“Mi experiencia fue muy enriquecedora tanto a nivel personal como profesional”

GISELA LOPEZ 2

Gisela Viviana López es Acompañante Terapeútico y trabajó con pacientes que padecen la enfermedad de Parkinson. Según su experiencia, afirma el valor de que estas personas no pierdan los vínculos con sus seres queridos. Y destaca la importancia de promover salidas o reuniones que le permitan seguir socialmente activos. También realizar actividades manuales, práctica de lectura, escritura y, en lo posible, contar con apoyo psicológico.

Desde hace cinco años, Gisela Viviana López (50) se desempeña como Acompañante Terapeútico y dentro de su trabajo tuvo la posibilidad de relacionarse con tres pacientes con enfermedad de Parkinson y su experiencia más prolongada fue con una mujer con la que se vinculó durante casi cuatro años.

La última persona que cuidó es una mujer de 65 años con Parkinson, con una vida activa muy notable, una familia muy contenedora, pero muy introvertida en sus sentimientos más profundos. Su mayor desafío, cuenta, fue trabajar para que se permita expresar lo que siente. Y su mayor logro como profesional fue ver con sus propios ojos que con todo el trabajo realizado está en camino a lograrlo.

“Mi experiencia fue muy enriquecedora. Tanto a nivel personal, como profesional. Cada paciente aporta su personalidad y vivencias, y en el actuar, nos va enriqueciendo. Más allá que uno sabe que emocionalmente no es conveniente crear lazos afectivos para no perder el eje del tratamiento, es algo inevitable. El vínculo generado hace que hoy, a pesar de no trabajar con ella, intercambiamos llamados para saber una de la otra”.

Gisela cuenta que diariamente en lo primero que hizo hincapié fue trabajar su motricidad, que era lo que la paciente temía perder. Realizaron juntas trabajos artesanales, pintura, tejido, costura. Todo aquello que ella nunca imaginó que podría realizar. Siempre estimulándola para un fin como, por ejemplo, regalos navideños para sus amistades o sus nietas. Así mismo se centró en la práctica de lectura, escritura, comprensión de texto, juegos para la memoria y salidas. “Con el uso de silla de ruedas, hemos compartido almuerzos o cafés en confiterías y lugares fuera del ámbito del hogar, en el que debía permanecer mucho tiempo por su enfermedad”, destaca orgullosa con una sonrisa. “Como paciente, siempre intentó superar la meta propuesta. Tiene una extraordinaria fuerza de voluntad. A pesar de su deterioro físico, nunca se detiene”, se emociona.

La evolución de la enfermedad (progresiva/degenerativa), cuenta, es complicada. Sobre todo, porque el deterioro es visible. Pérdida de la independencia, dificultad respiratoria, pérdida de la motricidad. Todo ello afecta la salud emocional del paciente. Y es allí a donde juega el rol trascendental el Acompañanate Terapeútico y su incansable misión de estimular, contener, estar atento y escuchar. Lo más importante, reconoce, es que el enfermo debe saber que hay alguien que actúa como sostén.

“Lo principal es no perder sus vínculos, tanto familiares como con sus amigos y pares. Promover salidas o reuniones que le permitan seguir socialmente activos. También, realizar actividades manuales, práctica de lectura, escritura, ejercicios de fonoaudiología, kinesiología, y en lo posible, contar con apoyo psicológico”, recomienda.

Gisela está convencida de la importancia que tienen los familiares y los seres queridos para el día a día de estos pacientes. “Estas personas ocupan un rol muy importante.  Si bien es muy difícil aceptar que la persona ya no tiene iguales capacidades que antes hay que hacerlo sentir comprendido en sus momentos de angustia y malhumor. Sólo de esta manera, con un grupo familiar que lo contenga y actividades que le permitan mantenerse en contacto con sus pares y le ayuden a retrasar la perdida de sus habilidades y realizando los tratamientos correspondientes, podrán lograr una mejor calidad de vida”.

Los grupos de pares son fundamentales para las personas que padecen una situación traumática y la enfermedad de Parkinson no es la excepción. De hecho, los especialistas afirman que cuanto más homogéneos son esos grupos, más se potencia el efecto transformador de sus integrantes. Y Gisela coincide: “La posibilidad de compartir sus experiencias y sus tristezas en el día a día los ayudará a sentirse identificados por aquellos que pasan por esa misma situación”.

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