Amores de verano

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Los romances de verano suelen ser aventuras cortas que no obligan a comprometerse, predomina más el contacto físico, se viven con mucha intensidad y pasión y son vínculos fugases que generalmente se terminan cuando finaliza el verano.

Se dice que en el verano, y especialmente en las vacaciones, las personas están más relajadas, con la mente más despejada, donde las responsabilidades brillan por su ausencia y el estrés parece haber quedado en el recuerdo como algo muy lejano. Y dentro de ese contexto, la posibilidad de conocer gente para vivir una historia de amor más descontracturada y con menos ataduras y compromisos generalmente se encuentran a la orden del día. Se trata de vivencias que experimentan tanto los jóvenes como los adultos.

Los romances de verano suelen ser aventuras cortas que no obligan a comprometerse, predomina más el contacto físicos, se viven con mucha intensidad y pasión y son vínculos fugases que generalmente se terminan cuando finaliza el verano.

“La época del verano suele condicionar la actitud con que las dos personas que se vinculan eligen el ‘no compromiso’ o apenas ‘cierto compromiso’. La diferencia con otro momento del año es que, generalmente, en nuestro país, la época veraniega asume un simbolismo asociado con ‘relajarse’, olvidarse temporalmente de todos los problemas que aparecieron durante el año, aunque no se hayan resuelto, y pasar el tiempo vacacional (una semana, quince días o un mes) con otra mirada, distendidos y divertidos”, puntualiza la licenciada y profesora de Psicología Flora Moisín.

Si bien es real que mayoritariamente son los jóvenes los que gozan de este tipo de amores, también los adultos que no están en pareja se animan a fantasear con esta oportunidad de enamorarse en otro contexto y con otras expectativas.

“Las diferencias se dan fundamentalmente en la búsqueda que cada uno emprende. Los más jóvenes pueden, en el verano y también en el invierno, estar en plan de vivir experiencias amorosas diversas, que no les generen ataduras a largo plazo, porque hay otros planes (estudio, carrera, viajes, amigos) que les interesa no ver afectados por una relación de pareja estable. También los hay de los que andan buscando justamente eso: una relación “seria”. En el caso de los mayores, también dependerá de la etapa que se viva. La mayoría de los que ya han tenido un matrimonio y se encuentran separados, orientan su búsqueda hacia alguien con quien compartir a largo plazo, y no sólo un “amor de verano”, explica Adriana Martínez, Psicoanalista y Coordinadora Asistencial de la Fundación Buenos Aires.

Para el psicólogo Santiago Gómez,  las ventajas de estos amores de verano radican en que todo lo que se comparte es con buena onda y entusiasmo, donde se dispone de tiempo para disfrutar y pasarla bien, se vive con mucha pasión e intensidad y si ambos miembros de la pareja no desea compromisos más allá de las vacaciones se termina el romance cuando cada uno vuelve para su lugar de origen.

“Uno de las mayores desventajas que generan estas relaciones, es el sufrimiento y la angustia de la persona “que queda pegada o enganchada” en la relación sin tener en cuenta las reglas de juego, es decir, que la relación se termina cuando finalizan las vacaciones”, puntualiza Gómez, Director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva.

No todas las parejas logran acordar explícitamente cómo continuará la relación una vez que finalicen esos días placenteros y románticos del verano. En algunos casos, esa decisión se puede postergar porque el vínculo que se establece en ese corto tiempo es muy sincero y profundo y ambos temen echar a perder todo ese amor incipiente.

Martina (26) conoció a un chico el verano pasado en un viaje que realizó junto a una amiga por Salta y Jujuy. Estuvieron juntos poco más de una semana, pero ella realmente se sentía muy “enganchada” con él. Durante ese lapso hicieron vida de pareja: fueron a cenar, pasearon, durmieron juntos. Sin embargo, el último día se encontró con una sorpresa que no esperaba. “Cuando él se tuvo que volver me dio un beso, me abrazó así nomás, me dijo que la había pasado bien conmigo y que si quería lo podía agregar en Facebook. Yo me quedé re triste, sin palabras. Pensé que la relación recién estaba empezando, pero evidentemente él pensaba otra cosa”, dice Martina a la distancia.

Para que no ocurran este tipo de situaciones angustiantes, lo mejor es poder conversar de antemano sobre cuáles son las expectativas de cada uno, qué les gustaría que suceda una vez que finalizan las vacaciones, si se animan a probar empezar una relación desde otro lugar y si están dispuestos a comprometerse o a conocerse desde otro lugar. Siempre es aconsejable colocar las cartas sobre la mesa.

“En ese caso, cuando el riesgo sería que uno u otro salga lastimado, lo importante es plantear con claridad y realidad qué es lo que se busca, desde el vamos. Habrá casos en lo que esto no haga falta y las pautas estén claras tácitamente, eso suele percibirse en el intercambio entre dos. Pero si algo nos da la pista de que el otro/a espera algo más de nosotros o algo menos que nosotros, entonces es importante que se explicite de alguna forma para no dar rienda a expectativas que luego se verán frustradas”, sugiere Martínez.

Sin embargo, no siempre los amores de verano son sinónimo de touch and go y de relaciones sin compromiso donde se pasa el momento y después cada uno se va para su casa. A veces hay personas que coinciden en un determinado momento y lugar con sus corazones y sus mentes abiertas para no cerrarse a la posibilidad de comenzar una historia. Y en este caso, el amor a largo plazo es más que posible.

En el verano del 2003, Oscar (33) conoció en un boliche de Pinamar a una chica de Corrientes. Esa primera noche bailaron mucho y como la pasaron muy bien intercambiaron sus números de celular. Al día siguiente, arreglaron para encontrarse en la playa y pudieron, sin música y ruido mediante, comenzar a conocerse un poquito más. Ese día se besaron y a los dos días tuvieron relaciones. “Fueron cuatro o cinco días espectaculares. Con Yanina la pasamos hermoso. Estábamos todo el tiempo juntos, a veces junto con nuestros amigos y todos nos cargaban por lo embobados que estábamos uno con el otro”, cuenta Oscar. Como él vivía en Buenos Aires y ella en Corrientes, el último día de las vacaciones estuvieron imaginando cómo continuaría esa incipiente relación que tan unidos los tenía. Al principio, se turnaban y viajaban cada 15 días a visitarse hasta que un día decidieron que no tenían más ganas de estar separados. “Entonces, yo dejé mi trabajo y empecé a buscar alguna otra cosa en Corrientes. Por suerte, al poco tiempo me mudé y desde ese día no nos separamos más”, dice  Oscar que  hace cuatro años se casó con Yanina y hace dos que tienen a Lautaro.

La licenciada Patricia Feldman sostiene que para que estas historias prosperen más allá del período estival es necesario que se cumplan algunos requisitos indispensables que deben tener en cuenta estos hombres y mujeres si quieren mirar hacia adelante en este tipo de vínculos. Las claves, según su mirada, son incorporar a esa persona a la vida “real” presentándole la familia o amigos y hacer actividades en conjunto con ellos, conocer también la vida “real” de la otra persona y que la relación sea algo más que el contacto físico, construyendo largas charlas con una fuerte ligazón emocional.

“Está bueno sacarse fotos y cuando llegue el otoño, será la prueba de que ese romance fue más que sólo un sueño. Hacia el final de las vacaciones, pueden hablar sobre lo que cada uno espera que pase después.  Si los dos están de acuerdo en continuar, es recomendable pensar un plan para seguir comunicándose y sobre cómo seguir viéndose en persona. Cuando finalmente se separen, hay que ser realistas en cuanto a las expectativas.  Aunque el amor sobreviva, tal vez no sea tan excitante o intenso como lo fue durante el verano.  Esto está bien y es normal.  Es la señal de que la relación está madurando”, sugiere Feldman, licenciada en Psicología.

La licenciada en Psicología Melina Hoijemberg sostiene que aquellas personas que dan inicio a estas relaciones y luego de las vacaciones deben retornar a sus hogares en diferentes ciudades se enfrentarán a las dificultades de establecer una relación a distancia, con las consecuencias que esto implica.

“Para aquellos que continúan la relación viviendo en la misma ciudad el desafío tendrá que ver con conocerse en un contexto diferente al de las vacaciones, donde las vicisitudes de la vida diaria, de la rutina a veces no nos permiten estar tan relajados y predispuestos a la diversión, y donde nos enfrentamos día a día a situaciones estresantes que pueden repercutir en nuestras relaciones. Creo que al ver al otro afrontando y actuando en situaciones cotidianas es cuando más se lo conoce, cuando se logra profundizar la relación y volver a elegirlo, o resolver que se trataba de una relación casual de verano con limitadas posibilidades de desarrollarse”; finaliza Hoijemberg.

PUBLICADO EN REVISTA VIVA

FOTO: WWW.SEDAL.CL

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