“Aprendí que cáncer no es sinónimo de muerte”

VANRELL SUAU 1

A los 36 años le detectaron un cáncer de mama y le realizaron una mastectomía. Cuando había finalizado el tratamiento un duro revés la volvió a golpear. Sin embargo, con el apoyo de su familia y de los grupos de pares pudo salir adelante.

Para finales del 2004 Patricia Vanrell Suau (44) se había realizado como todos los años la ecografía mamaria por tener antecedentes de cáncer de mama en su familia. Como los resultados habían dado bien su ginecólogo le dijo que pidiera un turno con tiempo para hacerse la mamografía para el año entrante. A principios del 2005 la crisis matrimonial se agudizó en su pareja lo que derivó en un cuadro de depresión por lo que decidió hacer terapia.

En medio de la angustia y la tristeza pidió un turno para realizarse el estudio que había quedado pendiente. La ecógrafa le pidió, por favor, que se quedara unos instantes a raíz de algo extraño que había visto en la mamografía. Inmediatamente, le sugirió que se la llevara a su ginecólogo, quien luego la derivó a un mastólogo.

“Cuando fui a ver al especialista me dijo que había que hacerme una biopsia porque algo no le gustaba. Yo estaba muy mal anímicamente por la relación con mi marido y en mi mente no había lugar para una enfermedad”, cuenta a la distancia.

Mientras intentaba hacer su vida normal, el 8 de julio fue a buscar la biopsia. Con mezcla de ansiedad y de temor se animó a abrir el sobre. Sólo dos palabras alcanzó a leer: Carcinoma invasor. En ese momento se quedó dura, perpleja. “Es como si hubiera entrado en una nube, pensé que terminaba de leer eso y era el fin de mi vida. Fue algo horrible, muy doloroso, angustioso, traumático”.

Patricia no se olvida más aquel fin de semana que la tuvo en vilo tratando de encontrar un médico que le dijera cuánto tiempo le quedaba de vida, angustiada por el destino de sus hijos Alexis y Aixa que en ese momento tenían 16 y 9 años.

Pese a que no tenía síntomas de la enfermedad se sentía deprimida, devastada. Lo primero que hizo fue refugiarse en los brazos de su madre y luego les contó la noticia a su marido y a los chicos. El lunes 11 de julio el mastólogo le confirmó los pronósticos y le comunicó la necesidad de realizar una mastectomía por el tipo de tumor que tenía y para no correr riesgos con una eventual metástasis.

En agosto de ese año le practicaron la cirugía y en octubre comenzó las seis sesiones de quimioterapia. “En un momento pensé que me moría. En la primer quimio bajé cuatro kilos, estaba deshidratada, llegaron a darme una medicación para la médula para generar glóbulos blancos porque llegué a tener sólo 500. La pasé muy mal. Me había tocado en el verano, hacía mucho calor, me la pasaba vomitando, todo me caía mal. Al estar tan delgada sentía el corazón que me latía y pensaba que era el final. Fue terrible pero, por suerte, cada vez que tenía las quimio venían mi psicóloga y mi psiquiatra a apuntalarme”, cuenta. “Hay un momento que no me lo olvido nunca: me encerraba en el baño para vomitar y mis hijos me acariciaban la espalda y me decían “mama vas a estar bien” y eso no te lo olvidas nunca. Ellos y mi mamá fueron fundamentales para salir adelante”.

Antes de recibir el diagnóstico de cáncer de mama, Patricia ya formaba parte de MACMA, una Asociación Civil Sin Fines de Lucro constituida por mujeres que padecieron cáncer de mama acompañadas por un equipo de profesionales de la salud que brinda contención, acompañamiento, orientación e información a quien padece la enfermedad y a su familia y amigos. “Le preguntaba a mi amiga Ana cómo seguía todo, le contaba mis síntomas, compartía mis dudas y temores. Ahí me di cuenta que no me iba a morir, que no era la única, que había muchas mujeres con cáncer de mama, que a otras mujeres le pasaban cosas que a mí no. También pude averiguar cosas que los médicos no dicen como, por ejemplo, que se te cae el pelo no solo de la cabeza, sino el bello de todo el cuerpo”.

Ella cuenta que entre quimio y qumio le costaba mucho recuperarse. Se sentía débil, sin fuerzas.  Cuando llegó el mes de diciembre iba a ser la fiesta de graduación del colegio de su hijo y los profesores y directivos decidieron cambiar la fecha del acto para que ella pudiera estar presente en ese momento tan importante. “Eso me puso muy contenta, estoy super agradecida, hasta el día de hoy nos seguimos viendo con algunos padres. Si bien pensaba que me iba a morir antes, fue una felicidad terrible, una sensación de amor por toda la gente que nos rodeaba. Había algo que se estaba gestando. Alrededor había mucho amor”, sostiene emocionada.

Patricia está convencida que en su vida hubo un antes y un después tras el cáncer de mama. La crisis, la enfermedad y la terapia le hicieron entender que no era feliz en su matrimonio y a los seis meses de finalizar el tratamiento le pidió el divorcio a su marido. Al poco tiempo comenzó a tomar tamoxifeno, un medicamento que se emplea como terapia complementaria para el cáncer de mama. Cuando todo parecía estar mucho mejor en su vida, un nuevo cimbronazo la volvió a sacudir. En abril del 2007 un nuevo estudio arrojó valores preocupantes en un chequeo y el oncólogo decidió practicarle una ooforectomía, la extirpación de sus dos ovarios. Esa situación la volvió a cachetear duramente ya que inmediatamente sus recuerdos la toparon con aquella mastectomía y con el hecho de que, además, le habían sacado el útero a los 29 años.

“Ese momento me marcó mucho porque por algo era en los ovarios. Cuando te sacan los ovarios te cambia la vida: engordás, te deformás, es terrible, empiezan los cambios hormonales, angustia. Por momentos no sabía lo que me pasaba, lloro, me hincho, es una menopausia precoz. Sin embargo, aprendí que no soy ni una teta ni un ovario caminando, que soy una mujer y que hay otras cosas por las cuales me tengo que reocupar y seguir peleándola”, expresa. “También aprendí que cáncer no es sinónimo de muerte, que tomado a tiempo es totalmente curable, me di cuenta de la importancia de darle valor a muchas cosas que antes no le daba, a los afectos, a los familiares, al compartir más con la gente”, alega.

Y en su nueva vida, Patricia también tuvo una segunda oportunidad en el amor. A mediados del 2007 conoció a una persona en una paella en el Club Español. Al principio, ella no se quería ni acercar porque pensaba que el capítulo hombres era algo terminado en su vida. Sin embargo, él insistió, consiguió su número de teléfono y no tardaron en llegar los almuerzos, las salidas al teatro y al cine. Aunque se estaba enganchando con él, pensaba que la relación no iba a funcionar.

“Una vez fuimos al cine a ver una película donde una de las protagonistas tenía cáncer de mama y finalmente se moría. En ese momento me puse a llorar desconsoladamente, sentía una gran desesperación. Él me preguntó si me sentía bien y yo le dije que teníamos que hablar. Entonces fuimos a una confitería, le contó todo, le dije no tengo esto, pasé por esto. Estuve hablando como una hora y media. Y él me dijo: ¿Cuál es el problema, yo delante de mí veo una hermosa mujer”. Y desde ese momento no se separaron más.

Hace tres años puso una heladería en el barrio de Palermo, todo un desafío que la mantiene activa y con más proyectos. Continúa asistiendo a  MACMA “devolviendo” todo el apoyo y el cariño que le dieron desde siempre sus amigas. Actualmente, forma parte de la comisión directiva, hace admisiones, participa de charlas y si falta una coordinadora, coordina grupos.

Si de relajarse y del placer se trata, hace un tiempo comenzó a practicar Johrei, una técnica japonesa que está destinada a eliminar los “nublamientos espirituales” generados por pensamientos, palabras y acciones negativas.

Y principalmente disfruta del amor de sus hijos. “Mis hijos son buenas personas, chicos que han sufrido mucho mi enfermedad, los marcó mucho. Yo siempre digo que si no hubiera sido por ellos no sé si hubiera salido adelante”.

Finalmente,  Patricia insiste en la importancia de que las mujeres se realicen los controles y los chequeos y recomienda que en el supuesto caso que les encuentren algo no duden en ir al médico. “Y si les diagnostican un cáncer de mama no piensen en una sentencia de muerte, si se agarra a tiempo con un diagnostico precoz todo es curable. Se puede salir adelante, lo fundamental es el afecto y confiar en la familia y en los seres queridos”.

 

PUBLICADO EN PHARMAREPUBLIC.NET

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s