“Todos tenemos una fuerza dormida que se despierta en situaciones límites”

Juan “El Lagarto” Fleita se cansó de hacer goles hasta que un cáncer linfático intentó competirle. Tomó revancha y arrancó con el campeonato de su vida. Se fue de las canchas, se sometió a la quimioterapia y en un año, salió de nuevo por el túnel con el plantel de Huracán mientras la hinchada lo abrazaba en una ovación interminable”.

Muchos fanáticos del fútbol lo recuerdan por aquel espectacular gol de chilena que le hizo a Vélez jugando para Racing en los comienzos de su carrera por los años 90. Sin embargo, el partido más difícil en la carrera de Juan “El Lagarto” Fleita fue cuando le detectaron Mal de Hodgkin, un tumor del sistema linfático que lo obligó a abandonar las canchas por más de un año.

Corría el verano del 2003 y Juan se encontraba de pretemporada en Mar del Plata con el plantel de Huracán, equipo al que había llegado el año anterior. Una mañana comenzó a notar que tenía una elevación palpable en la zona del esternón, a la que no le dio demasiada importancia. Sin embargo, a los pocos días comenzó a tener fiebre y mucha debilidad, algo que no le había ocurrido con anterioridad.

Con esos síntomas decidió consultarle al médico del equipo, el Dr. Edgardo Locasso, quien luego de revisarle el cuello le comunicó que al llegar a Buenos Aires iba a tener que realizarse una biopsia de manera “urgente”.

La peor noticia

Tras el regreso de la pretemporada, el jugador -que en ese momento tenía 30 años- se hizo el estudio correspondiente y la noticia no pudo ser peor. “Estábamos en el bar de la sede del club y Locasso no se animaba a decirme lo que tenía, hasta que me dijo que tenía cáncer. Fue un cachetazo al alma, una noticia durísima”, recuerda. “Vas a tener que olvidarte por un tiempo del fútbol”, dice que le dijo el médico.

Lo primero que se le vino a la mente era que le quedaban pocos meses de vida. Tras unos minutos con la mente en blanco, reaccionó y le dijo al profesional fue que él iba a luchar contra la enfermedad y que volvería a estar en una cancha de fútbol.

Juan recuerda que tras conocer la noticia, “lo peor” fue tener que transmitírselas a sus padres, a quienes citó en su casa para no asustarlos por teléfono. “Fue un momento muy duro. Igualmente ellos fueron un sostén enorme para mi recuperación”, dice.

Al día siguiente, Juan reunió a sus compañeros y les comunicó la noticia a un plantel que ya venía golpeado porque dos meses antes el arquero Sergio Schulmeister, de 25 años, se había quitado la vida como consecuencia de una depresión a la que no le encontraba salida. Con estos dos golpes y con un plantel muy flojo, el equipo terminó descendiendo en junio de ese año. Sin embargo, el jugador nacido en Las Toscas (Santa Fe) nunca bajó los brazos y el apoyo de sus familiares y su profunda creencia en Dios fueron fundamentales para comenzar el tratamiento.

“En ese momento empecé a conocer a Cecilia que me ayudó muchísimo”, dice en relación a quien hoy es su esposa y madre de dos de sus tres hijos. “Recibí el apoyo de todo el ambiente del fútbol, de todos los equipos, de gente de la farándula, de Julio Grondona (presidente de AFA) y hasta del presidente Kirchner” (Néstor), agradece.

A luchar por volver

Para vencer al cáncer, tuvo que someterse a 12 sesiones de quimioterapia (en forma ambulatoria) cada 15 días en el Instituto de Oncología Ángel Roffo.

“Ir a la quimio era como un campeonato de la vida, un torneo de 12 fechas. Cada cesión era un partido y yo tenía que dar lo máximo para salir campeón. Me preparé, hice la mejor pretemporada psicológica y sumado a los afectos y a la creencia en Dios, todo eso me ayudo para la predisposición y para enfrentar las consecuencias de cada tratamiento”.

Juan tenía tanta fe en su recuperación que unos días después de someterse a la quimioterapia –con la autorización de los médicos- asistía a los entrenamientos de su club, corría algunas vueltas a la cancha y se llevaba el afecto de todos sus compañeros y del cuerpo técnico. “Ellos se sorprendían, pero yo me sentía con fuerzas porque estaba batallando contra la muerte”.

En su lucha por superar la enfermedad y volver a las canchas, tuvo una recaída luego de la tercera sesión de quimioterapia. “Me acuerdo que llegué a mi casa donde vivía sólo, me fui a acostar porque realmente me sentía muy mal. Estaba muy débil, tuvo muchos vómitos y la verdad pensé que me iba. Ahí pensé que si salía de esta, me iba a curar”, confiesa a la distancia.

Después de ese episodio que no se volvió a repetir, Juan completó sus 12 sesiones de quimioterapia y debió someterse a otras 4 de radioterapia para no dejar espacio para que el tumor volviera a aparecer.

“Cuando el doctor De María (del Instituto Roffo) me dijo que lo fuera a ver recién en tres meses sentí que había ganado ese campeonato de 12 fechas. Cada vez que me hacía quimio era el túnel previo para entrar a la cancha y la jugada dependía de mi predisposición y de mis seres queridos que estaban alentando en la tribuna que era la sala de espera”, insiste Juan con una sonrisa.

Si bien quedaban los cinco años de remisión (que culminaron con éxito en 2008) él estaba seguro de que ya había ganado su batalla al cáncer y que estaba cerca de volver a jugar al fútbol. “La recuperación partió del convencimiento que tuve cuando me enteré que padecía esta enfermedad. La fortaleza mental es fundamental y aprendí que todos los seres humanos tenemos una fuerza que está dormida y la sacamos en situaciones limites”, expresa.

La vuelta, a un paso

El 3 de abril del 2004 es un día que Juan jamás olvidará. Huracán se encontraba deambulando por el Nacional B y esa tarde Fernando Quiroz, técnico del equipo con quien había compartido plantel en Racing, lo convocó para integrar el banco de suplentes.

“Para mi era especial volver, era la posibilidad de reafirmar eso que le dije a Locasso de que iba a volver a jugar. Estaba caminando para entrar con el equipo y cuando observé la luz natural reflejada en el túnel sentía que iba derecho a encontrarme con Dios”.

Esa tarde el estadio de Huracán estaba repleto sólo para volverlo a ver jugar, tras más de un año afuera de las canchas. La gente coreó su nombre cuando el equipo ingresó al campo de juego, él levantó sus brazos agradecido posando con una remera donde se leía “Gracias a todos”, mientras sus compañeros mostraban una larga bandera con la leyenda” Bienvenido Juancho, compañeros y cuerpo técnico”.

El partido lo ganaba San Martín de San Juan 1 a 0 y a los 28 minutos del segundo tiempo, Quiroz lo llamó para que ingresara: “Cuando me dijo ““vení”” era como que iba a volver a debutar”, recuerda emocionado. “La gente me coreó, fue una sensación hermosa, de agradecimiento total. Gané el campeonato de la vida y me quería abrazar con todos. “Mi mejor gol fue haber vuelto a jugar al fútbol”, y eso que lo dice un goleador de raza.

Después de ese partido, que finalizó 1 a 1, Juan continuó desparramando sus goles por Paraguay, Guatemala, Chile y Bolivia. En el año 2009 comenzó a trabajar en los juveniles de Huracán hasta que Miguel Ángel Brindisi lo convocó para ser su ayudante de campo en el primer equipo por septiembre de 2010, en una excursión que apenas duró 16 partidos. Si bien le ofrecieron dirigir a la reserva del equipo de Parque Patricios, por una cuestión de “códigos” prefirió alejarse de la institución junto a su “amigo” Brindisi.

Mientras sueña con dirigir una primera división, Juan cursa el segundo año de Inglés y pasa la mayor parte de su tiempo junto a su esposa Cecilia y a sus hijos Iván (11) Delfina (7) y Juanita (4).

“Mi mujer es extraordinaria, una gran madre, una gran esposa. Las cosas no pasan por casualidad, sino por causalidad. En mi peor momento de la vida, Dios me mandó una mujer como Ceci y la hermosa familia que tiene detrás”, dice en referencia al amor de su vida. “Como padre soy compañero, a veces soy un nene más cuando estoy con ellos. Esas son las cosas que me ayudan a disfrutar de la vida. Cuando sean más grandes les voy a explicar todo lo que me sucedió para que valoren todas las cosas de la vida”.

ESTA ENTREVISTA SE PUBLICÓ EN LA REVISTA MÍA Y ES UNA DE LAS 25 HISTORIA QUE COMPONEN “VIDAS QUE ENSEÑAN”, MI PRIMER LIBRO QUE PUBLICÓ LA EDITORIAL DEL NUEVO EXTREMO.

FOTO: DALE HURACAN BLOGPOST

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