“Puedo asegurar que en mi vida el cigarrillo fue una tragedia y tuve la lucidez de dejarlo a tiempo”

ALICIA FRAIZ 3

Luego de fumar durante muchísimos años, la muerte de su pareja como consecuencia de un cáncer de pulmón hizo que Alicia Fraiz dijera basta y se diera cuenta de que verdaderamente tenía ganas de seguir viviendo. Y desde ese momento no volvió a caer en la tentación. Orgullosa, cuenta cómo fue el click y el placer que siente tras haber dejado para siempre ese vicio.

 

Alicia Fraiz comenzó a fumar desde los 20 años. Al principio controlaba la cantidad de cigarrillos que consumía pero con el correr del tiempo el número se fue incrementando. Durante los nueve meses que estuvo embarazada y mientras amamantaba a su hijo varón logró contrarrestar el vicio, aunque las ganas de pitar fueron cada vez más intensas y volvió a caer en la tentación.

 

Unos meses antes de que su hijo cumpliera dos años, se divorció de su padre y volvió a vivir por un tiempo a la casa de sus padres. El niño le pedía que dejara de fumar repitiendo el mismo discurso que oía de su abuela pero ella hacía caso omiso. Sin embargo, al poco tiempo hizo una promesa ante el delicado estado de salud de su padre que atravesó dos operaciones de corazón en dos años. Y como el destino le jugó una buena pasada cumplió con lo que había prometido y estuvo 13 años sin tocar un cigarrillo.

 

En el año 1996 se puso de novia con un muchacho, quien en mayo de ese año perdió la vida trágicamente en un accidente de ruta en un día marcado por una gran niebla. “Fue espantoso, él fumaba muchísimo, más de dos etiquetas por día y yo siempre le pedía que dejara de fumar porque tenía miedo que muera a causa del cigarrillo. Cuando falleció tenía culpa por haberlo peleado tanto para que dejara de fumar y decidí fumar otra vez. La sensación fue horrible: me produjo mareos y así fui día a día fumando un cigarrillo más, hasta llegar otra vez a un paquete y luego casi la mitad de otro. En ese momento el cigarrillo no me impedía nada porque era joven, solo arruinaba mi aliento y mi imagen”, confiesa.

 

Luego de atravesar el período de duelo, decidió volver a darle una nueva oportunidad al amor e inició una relación con un hombre fumador que no perdía tiempo a la hora de satisfacer sus deseos por dar cientos de pitadas al día. Y lentamente fue alimentando más y más la ansiedad por su pareja en el consumo hasta que toda su vida se fue transformando en función del cigarrillo. “Fumo un pucho y me duermo, fumo un pucho y apago la luz, fumo un pucho y me levanto, fumo un pucho y cierro la puerta. Me despertaba a las tres de la mañana y me fumaba un cigarrillo en la cama con la luz apagada y eso lo hice durante años”.

 

Mientras su relación de pareja crecía día a día, su consumo de cigarrillos iba en ascenso proporcionalmente. Por aquel entonces llegó a fumar casi dos atados por día. Durante unas vacaciones en Punta Cana en el año 2009, su pareja le confesó queescupía “un hilito de sangre”. En ese momento ella supo que los efectos del cigarrillo estaban deteriorando irreversiblemente la salud de su compañero. Y supo que era el final. Esa misma noche lloró en silencio mientras caminaba en soledad por la playa. Y le rogó a Dios que, por favor, le permitiera disfrutar de esos días, aunque fueran las últimas vivencias de un romance que la llenaba por completo su corazón. “Y Dios me ayudó, fui una mujer alegre, divertida, enamorada. Disfrutamos cada día como si fuera el último, cada foto que tomé sabía que era la última en el lugar. Bailamos, hicimos el amor, grabé su voz, su risa, todo”, dice, con nostalgia.

 

No bien volvieron de esas vacaciones, con urgencia Alicia se puso a buscar médicos especialistas de pulmón para tratar de evitar ese desenlace fatal que tanto rondaba por su cabeza. Finalmente encontró a uno de los mejores profesionales de Marcos Juárez, una ciudad del este de la provincia de Córdoba donde residían. La tarde del 23 de marzo del 2009 escuchó de su boca el triste, pero esperado, diagnóstico: cáncer de pulmón.  A los pocos días, le llevaron los estudios a un oncólogo de Córdoba Capital que confirmó el escenario por el que ya transitaban. Sin embargo, los especialistas afirmaron que se trataba de un tumor operable y que podía curarse.

 

“Esa mañana de abril, muy temprano, mientras él estaba aún en la cama de la habitación del hotel, me encerré en el baño, me bañé y fumé un cigarrillo. Cuando me vi en el espejo, detrás de esa nube de humo, pensé que quería vivir y en ese preciso momento decidí nunca más tocar un cigarrillo y eso fue lo que hice. Dejé el paquete y el encendedor sobre la mesa de luz del hotel y nunca más volví a fumar”.

 

Finalmente, en una intervención que para Alicia se hizo interminable, a su pareja le sacaron un pulmón entero. Y así permaneció como fiel soldado del amor durante 10 días en la puerta de Terapia Intensiva, en la calle, en la habitación del hotel, sola, hasta que finalmente a los tres meses él falleció.

 

“Me pasé todo ese tiempo sin fumar y me siento muy orgullosa de mi misma. El cigarrillo desapareció de mi vida, nunca jamás lo necesité. La muerte de mi marido me confirmó que nadie se salva de semejante daño: ni joven, ni rico, ni bueno ni malo. Fumar es matarse día a día. Puedo asegurar que en mi vida el cigarrillo fue una tragedia y tuve la lucidez de dejarlo a tiempo. Hoy mis pulmones están sanos, no necesité tomar nada para calmar mi ansiedad, no engordé, no lo extraño y estoy orgullosa de haber salvado mi vida”; afirma Alicia, orgullosa de verse más linda y con más energías desde que logró ponerle punto final al vicio del cigarrillo.

 

 

 

PUBLICADO EN PHARMAREPUBLIC.NET

 

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