“Todo parte con un sueño y si lo tienes, claramente se puede hacer realidad”

 ordoñez

Después de imaginarlo durante 18 años y tras un largo recorrido con aciertos y frustraciones laborales, José Luis Ordoñez Sequeiros (49) logró traer a la Argentina la gaseosa Salvietti, que inicialmente fue bautizada como “Champán Cola”, que salió a la venta en La Paz el 24 de julio de 1920 con el nombre de Papaya Salvietti. Se trata de un producto que está presente en la mesa de miles de bolivianos que viven en la Argentina, como consecuencia del logro y del orgullo personal de un soñador que no tiene fronteras.

 

¿Cómo fueron tus inicios en la actividad laboral?

Me inicio a los 18 años cuando uno de mis compañeros de curso me llama y me dice que estaba trabajando en Coca Cola en La Paz y que necesitaban una persona de confianza. Ellos, como sabor propio desarrollaron el primer jugo de frutas, similar a la Cepita, en botella de vidrio, con pulpa, homogeneizado y pasteurizado. Entré ahí y me quedé fascinado con el tema de las botellas. Estuve varios hasta que se vendió la fábrica.

 

 ¿Cómo fue tu primer viaje a la Argentina?

Vine a estudiar Marketing Integral porque me llamaba mucho la atención los buscas del colectivo, la oratoria popular y cómo se desenvolvían. Una vez que terminé ese curso regresé a mi país para trabajar nuevamente en Coca Cola. Mientras tanto, en Salvietti tenían, como marca, problemas internos: se pierden las representaciones de la marca, cae la empresa en La Paz, la compra Pepsi y es ahí donde el gerente me busca y me dice que teníamos que darle un soporte y empecé a formar parte de un grupo de trabajo que controlaba que se realizara bien el trabajo aunque no formaba parte de la empresa.

 

 ¿Cómo continuó tu experiencia laboral?

En ese interín me encuentro con un gerente amigo de Coca Cola y me dice de trabajar en Santa Cruz, donde permanecí unos ocho años. Éramos 10 jefes de venta, pero en un momento nos dijeron que solo se iban a quedar cinco. Me dieron la opción de ser distribuidor de cerveza. Asumí  el riesgo de vender cerveza en la frontera con Brasil junto con un amigo. Invertí todos los ahorros que tenía y en el tercer viaje perdí los 40.000 dólares que tenía cuando se embarrancó mi camión. No lo podía creer, era volver a empezar.

 

¿Qué fue lo que hiciste para salir adelante?

Tengo un cuñado que era  gerente de Peugeot en la Argentina y me llamó para que viniera porque iban a armar un tercer grupo de producción y yo iba a entrar como supervisor. Ilusionado, me viene con mi mujer y mis tres hijos (actualmente tienen 21, 18 y 11 años). Llegué el 25 de diciembre de 2006 con la ilusión de volver a empezar. Al principio, me hicieron los papeles legales, el psicofísico y psicotécnico, y yo tenía temor a que me rebotaran porque tengo problemas de columna a causa de una vértebra rota. Mi cuñado me dijo que no me hiciera problema ya que mi  trabajo sería intelectual. Pasó una semana, algo no cerraba, olía algo raro, no estaba feliz. A la semana siguiente él me llamó para decirme que me habían rechazado por ese problema.

 

¿Y cómo reaccionaste en ese momento?

Le dije a mi mujer: “si estoy aquí, de aquí no me voy sino te pongo en el lugar que vos te merecés”. Al día siguiente salí a buscar trabajo y estuve como jefe de barra en un restaurante boliviano trabajando viernes, sábados y domingos. También fui extra en una película (que narraba la historia de un boliviano que se instaló en Bolivia) grabando unas escenas en El Palomar. Fue una experiencia hermosa, fui artista.

Al poco tiempo se me presentó la oportunidad de trabajar en una empresa de máquinas, pero yo era hombre de botellas. Me presenté y al señor que me entrevistó le gustó mi sinceridad cuando le dije que de máquinas no sabía nada, ni siquiera el lugar donde estaba la aguja. Pero le dije que si me daba la oportunidad, le iba a demostrar que podía vender esas máquinas. Y así fue: vendimos una cantidad increíble de máquinas.

 

¿Y cómo fue que se te ocurrió traer la bebida Salvietti a la Argentina?

En realidad, yo tenía este sueño desde hacía 18 años pero por una u otra razón no lo había podido concretar. Un día estoy en el chat de Facebook hablando con uno de mis ex compañeros de trabajo en Bolivia y le dije que le preguntara al gerente si se animaba a que yo vendiera los productos en Buenos Aires. Al día siguiente, me escribió diciéndome que lo hiciera. Entonces, me empecé a mover pero encontré piedras y obstáculos en el camino porque mi idea era traer el producto terminado. No estaba prohibida la importación, pero estaba el problema del narcotráfico, nos habían dicho que no otorgaban permiso para traer esas bebidas de Bolivia porque era imposible controlar todos los camiones.

Yo creo que mucho en Dios y le pedía que me ayudara en esto. El otro obstáculo era traer el concentrado base de la bebida (la esencia) que se mandaba desde los Estados Unidos, pero me comentaron que desde los atentados a las Torres Gemelas no se podían mandar químicos por avión. Había dos opciones: la empresa tenía una subsidiaria en Brasil y otra en la Argentina. Y obviamente, elegimos hacerlo en la Argentina.

 

 ¿Cómo fue avanzando el proyecto?

A partir de ahí cerré los temas legales, anoté el producto y caí en una sodería muy antigua en el barrio de Barracas y desde ese momento (hace cuatro años y medio) nació Salvietti en la Argentina. De esta manera empezamos con sabores propios y llegamos a la colectividad boliviana y peruana. Y el gran desafío es llegar al mercado argentino. Estimo que debemos haber llegado al 60% de la comunidad boliviana que es CABA y algunos sectores de la provincia de Buenos Aires como La Plata y Escobar.

 

 

¿Cómo funciona la empresa?

En mi carrera laboral empecé siendo vendedor base, he sido subgerente de ventas, aquí soy de todo, pero la diferencia es que puedo ver cómo se comporta el producto desde el inicio. Hoy en día tengo que ver la tapa, la botella, si está bien la esencia, el azúcar, el tema del gas.

Tengo el apoyo de mi familia: mi esposa me ayuda con la parte administrativa, mi hijo con la logística, tengo tres empleados directos y tengo como 50 o 60  indirectos porque mucha gente de la colectividad está en las villas donde hay gente que sobrevive vendiendo gaseosas. Yo los fui a buscar para que vendieran mi bebida, les entrego el producto como mayorista y ellos lo distribuyen. La bebida es un acompañamiento de comidas pero no hubiera sobrevivido si no hubiera tenido la nostalgia que tiene.

 

 

 

¿Qué particularidades tiene esta gaseosa?

Al ser una bebida extractada de la Papaya, tiene características de ser diurética, es muy liviana, no tiene cafeína, es una bebida blanca y es menos dañina que una bebida oscura. Pero tiene gas, el exceso de gas daña, es muy dulce, nosotros sugerimos que se vaya regulando el consumo.

 

¿Qué desafíos te planteás para el futuro?

Hace cuatro años y medio arrancamos produciendo 18.000 litros por mes, hoy en día estamos con 90.000 en botellas de 2.25 litros o 1.5 litros. Queremos que la comunidad se identifique más con este producto. Una primera etapa va a ser cuando lleguemos al 90% del mercado y ahora queremos entrar al mercado argentino a mediano plazo. Hoy en día los argentinos quieren las cosas místicas y estos sabores son muy especiales.

Los grandes desafíos son por estos días lanzar la representación de un agua de allá (Viscachani) y un juego de frutas (Kefrut all) para toda la colectividad. La idea es darle algo relacionado con la nostalgia, con los sabores, con las costumbres y no podíamos estar alejados de eso. Y más adelante pensamos traer un energizante.

 

¿Te imaginabas hace 18 años que podías lograr todo esto?

Hace 18 años pensaba que debería estar esta gaseosa en la Argentina, aunque tardé casi 10 años. Todo parte con un sueño y si lo tienes, claramente se puede hacer realidad. Los sueños te levantan nuevos sueños. Yo le dije hace poco a mi hijo que alguna vez me gustaría parar con el auto en cualquier parte del país y encontrarme con algunos de nuestros productos y saber que ahí estamos, este es mi gran sueño.

 

PUBLICADO EN REVISTA MAÑANA

 

 

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