Cambiar de escuela, una decisión adulta que pesa en los chicos y en sus conductas diarias

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Como suele ser común en los niños, la mayoría de las veces los efectos de los cambios no se expresan claramente y con palabras. Esos sentimientos suelen explicitarse a través de alguna conducta no deseable como manifestación de berrinches, apatía, trastornos del sueño, comerse las uñas, no querer ir al colegio o alguna enfermedad. Es ideal no interrumpir el ciclo lectivo.

Una mudanza, la separación de los padres, la no adaptación al grupo de compañeros y docentes o simplemente el desacuerdo con algunos de los principios educativos del establecimiento son algunas de las causas que determinan que los padres decidan cambiar a sus hijos de colegio.

Dependiendo de las causas, la adaptación de los chicos a la nueva escuela  resultará más sencilla o más compleja, aunque en la mayoría de los casos es una decisión que responde a necesidades de los adultos que los menores suelen vivir como un desarraigo muy importante tanto de su vida social como de su rutina.

Marisa Russomando, psicóloga especialista en Maternidad y Crianza, sostiene que hay familias que pueden acompañar este proceso sin dejar baches emocionales y otras a las que por su idiosincrasia se les dificulta asimilar la necesidad de los niños de anticipar los movimientos por venir, la importancia del acompañamiento emocional, físico e intelectual que puedan requerir los menores. En este último caso, sugiere, lo mejor es solicitar una ayuda profesional que esté atento a las señales que los niños puedan dar y ayudar a elaborar el cambio.

“Como en todos los temas que los adultos tratemos con los niños, se trata de brindar la información ajustada a la edad de los mismos, basada en la verdad y de la manera más sencilla y contenedora posible. No se trata de ofrecer detalles que puedan desorientar o angustiar, sino de una breve explicación que anticipe lo que está por suceder y que en sus palabras encuentre las garantías de que de su vida continuará de la misma manera: el amor de sus padres, el ingreso escolar, la rutina diaria, entre otras”, expresa Russomando, directora del espacio La Cigüeña.

Como suele ser común en los niños, la mayoría de las veces los efectos de los cambiosno se expresan claramente y con palabras. Esos sentimientos suelen explicitarse a través de alguna conducta no deseable como manifestación de berrinches, apatía, trastornos del sueño, comerse las uñas, no querer ir al colegio) o alguna enfermedad (anginas, bronco espasmos, fiebre, dolores de cabeza recurrentes).

“Para que un cambio no sea vivido como una experiencia que provoque vacío o desintegración es necesario garantizar que algo bueno llega, que algo se gana, que se supone que será algo mejor y saludable para todos, aunque aún no puedan darse cuenta.Pero si confía en sus padres y disfrutó a pleno de aquello que va a cambiar,  sentirá a pesar del esfuerzo y la resistencia natural, que puede darle la bienvenidaa nuevas experiencias y puede decirle “chau” a lo vivido cuando era más pequeño”, opina Alejandra Libenson, psicóloga, psicopedagoga y autora del libro “Criando hijos, creando personas”.

Cuando se toma este tipo de decisiones, una de las cuestiones a tratar está relacionada con la cantidad de tiempo que necesita el chico para asimilar este tipo de cambios. Si bien es cierto que el tiempo prudencial depende de cada familia, lo ideal es no interrumpir el ciclo lectivo y hacia el final del mismo ponerlos al tanto de la noticia, tanto a ellos como a la escuela para poder hacer un cierre y una despedida con su grupo de compañeros.

El plano afectivo y social también juega una parada importante en los chicos que, por un lado, dejan amistades con la que compartieron probablemente varios momentos placenteros de la infancia, pero por otro se les abre la puerta para sumar nuevas relaciones.

“Los chicos son muy amigables. Dejan amigos y en 48 horas tienen nuevos compañeros que serán compinches en un futuro no muy lejano. Igualmente, en el siglo XXI la mayoría maneja Internet y suelen comunicarse por esta vía, aún cuando cambian de ciudad y eso es muy productivo”, cuenta Susana Putelli, docente jubilada con muchos años de experiencia en el aula.

Los especialistas también recomiendan que, de ser posible, es positivo que los padres lleven a conocer a sus hijos al nuevo establecimiento con tiempo para de esta forma ayudar a contribuir a la adaptación. Este tipo de iniciativas muchas veces logran aquietar la curiosidad y la angustia que lo desconocido suele generar en sus hijos, para así poder elaborar el cambio con conocimiento de lo que vendrá.

 
PUBLICADO EN CLARÍN

 

 

 

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