Un pequeño gigante

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Freddy Calle (27) pasó grandes carencias durante su infancia y adolescencia en La Paz. Pidió limosna en la calle junto a su familia y trabajó como empleado en varios rubros. Sin embargo, decidió venir a la Argentina en busca de nuevas oportunidades. Hoy en día se desempeña como asesor financiero en la consultora Ooschai y acaba de crear la primera Asociación de Jóvenes Emprendedores cuyo objetivo es brindar contención a los jóvenes bolivianos basado en el apoyo emocional.

¿Cómo fueron tus primeros años en La Paz?

Mi padre nos abandonó a mi madre, a mí y a mis hermanos. Fue una vida dura, nunca pude sentir el aprecio de un padre. Mi mama salía a las seis de la mañana a trabajar y regresaba a las 12 de la noche cuando yo ya estaba durmiendo. En ese momento pedíamos limosna en la calle, solo subsistíamos y tratábamos de ser felices. A los pocos años nos trasladamos a Oruro y luego regresamos a La Paz donde empezamos a trabajar de todo siempre en familia, con mi mama y mis hermanos menores.

 

 

¿Cómo fue que empezaste a trabajar de tan chico?

A los 15 años empecé a ayudar a mi mamá a llevar el pan de cada día a mi casa. Trabajé como lustrabotas, luego como anunciante de los pasajes y los horarios de salida de algunos autos. Más adelante, mi mamá comenzó a desempeñarse como portera de una fábrica textil y ahí comencé a aprender el oficio de las máquinas. Y fui testigo de cómo era la vida de un obrero porque vivía ahí. Sentí cerca de mí la marginación, el trato que nos daban, el abuso y eso no me gustaba. Un día me prometí que cuando sea mayor no iba a ser empleado, sino emprendedor. Y en ese momento decidí salir a buscar nuevas oportunidades: trabajé como en un hotel como auxiliar de eventos, luego fui encargado de varias personas, siempre me tenían confianza y daba el 100%.

 

 

¿Cuál fue tu primer emprendimiento?

Al poco tiempo empecé a emprender una fábrica estampadora de remeras, logotipos, dibujos a colores. Empecé a generar un buen capital, yo tenía las maquinas, pero el que ponía el dinero y el que las distribuía a las empresas generaba mucho más dinero.  Era como un empleado de mi propio emprendimiento. Entonces a mis 21 años decidí ir a ver a mi padre para pedirle ayuda, aunque hasta ese momento nunca lo había conocido.

 

 

¿Y cómo fue el encuentro con tu padre?

Mi padre tenía un hotel de 3 estrellas, varias tiendas y había armado una nueva familia. Le dije que era su hijo y me invitó a su casa para conocer a mis hermanastros. Me dijo que me iba a ayudar con mis estudios de ingeniería química pero para eso debía trabajar en el hotel limpiando las habitaciones. Estuve trabajando tres meses pero me di cuenta que no me trataban bien y la mujer de mi padre me acusó de haberles robado dinero. Esa actitud injusta me dolió mucho y decidí irme.

 

 

¿Por qué decidiste venir a Buenos Aires?

Mi mamá me presentó a un familiar que me daba trabajo en Buenos Aires por $ 4.000 para trabajar en costura. Llegué en noviembre de 2011 y comencé a trabajar en un taller clandestino de lunes a sábado. Mi idea era venir  por un año, quería capitalizarme para volver a retomar el emprendimiento de la estampería.

 

¿Y qué cosa hizo te hizo cambiar de planes?

Una vez estaba escuchando en la radio el programa de José Jiménez que hablaba sobre cómo actúan las personas. Al poco tiempo él brindó una charla por Flores a la que acudieron unas 200 personas. José decía que buscaba jóvenes de distintos departamentos de Bolivia para formarlos durante cinco años y que a futuro desearan ser empresarios.

Me presenté con José y le dije que quería ser parte de su equipo. “Quiero que seas mi mentor, quiero trabajar contigo, voy a hacer todo lo que me digas, pero no quiero que me pagues por eso”. José me contestó que nunca nadie le había dicho algo similar. Él me dijo que este año no tenía tiempo, pero me presentó a Alan Morales para que me guiara.

 

 

¿Cuál fue el aporte que te brindó el hecho de conocer a Alan Morales?

En ese momento Alan estaba creando la Fundación Si tú quieres, era una persona muy visionaria. Le dije que quería trabajar con él. Alan me respondió que no me podía pagar nada porque estaban sembrando para poder crecer, igualmente yo le había dicho que no quería que me pagaran. Ahí aprendí a que un emprendedor no recibe órdenes, debía ser proactivo. Estuve ocho meses trabajando sin cobrar, Alan nos enseñaba sobre proyectos, proyecciones y empecé a aprender.  No me importaba el dinero porque era feliz con lo que ellos me enseñaban y sabía que a futuro el conocimiento iba a ser muy fuerte.  Alan también me enseñó el mundo del corazón, conocer a las personas y el sentido de pertenencia.

 

 

¿Qué pasó luego de esos ocho meses?

Ya tenía ciertos parámetros claros para avanzar, copiaba en todo a Alan y a José y empecé a dar charlas. Fui instructor de cashflow, un juego de mesa que te enseña la parte de inversiones, contabilidad, finanzas y planificación. En ese momento aprovechaba los viajes de ellos dos y los reemplazaba en sus charlas y cursos. Sin embargo, sentía que me faltaban más cosas, tenía que prepararme más, tenía que ser más profesional e ir en busca de más mentores. Entonces, entré a la Escuela e Riqueza y empecé a leer libros de economía argentina y de inversiones.

 

 

¿Y cómo se inicia tu trabajo en asesoramiento financiero?

José y un socio crearon la primera consultora de asesoramiento, Ssias, y yo era entrenado por Alan y otros asesores en ventas. Luego, José lanzó su propia consultora, Ooschai, de planificación financiera. Ahí realizo asesoramiento financiero, la consultora se dedica a ahorro e inversiones, asesorar a personas, inducirlos al ahorro y mostrarles distintos tipos de inversiones.

Y no dejé de darle importancia a mi educación: tengo una convalidación de la UTN, una matrícula, aprobé un curso, ya estoy idóneo para trabajar en el ámbito financiero.

 

 

¿Cómo surgió la idea de formar tu propio equipo de trabajo?

Luego empecé a formar un grupo de trabajo, compuesto por unos 100 jóvenes que yo mismo entrené con los conceptos de liderazgo que había aprendido del networkmarketing. Y en ese momento me puse nuevas metas y le enseño a la gente que se coloque metas financieras a corto, mediano y largo plazo.

Pero quería ser empresario, algo que sea con mi nombre, con mi marca. Estuve investigando y empecé a entender de las figuras que una empresa tiene que tener como asociaciones civiles, sociedades anónimos. Acabo de crear la primera Asociación Civil Circulo de Jóvenes Emprendedores que tiene como objetivo poder dar contención al joven boliviano que hoy por hoy no tiene un rumbo, les vamos a brindar asesoramiento y contención. Hay muchas familias en la comunidad cuyos hijos no están contenidos y están en el alcoholismo, embarazos adolescentes, eso me conmovió y la idea es dar apoyo emocional. Queremos tener el primer polideportivo de jóvenes donde ellos puedan ir a distraerse. Primero hay que enfocarse en qué necesitan estos chicos, y paralelamente enfocar hacia la educación y crecimiento personal. Quiero que esos jóvenes puedan aprender a ser emprendedores, a incubar proyectos.

 

¿Con qué sueñas de cara al futuro?

Yo un día fui empleado, pasé a ser emprendedor y hoy  en día mi visión es ser empresario, ya soy accionista de varias empresas, el objetivo es poder seguir creciendo. Yo quiero a futuro poder tener mis propias empresas en bienes raíces y servicios. Y poder entrar a distintos tipos de inversión. Ingresar al mercado de capitales, entrar a los sistemas de negocios de economías reales, franquicias.

 

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