“Encontrar a María Belén me cambió la vida”

 

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Tras varios años de lucha junto a las Abuelas de Plaza de Mayo, Irma Rojas logró encontrar en 2007  a su nieta que es hija de desaparecidos.”Cuando la observé comprobé que tiene la parte de la pera de mi hijo y el modo de caminar de mi nuera”, recuerda.

Una cálida y amable sonrisa espera del otro lado la de la puerta de Abuelas de Plazo de Mayo. De baja estatura, vestida con un pantalón negro, una blusa violeta y un saquito de igual color, Irma Rojas (76) señala en un afiche la foto de María Belén, su nieta a la que recién conoció en 2007 cuando fue recuperada luego de tantos años de tristeza y dolor. Aprovechando la ausencia circunstancial de Estela de Carlotto, titular de la Asociación, se acomoda en su oficina y comparte su historia.

La madrugada del 13 de mayo de 1977 una vecina tocó el timbre de su casa para contarle que su hijo, Horacio Antonio Altamiranda, y su nuera, Rosa Luján Taranto, habían sido secuestrados en la vivienda bonaerense de Florencia Varela, delante de sus dos hijos, de dos y tres años.

En ese momento, le avisó de lo acontecido a su consuegra para que la acompañara en la búsqueda de ambos, aunque ésta le comentó que no pensaba hacer nada. Entonces, decidió salir sola a caminar para dar con el paradero de su hijo y de su nuera que se habían conocido mientras militaban en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

“Desde ese entonces dejé de trabajar y sólo me dediqué a buscarlos. No sabía a donde ir. Estuve en Florencio Varela, La Plata y hasta fui cuatro veces a Campo de Mayo donde después me enteré que los tenían y a mi me habían jurado que no estaban ahí”, recuerda resignada.

Como no tenía noticias recorrió comisarías, hospitales y hasta la morgue. Estaba desesperada y aún tenía las esperanzas de poder encontrarlos con vida.

Mientras continuaba con su búsqueda de día y de noche, se fue enterando de algunas cosas que hasta ese momento desconocía. Por ejemplo, que Horacio (que tenía 20 años cuando desapareció) hablaba mucho de política con su cuñado y que en el barrio la mayoría de los vecinos estaba al tanto de su militancia. Sin embargo, ella no lo sabía.

“Mi hijo era una persona muy inteligente, trabajaba como soldador y electricista. Conoció a mi nuera, se enamoraron y se fueron a vivir juntos. Nunca me imaginé que podía terminar como terminó. Una vez, él me había dicho que nunca me quería ver llorando. Por eso, salí a la calle y luché para encontrarlos”.

Irma recuerda que por aquellos días de 1977 se levantaba bien temprano y caminaba todo lo que fuera necesario para encontrar alguna pista firme que la llevara a reencontrarse con Horacio y Rosa. Cuenta que una vez le rogó a un oficial para que le mostrara los cadáveres si ellos estaban muertos. Sin embargo, una y otra vez le negaban el derecho a saber qué había sido del destino de ambos.

Como se dio cuenta que sola no podía luchar contra el enemigo, si bien tenía el incondicional apoyo de su marido, decidió primero concurrir a Madres de Plaza de Mayo. Pero como su nuera cuando fue secuestrada estaba embarazada de ocho meses, una persona le recomendó que fuera a Abuelas de Plaza de Mayo ya que en esa entidad buscaban a los nietos que habían nacido durante la Dictadura Militar.

Irma pasó muchos años en Abuelas siendo testigo de cómo muchas abuelas iban encontrando a sus nietos. Y no perdía la esperanza de poder conocer al suyo que en ese momento no sabía si se trataba de un hombre o de una mujer.

En el año 2005, en la provincia de Córdoba, una joven llamada María Belén, que siempre supo que fue adoptada de buena fe, se contactó con la filial local de Abuelas porque sospechaba que podía ser hija de desaparecidos. Por cuestiones familiares decidió suspender esa búsqueda aunque a mediados de 2006, el equipo de retomó el vínculo y la muchacha reinició el camino hacia su identificación.

Fue así como en junio de 2007, el banco de datos genéticos identificó de manera positiva, con un 99,99% de certeza, que María Belén era hija de María Luján y de Horacio Antonio.

El 28 de junio de ese año fue un día que Irma jamás olvidará.  Esa mañana se enteró de la noticia y por la tarde -en una conferencia de prensa- abuela y nieta pudieron estrecharse en un interminable abrazo que había esperado 29 años.

“Habíamos ido con mi marido y tres de mis hijos. Yo pensaba a quién se iba a parecer y cómo me recibiría. Cuando la observé comprobé que tiene la parte de la pera de mi hijo y el modo de caminar de mi nuera”, recuerda. Abuela: que bueno encontrarte, nunca te voy a dejar”, dice que le dijo su nieta en ese primer contacto.

Después de esos besos y abrazos, Irma le presentó al resto de la familia  y conoció a la persona que la crió, con quien mantiene una muy buena relación. Y al día siguiente se realizó el tradicional brindis en Abuelas cuando encuentran a un nuevo nieto. “Estaban todas las abuelas, vinieron mi marido, mis hijas, mi hermana. Fue un día muy lindo, sacamos fotos. Yo no pensé que iba a ser tan cálido y emotivo el recibimiento”.

En esos momentos su nieta le presentó a su pareja y a su hija de nueve años, una de sus seis bisnietas, que la abrazó muy fuerte y le dijo que estaba muy feliz de conocerla.

Irma dice que María Belén es muy cariñosa, una “excelente chica”, humilde, que tiene un “lindo” carácter, que sus padres adoptivos la criaron “muy bien” y que jamás quisieron alejarla de su familia de origen. “De mi hijo tiene la forma de hablar y tiene los ojos grandes como la mamá”.

Actualmente, María Belén trabaja en Abuelas de Córdoba y cuando tiene que viajar por trabajo a Buenos Aires no deja de pasar a visitar a sus abuelos y al resto de su familia.

También se ven en Córdoba cuando su abuela viaja para verla y disfrutan de esos momentos que ambas guardarán para siempre en sus corazones. “Encontrar a mi nieta me cambió la vida, este es el premio más valioso que me dio la vida tras haber perdido a mi hijo y a mi nuera. Es una alegría tenerla”, confiesa.

Desde el día que encontró a María Belén, Irma se levanta todos los días con una sonrisa. De lunes a jueves está en Abuelas apoyando a las otras abuelas que aún sueñan con encontrar a sus nietos. Antes se tomaba todos los días tres colectivos desde Florencia Varela pero desde hace algunos años le pusieron un remis que la lleva y la trae todos los días. Los viernes aprovecha para hacer las compras y llenar el changuito para cocinarle a su marido. Y pese a que no olvida ni un instante a los que ya no están presentes, disfruta de su casa, de sus hijos, de sus nietos y de sus bisnietos. Hay dos cosas que espera con mucha ansiedad: los almuerzos de los domingos en familia y las llamadas telefónicas de María Belén. Dos situaciones que le devuelven la sonrisa y la hacen muy feliz.

 

ESTA ENTREVISTA FORMA PARTE DE MI PRIMER LIBRO: VIDAS QUE ENSEÑAN (EDITORIAL DEL NUEVO EXTREMO).

FOTO: FLORENCIA GARBER

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