¿Cómo lograr que los chicos salgan fortalecidos de situaciones traumáticas?

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Contención afectiva, terapia y el contar con un grupo de pares son algunas de las herramientas para sobreponerse.

Una nena que quedó huérfana como consecuencia de un terremoto. Un chico que fue adicto durante mucho tiempo a las drogas. Un niño que fue abusado por un docente en un colegio de curas. Una menor que sobrevivió a un accidente en el que falleció su novio. Una criatura que debió soportar en primera persona una enfermedad oncológica. Todos estos son ejemplos de personas que durante los primeros años de sus vidas atravesaron una situación dolorosa, traumática, pero, sin embargo, salieron adelante transformando sus vidas en algo positivo.Lograron ser resilientes.

La resiliencia es la capacidad de cualquier ser humano a enfrentar situaciones que hayan puesto en riesgo su integridad psicofísica ante la pérdida de seres queridos, el haber enfrentado una dura enfermedad, haber estado privado de su libertad, haber sido sometido a agresiones físicas y sexuales, haber sobrevivido a catástrofes naturales, entre otros traumas. Cuando se trata de los niños, en general, este resurgimiento suele ser más complejo porque a esa edad cuentan con menos herramientas para poder ver una luz al final del túnel.

Tristeza, enojo, retraimiento y miedo, intranquilidad, ansiedad, culpa, impotencia, evasión y desasosiego. En mayor o menor medida, estas suelen ser las sensaciones y los estados de ánimo que suelen emanar de estos chicos y adolescentes que deben afrontar una situación dolorosa.

A la hora de buscar las herramientas necesarias a las que estos chicos pueden recurrir para sobreponerse al dolor y aferrarse a la vida, la contención afectiva que generan los vínculos que hayan podido establecer previo a su situación adversa y los que logren establecer inmediatamente después de la misma constituyen un pilar fundamental para comenzar a hallar esa luz al final del túnel. La necesidad de sentirse aceptados por un adulto significativo y escuchados a la hora de poder compartir ese sufrimiento les otorgará la conciencia de su importancia como persona, su valor. A veces ese otro pueden ser los padres, otro familiar, un docente, un amigo mayor o una institución. La valoración, el afecto, el amor, el apoyo, el respeto y el ejemplo son elementos valiosos y positivos para ofrecerle a un niño y ayudarlo a construir una autoestima fuerte, valorizada y con recursos humanos, espirituales y emocionales para el futuro.

Una de las características fundamentales que poseen estos chicos es que logran encontrarle un sentido a su vida a pesar del dolor que debieron afrontar. En los niños, muchas veces, ese sentido a la vida se presenta como sinónimo de supervivencia. En otras circunstancias está asociado al deseo por recuperarse de una dura enfermedad o a la lucha que le imprimen para ser alguien en la vida. La visualización de esa meta, de ese objetivo, ya es un paso adelante para dejar atrás ese estado de tristeza e ir en busca de ese sueño.

Los grupos de pares muchas veces son utilizados como mecanismos para lograr una identificación con otro par que atravesó una situación similar. Los niños que se encuentran transitando una dura enfermedad, aquellos que perdieron a sus padres, que sobrevivieron a tragedias o que se recuperan de alguna adicción se sienten a gusto entre pares porque pueden compartir sin prejuicios sus sentimientos y sus temores y esa identificación tiene un efecto transformador y potenciador. A veces se trata de jugar, de pintar, de dibujar, de hacer un collage. Otros logran poner en palabras los sentimientos y la preocupación que perciben sobre ellos mismos, sobre su futuro, sobre la relación con quienes los rodean. Lo importante es poder compartir esas sensaciones entre pares para comprender que uno no es el único que se encuentra afrontando una situación límite.

La terapia también es un factor importante en el trayecto de estos chicos a la hora de hallar respuestas y elementos para poder salir adelante, para poder comprender e interpretar lo acontecido y vislumbrar un futuro diferente, con más certidumbre y esperanza. Las sesiones con un especialista propician el corrimiento de ese lugar de víctima hacia un lugar transformador para ocupar en la vida cotidiana. Muchas veces la mirada externa y las palabras de ese otro ayudan a modificar la mirada interna para elevar la autoestima.

Alguna de las características que poseen estos chicos y adolescentes que logran transformar su triste experiencia en algo mucho más positivo son la flexibilidad, la capacidad para encontrar soluciones a los conflictos, autoestima alta, creatividad. También presentan habilidad para manejar de manera constructiva el dolor, el enojo y la frustración, buen sentido del humor, optimismo, perseverancia, empatía, solidaridad y capacidad de perdón.

Muchas veces los adultos pensamos y decimos que debemos aprender de los chicos, que ellos son pequeños grandes sabios, que tienen respuestas para todo. Y en este caso también nos pueden dejar enseñanzas. Si ellos pudieron salir adelante transformando sus vidas, la enseñanza es que todos podemos luchar para sobrevivir, para convertir la tristeza en algo más ameno, la crisis en oportunidad, el dolor en aprendizaje. Y también debemos aprender el legado de que nunca es tarde para cumplir un sueño. Solo es cuestión de imaginarlo e ir en pos de esa meta.

*Alejandro Gorenstein es periodista, escritor y autor del libro “Historias de corazón: chicos que le ganaron a la vida”.

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