Las mujeres y el despertar de los 40 y pico

CCUARENTONALas expectativas de la mediana edad han dado un giro: hoy, ellas se animan en terrenos antes vedados. Se sienten más atractivas, se vuelven a enamorar, crecen laboralmente, viajan y disfrutan del contacto con los más jóvenes.

Sin lugar a dudas que los 40 y pico de las mujeres de la actualidad no tienen nada que ver con cómo vivían esa edad señoras de otras generaciones. Lejos quedaron los tiempos en los que cuando alcanzaban la madurez continuaban con las tareas de la casa y con el cuidado de los hijos. Hoy en día los tiempos han cambiado, las relaciones se han modificado, las expectativas y los deseos se han transformado, otorgándoles a ellas la posibilidad de experimentar en otros terrenos antes desconocidos para el sexo femenino. Volver a enamorarse, tener relaciones pasajeras, arrancar con un emprendimiento, realizar cursos o seminarios o retomar una carrera son algunas de las razones que les permiten estar en movimiento y principalmente tener la mente ocupada en otros desafíos.

Por esta razón, no resulta difícil encontrar mujeres que son gerentes de empresas, otras que deciden emprender algún viaje de ocio con amigas, las que disfrutan de una segunda oportunidad en el amor o hasta las que le otorgan riendas sueltas a su sexualidad aprovechando toda la experiencia que les brindan estas cuatro décadas y algo más.

“La mediana edad constituye un punto de inflexión en la vida de un individuo. Se combinan aspectos de la juventud y de la madurez que enriquecen el potencial de la persona. Podríamos decir que si en la juventud sembramos y en la madurez cosechamos, en esta etapa suceden ambas cosas. Lo que sucede con estas mujeres es que cuando sus hijos se independizan, ellas se ven en la necesidad de redirigir su energía hacia actividades productivas o placenteras que les brinden satisfacción y les permitan redefinir sus metas y objetivos. Si esto no sucede, es factible que aparezcan estados depresivos producto de la no adaptación a las nuevas circunstancias”, explica Mariana Matarucco, psicóloga clínica.

En su libro Tengo 40 ¿y qué?, la escritora y periodista Valeria Schapira describe que a los 40 suele aparecer en las mujeres el sentimiento de “aceptación” que está relacionado con el autoconocimiento que se adquiere por todos esos años de vida. “No hay más ganas de perder el tiempo en pavadas ni escuchando pavadas. Es la edad de la liberación. Una mujer de 40 hoy es, en algunos sentidos, una adolescente experimentada que decide exprimir la vida como una naranja. Que se da licencia para salir con alguien más joven, para casarse nuevamente si no le fue bien en la primera vuelta, para tener hijos de nuevo, correr una maratón”, ejemplifica Schapira en su libro.

Una de las diferencias más importantes a esta edad, explica la licenciada Diana Resnicoff, es que el goce de estas mujeres no pasa por ser miradas para volverse un objeto de deseo ni se preocupan por responder al mandato cultural de lo físico ya que a los 40 y pico, en general, se sienten seguras de cualquier manera y con la autoestima elevada.

“Mientras que a los 20 años, las mujeres no saben lo que quieren ni lo que no quieren, si bien existe vitalidad, pasión y curiosidad, a los 40 años, con logros y frustraciones de vivencias pasadas, ya tienen una cantidad de situaciones resueltas, reconocen mejor sus orgasmos, aumentan su autoestima y muchas ya tienen hijos o están separadas y se proponen tener una pareja donde el tema hijos no intervenga, pero si intervengan diferentes proyectos”, expresa Resnicoff,  psicóloga y sexóloga.

“A los 42 sé lo que quiero hacer, sé con quien quisiera estar. De tanto probar se lo que no me gusta, viví lo suficiente para no repetir cosas, no muero por un hijo y luzco igual que a los 30. Lo bueno es que me dan 37 como mucho y tengo 42…”, confiesa Mariana en el libro Tengo 40 ¿y qué?

Pero más allá del sexo, estable u ocasional, hay mujeres que se animan a jugar fuerte con la posibilidad concreta de conocer un nuevo compañero, una persona para compartir charlas, salidas, viajes, más allá del contacto íntimo.

“Las mujeres que se vuelven a enamorar a los 40 o después suelen ser más realistas, menos apegadas a un ideal personal o familiar. Buscan unirse más por una necesidad personal que por la idea de ser completadas por otro. Ya deja de existir “el buen partido”  o el príncipe azul” y se busca compañerismo, buen humor y sobre todo alguien que la considere un par y no una subordinada o una criadora de hijos o ama de llaves”, puntualiza María Silvia Dameno, terapeuta gestáltica con más de 25 años de experiencia en clínica de adultos.

Desde que tuvo a sus dos hijas, Andrea (46) se dedicó a su crianza y a trabajar como ama de casa. Sin embargo, desde hace 10 meses comenzó un emprendimiento junto a una amiga vendiendo carteras por internet y los sábados y domingos en un stand de diseño que alquilan en el barrio de Palermo. “Me siento muy contenta porque este proyecto lo venimos preparando hace mucho tiempo y por suerte ahora lo podemos llevar a la práctica. Le dedico unas cuatro o cinco horas al día durante la semana desde casa y los fines de semana estamos más en el local”, cuenta  Andrea.

Para Matarucco, muchas veces el paréntesis o estancamiento a nivel laboral o profesional tienen más que ver con la falta de tiempo que de deseo y que en muchas oportunidades esos anhelos se postergan ante las obligaciones hogareñas y el acompañamiento del crecimiento de los hijos. “Así es que luego, al encontrarse con tiempo y espacio psíquico a su disposición, se reactiva la motivación para retomar antiguos proyectos truncos, o incluso para crear y proyectar nuevos emprendimientos que, además de  ocupar su tiempo y energía, les permiten redefinir su identidad por fuera de la maternidad, otorgándole un nuevo sentido a su vida”, afirma Matarucco.

Y este tipo de emprendimientos y desafíos, entre otras cosas, también les permite la posibilidad de establecer nuevos lazos sociales, conocer gente y esos contactos también les generan la chance de redescubrirse ellas mismas potenciando un autoconocimiento interno y nuevas redes.

“En cuanto al ámbito social los grupos de amigas/os representan un espacio de contención importante para esta franja etárea femenina ya que el intercambio de experiencias con respecto a los hijos, la familia, la soledad, los propios padres genera vínculos en red de fundamental importancia. También aparecen preocupaciones por la estética corporal para verse y ser vistas “en forma” ya que las fantasías de envejecimiento pueblan la mente. Por eso, el poder mantenerse activas dentro y fuera del hogar es una herramienta psíquica que potencia los deseos de vivir”, apunta la psicoanalista Alicia Pose.

Gisela Viviana López tiene 49 años, está casada y tiene tres hijos (24, 21 y  l7 años). Si bien, su prioridad siempre fue ser esposa y mamá, a los 40 se puso a replantear qué había hecho de su vida, más allá de haber disfrutado mucho el hecho de estar, acompañar  y compartir todos los momentos en familia.

Una vez que sus hijos fueron creciendo se dio cuenta que era el momento para darse prioridad a ella misma. Entonces, vinieron los cursos de teatro, teatro infantil, Payamédicos, artesanías y hace algunos años se decidió a estudiar la carrera de Acompañante Terapeútico.

“Y es a ello a lo que me dedico actualmente. No es un trabajo fácil pues aunque no sea lo correcto, se crean lazos y vínculos afectivos con cada paciente y esto hace que, muchas veces, sus sufrimientos te afecten, al igual que sus tristezas, aunque lo mejor es poder compartir y festejar sus logros”, dice Gisela. “En mi trabajo, trato siempre de aplicar lo que fui estudiando y divertirme: Soy a veces, payasa, a veces artesana, a veces una osa que abraza, otras una gran oreja… un poquito de cada una. Soy muy feliz con lo que hago, pues me permite ayudar, contener, escuchar y aprender”, agrega.

A su vez, el trabajo le permitió conocer y entablar vínculos muy especiales con jóvenes que corresponden a otra generación que también valoran la posibilidad de relacionarse con personas adultas.

“Disfruto enormemente cuando mantengo charlas con jóvenes, con su espontaneidad, frescura y sinceridad, que no se avergüenzan de hablar de todo y me abren la puerta para permitirme volver a ser joven. En esta etapa disfruto de mis logros, de mis hijos ya crecidos, de mi marido, de mi tiempo, de mi trabajo y de mis amigos”.

Lo importante es que la mayoría de estas mujeres se sienten jóvenes a los 40 y pico y con muchas ganas de poder cumplir ciertas metas o deseos que han quedado truncos durante los años de la juventud. En algunas, ese envión es producto de la llamada “crisis de los 40” y otras simplemente sienten que a este edad es el momento ideal para disfrutar de ellas mismas, de la gente que las rodea, sin miedos, sin prejuicios. Sólo es cuestión de animarse.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

 

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