Terapia grupal

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La modalidad de análisis viene creciendo por la necesidad de compartir experiencias. El psicólogo encargado de coordinar introduce la escucha a través de la transferencia. ¿Cómo es la metodología? ¿Quiénes pueden participar?

El escenario ubica a ocho personas, hombres y mujeres de diferentes edades y target social, sentados cada uno en una silla en ronda mientras aguardan la llegada del terapeuta que se coloca en medio del grupo. Al comenzar la sesión grupal, el especialista les pregunta en forma general cómo están e inmediatamente retoma con un tema que había quedado pendiente de la última reunión. A los pocos minutos, uno de los integrantes comienza a relatar alguna cuestión que le tocó atravesar en la semana, mientras que, con el guiño cómplice del terapeuta, uno de sus compañeros verbaliza su opinión y manifiesta cómo hubiera actuado él ante esa situación.

Este resumen corresponde a los primeros minutos de lo que se conoce como terapia de grupos, una modalidad  de análisis que viene creciendo en los últimos tiempos. El consultorio del especialista es el lugar indicado para que entre seis y 10 personas (la cantidad de pacientes depende de cada terapeuta y de la dinámica del grupo) durante 90 minutos aproximadamente puedan compartir en esa comunidad los temas y las vivencias que los hayan tenido como protagonistas semana tras semana.

“Para que una terapia grupal se constituya como tal, es necesario que sus integrantes sientan el deseo y la necesidad de compartir sus experiencias, sus conflictos, angustias y traumas con otros. A través del relato compartido con los  demás, la propia historia individual, hace que resuene en el interior de cada uno, como espejo; enriqueciendo así la vivencia de cada uno, pero en forma grupal, múltiple”, sostiene Soledad Bertoli, Psicoanalista y especialista en terapias grupales.

Si bien existen grupos que están focalizados en una temática específica, como por ejemplo, obesidad, tabaquismo, drogadicción o trastornos alimenticios, cuanto más heterogéneos son sus integrantes, el funcionamiento y los resultados de esta terapia son más positivos.

“Este tipo de terapias está aumentando fundamentalmente por su característica social, heterogénea, no sólo por el encuentro entre diferentes personas (edad, sexo, profesión) sino por una crisis vital de la sociedad: la soledad. Para formar parte de estos grupos es fundamental tener la vivencia de poder encontrarse con otro y en ese encuentro la posibilidad de encontrarse con uno mismo. Una dinámica típica para empezar la sesión sería que aparezca un disparador que puede ser un tema o algo que traiga un paciente y después uno le pregunta al resto qué opinas, qué sentís, qué te pasa a vos, qué harías vos en su lugar, qué consejo le podes dar para abrir luego el abanico a los demás integrantes”, explica el Dr. Horacio Serebrinsky, Especialista en Psicoterapia de Grupo y Director de la Escuela Sistémica Argentina (ESA).

Daniel Banda (54) es abogado y desde hace cinco años todos los lunes a la tarde forma parte del grupo de terapias de grupo de la Escuela Sistémica Argentina. “Tus problemáticas son compartidas por tus compañeros y te das cuenta a través de su relato de problemas en común. Yo cuento mis cosas muy tranquilo,  primero porque hay códigos comunes, secreto grupal y porque siempre te sentís cuidado por el grupo y por el terapeuta”, confiesa Banda.

Cristina Benchetrit, Psicóloga especializada en terapias breves sistémicas grupal, familiar y de pareja, cuenta que este tipo de terapias favorece el encuentro entre las personas por lo que es una oportunidad a tener en cuenta para los que están solos o tienen dificultad para relacionarse.

“Tal vez haya más gente que sólo busque encontrarse consigo mismo y con otros y esa puede ser otra razón del aumento de estas terapias. Ojalá sea esta última, porque eso hablaría de la importancia del encuentro y lo enriquecedor que es intercambiar con otros. No lo aconsejaría para personas en duelos profundos (en su primer etapa), ni para personas muy manipuladoras que puedan copar el grupo e impidan que otros ocupen su espacio. De todas maneras, la variable principal, es la que el terapeuta crea que puede manejar y no tomar aquellos casos en que sienta que  se le irán de las manos o desarmarán el grupo”, expresa Benchetrit, Directora de Espacio Olazábal.

Para llevar adelante este tipo de sesiones es importante que el especialista a cargo posea una formación en terapia de grupo y tener la predisposición a no estar cerrado a ningún modelo estricto para poder lograr una amplia escucha y comprensión. Debería ser una persona cálida, donde la empatía y la aceptación de desafíos se encuentren en todo momento a la orden del día.

“El psicólogo que coordina el grupo terapéutico debe introducir la escucha, a través de la transferencia, desde la interpretación, haciendo explicito lo implícito, entro lo manifiesto y lo latente, (haciendo consciente lo inconsciente) con diferentes modalidades de intervención, aportando en su  interpretación nuevos significados. Es fundamental que el psicólogo, en forma asimétrica respecto del grupo, se implique en abrir significaciones que van circulando en el devenir de la escena grupal, permitiendo identificaciones y búsqueda de sentidos en cada acontecer grupal”, explica Bertoli.

En algunos casos, dependiendo de la flexibilidad y predisposición del terapeuta y de la interacción de los integrantes del grupo, se suelen organizar salidas más allá de la sesión semanal en el consultorio. Salir a tomar un café, ir al cine o juntarse en una casa son algunas de las opciones más utilizadas. “Hay modelos que prohíben las salidas luego de la terapia. Yo invito a que tengan un aspecto social, un café, una cena. De todas maneras hay límites en lo relacional que sería no tener relaciones comerciales, ni sexuales”, advierte Serebrinsky.

El hecho de formar parte de una terapia grupal no exime al paciente de la posibilidad de tener su sesión individual cara a cara con ese u otro especialista. “El grupo aporta la comprensión de uno (lo singular) a través de la escucha de otros (grupal).  Al trabajar entre varios se puede aprender más, ayudándose mutuamente.  A diferencia de la terapia individual, en la grupal, no solo interviene el psicólogo, sino que también los sujetos colaboran y proporcionan herramientas para el crecimiento del grupo. La terapia de grupo implica colaboración, confianza, responsabilidad, respeto por el otro”, aclara Bertoli.

La terapia de grupo representa para sus miembros, un lugar de confianza y de privacidad, en donde cada sujeto expone sus vivencias, sus angustias, sus anécdotas, sus preocupaciones, compartiéndolas con el resto de los compañeros. En este intercambio el trabajo grupal se torna más comprometido y beneficioso enfrentando problemas que se van haciendo más comunes.

“Estoy muy contento porque en este tipo de análisis encuentro contención en el grupo. Recomendaría totalmente este tipo de terapia porque a la voz de tu terapeuta se le suma la de tus compañeros que son iguales tuyos con tus mismas alegrías y vivencias”, cierra Banda.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: www.nexo-psicosalud.com

 

 

 

 

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