María Constanza García, Docente, licenciada en Psicopedagogía con experiencia en educación en diferente Instituciones Educativas y en Salud en Hospitales de la Ciudad de Buenos Aires.

Además de alterarse su rutina en el día a día tras un divorcio, hay casos en que los chicos no sólo deben acostumbrarse a vivir sin uno de sus progenitores, sino que también esas modificaciones pueden incluir una mudanza, cambio de jardín o colegio, separación de los amigos y dejar de ver a familiares con la asiduidad que lo venían haciendo.

“Mientras tanto, existen maneras de manejar los sentimientos que experimentan, por ejemplo, si están muy enojados, pueden darle puñetazos a la almohada, patear cajas vacías, pegarle a una pelota o correr a toda velocidad durante todo el tiempo que resistan, ya que la idea nunca es descargar sus sentimientos en otra persona. Dependiendo de las edades, también puede resultar útil contarle a alguien cómo se sienten. Si están realmente enojados, deben expresarlo, ya que hablar de lo que sienten es mucho mejor que guardarse los sentimientos o mostrarse gruñón e irritable. En ocasiones, el solo hecho de hablar con alguien representa un gran alivio”, afirma  Analía Almada, Psicóloga Clínica y Evaluadora, Especialista en Enfermedades Psicosomáticas.

Evitar confrontaciones en donde los hijos sean mercancía de cambio, no hacerlos tomar partido por ninguno de ellos, poniéndolos en contra del otro. Evitar que presencien discusiones, descalificaciones, no utilizar a los hijos para presionar al otro bajo ninguna circunstancia, fomentar el contacto frecuente con el no conviviente y no utilizar al hijo como mensajero o espía de lo que sucede en la casa del otro son algunas de las cosas a las que deben estar atentos los adultos para que los niños sufran lo menos posible esta separación.

“Ver a los padres infelices o discutiendo, no es un ámbito propicio para criar adecuadamente a un hijo. Ello puede generar sintomatología en los chicos.En ocasiones, pueden sentirse  impotentes y hasta  culpables del malestar familiar. Sería indicado que los padres pudieran pensar primero en el bienestar de los hijos que en las rencillas propias, que deberían ser resueltas, sin la presencia de los mismos. Cuando no es posible resolver los regímenes de visita para el padre o la madre excluido del hogar, o cuando los hijos se niegan a mantener un vínculo con ellos, se sugiere una Terapia de Revinculación indicada por los Juzgados”, recomienda Ester Bieda, licenciada en Psicología, Psicopedagoga y Coordinadora del Área de Niños y Adolescentes del IPBA (Instituto Psicosomático de Bs As).

Tras estar casada durante nueve años y con dos hijos (de 11 y 8 años), Analía (44) y su pareja decidieron separarse. “Yo quería comunicarle la decisión a los chicos junto con él para darles tranquilidad, pero no se pudo. Mi hija mayor ya se daba cuenta que no estábamos bien como antes así es que me fue más fácil de explicárselo, aunque emocionalmente estuvo triste los primeros meses. Y el más chico es hasta hoy quien me hace muchas preguntas y le cuesta aceptar que sus padres no viven más juntos, observo en él malestar y tristeza”, cuenta Analía.

Hace siete meses Gerardo (37) se separó de la madre de su hija y de común acuerdo los dos le transmitieron la noticia. “Le dijimos a Micaela que mamá y papá ya no se querían como antes y que para no tener que pelearse todos los días en casa lo mejor era que vivamos separados. Y le hicimos entender que ella no tenía ninguna culpa, que los dos la amábamos profundamente y que siempre iba a poder contar con nosotros”, dice Gerardo.

Una de las consecuencias inmediatas que puede llegar  a ocasionar en los niños la separación de los padres está vinculada a una merma en el rendimiento escolar, como así también a episodios de mala conducta.

“La influencia de la separación en el rendimiento escolar en general está relacionado por dos factores: uno es la atención dispersa que pueden tener los niños por estar pensando en la situación que acontece en su familia y otra muy común la desorganización de estar en dos casas. Esto lleva a un escaso orden adecuado en cuanto a los materiales, al momento de estudio, al lugar donde realizan sus tareas, etc. Por lo general, si esto no se cuida el rendimiento académico baja”, explica García.

“La escuela es un ámbito importante para el niño, por eso hay que informar en al colegio lo que está pasando en la familia, para armar así una red de contención.Los docentes y autoridades al estar al tanto de lo que sucede en el hogar podrán ir observando y ayudando al niño en la medida que se puedan presentar conductas diferentes a  las habituales. La idea es que sea un espacio en donde se le permita expresar sus sentimientos de malestar y frustración sin juzgarlos”, puntializa Bieda.

En las Instituciones educativas que tienden a la inclusión escolar, generalmente existen Gabinetes Psicológicos o Psicopedagógicos que realizan un seguimiento de los casos de bajo rendimiento o mala conducta, entre otros temas, y aportan un andamiaje a aquellos alumnos que lo necesiten. “Muchas veces, como complemento a estos espacios, existen profesores o maestros tutores que se ocupan de acompañar a los alumnos en temas que requieran de atención especial, siendo un referente más también para sus padres en este proceso, ya que el espacio escolar es donde los hijos pasan gran parte del día”, agrega Almada.

A la hora de la separación, es importante que los adultos tengan en cuenta que no sólo sale afectada la pareja sino también los sentimientos de los hijos, razón por la cual es imprescindible que puedan brindarles tranquilidad, afecto y que su rutina se vea afectada lo menos posible. Y explicarles que más allá de esta trascendente decisión, los niños siempre van a poder contar con mamá y con papá. Y que el cariño y el amor que los une con ellos siempre estará entre las prioridades en sus vidas.

¿QUÉ HACER?

(Por Lic. María Constanza García)

 

  • Mantener los horarios y rutinas normales.
  • Demostrar con palabras explícitas el cariño, mantener el contacto físico.
  • Tal vez les cueste a estos niños separarse de los padres. Concurrir al jardín/colegio diez minutos antes para darles ese tiempo.
  • Ser comprensivo y paciente con las conductas que tengan retroceso. (ejemplo: control de esfínter, chuparse el dedo, falta de apetito, etc.)
  • Decir repetidamente que no son responsables de la separación.
  • Asegurarles  que sus necesidades serán satisfechas explicándoles quien lo retira de cada lugar.
  • Hablar con los chicos sobre sus sentimientos y pensamientos.
  • Planear tiempo para pasar con el padre que se ha ido de la casa.
  • No hablar mal del otro progenitor delante de los hijos.
  • Intentar mantener una comunicación cordial para establecer acuerdos.
  • Los hijos necesitan de los dos padres. No dejar en manos de uno solo ni la salud, ni la educación, ni el desarrollo integral de sus niños.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: www.psicodiagnosis.es

 

 

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