Ansiedad en peligro

fobias

Aproximadamente uno de cada diez individuos tiene, al menos, una crisis de pánico en algún momento de su vida. Las causas del aumento de estos trastornos son múltiples: hormonales, predisposición biológica, anatomía y cerebral. Por otro lado, están los factores psicosociales, los rasgos de personalidad y la respuesta a los estímulos ambientales. ¿Por qué las mujeres lo padecen más que los hombres?

Inquietud, intranquilidad, poca tolerancia a la espera, urgencia por controlar las situaciones, dificultades para concentrarse. Preocupaciones excesivas,  angustia. Síntomas físicos como taquicardia, ahogos, mareos, molestias generales. Estas son algunas de las características que posee una personalidad ansiosa.

La ansiedad normal es una  emoción psicobiológica adaptativa ante un desafío o peligro presente o futuro. Su función es la de motivar conductas apropiadas para superar dicha situación. Sin embargo, cuando esa ansiedad se transforma en una respuesta exagerada, no necesariamente ligada a un peligro, generando un gran malestar y condicionando la conducta de la persona, nos encontramos ante un caso que amerita consultar a un especialista.

“El ansioso es una persona que necesita tener el control de todo su medio ambiente, familia, trabajo y vida social ya que si algo se sale de su sitio se experimenta como si la situación se hubiera ido fuera de control y esto produce una gran sensación de angustia. Estas características son el caldo de cultivo para que los niveles de ansiedad suban (y permanezca altos) y se manifieste en síntomas”, explica la licenciada en Psicología María Gabriela Fernández, miembro de Hemera, centro de estudios del estrés y la ansiedad.

Las enfermedades que puede tener una persona ansiosa alcanzan una amplia variedad de rangos.  Va desde síntomas aislados (cefaleas, dificultad para concentrarse o dormir, adormecimiento o cosquilleo en partes del cuerpo, úlceras) enfermedades de la piel como la psoriasis hasta cuadros en lo que hace a salud mental como trastornos del ánimo, en este caso trastornos de ansiedad.  Más allá de síntomas inespecíficos, formalmente los trastornos de ansiedad son cinco: ataque de pánico, ansiedad generalizada, fobia social, estrés post traumático y agorafobia (miedo a quedar atrapado en una situación).

Aproximadamente uno de cada diez individuos tiene, al menos, una crisis de pánico en algún momento de su vida. En los Centros de Atención Primaria, los Trastornos de Ansiedad también son muy frecuentes (19,5%), datos relevados por el Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad.

Un estudio que realizó la Fundación Fobia Club en el año 2011, entre 5715 consultantes, determinó que las mujeres (62%) consultan más que los hombres (38%) acerca de estos síntomas. “Desde el momento en que una niña llega a la pubertad hasta los 50 años, las  mujeres tienen el doble de probabilidades de tener un trastorno de ansiedad que un hombre. Las mujeres son también más propensas a tener múltiples trastornos psiquiátricos durante su curso de la vida que los hombres. Las diferencias en la química del cerebro pueden dar cuenta de al menos parte de estas diferencias. El sistema del cerebro que involucra la respuesta de lucha o huida se activa más fácilmente en las mujeres y permanece activa más tiempo que los hombres, en parte como resultado de la acción de los estrógenos y la progesterona”, explicaGustavo Bustamante, doctor enPsicología y director de la Fundación Fobia Club.

Las causas del aumento de estos trastornosson múltiples: hormonales, predisposición biológica, anatomía y cerebral. Por otro lado, están los factores psicosociales, los rasgos de personalidad y la respuesta a los estímulos ambientales. “No todos reaccionan de la misma manera frente a una misma situación de miedo, incertidumbre o felicidad como puede ser la maternidad, un cambio laboral o el haber logrado una meta esperada. Los factores emocionales tienen una influencia muy importante en la formación de estos trastornos”, dice Adriana Waisman,  psicóloga especialista en conductas adictivas y trastornos de la ansiedad.

En el año 2006, cuando su esposo se quedó sin trabajo al quebrar la empresa en la que se había desempeñado durante 18 años,  Silvana Gotuzzo (39) comenzó a tener síntomas físicos como dolor de estómago, puntadas, ahogos y a sentir miedos irracionales como no querer salir sola a la calle por temor a descomponerse o a perder la memoria.

 “Yo estaba de muy mal humor, no quería salir si no estaba acompañada. Como esposa estaba siempre exasperada. Se caía un papel y me ponía loca, les gritaba a las nenas si no hacían la tarea. Tenía miedo a morirme, a que me ocurriera un paro-cardíaco o un desmayo fuerte y no haya nadie cerca para auxiliarme”, cuenta.

Aconsejada por una amiga que se había tratado por ataque de pánico, al día siguiente decidió ir a una de las charlas de la Fundación Fobia Club. Esa tarde escuchó una charla orientativa grupal,  se sintió totalmente identificada y se puso a llorar cuando comprobó que no era la única que pasaba por esos padecimientos.

Tras completar tres sesiones individuales con una psicóloga, la derivaron directamente a las charlas grupales de los días sábados, donde tuvo que exponer y anotar cada una de las situaciones de la vida cotidiana que no podía realizar.

“Yo veía que cada sábado iba progresando y a la segunda vez me acuerdo que viajé sola desde casa hasta Recoleta. Después me animé a ir caminando esas 12 cuadras hasta el colegio y pensar que cuando estaba tan mal, aún sin estar bien de plata, me tomaba un taxi para no tener que estar esperando en la parada”, dice emocionada.

A la hora de buscar una salida para este tipo de trastornos, la terapia cognitiva-conductual, muchas veces apoyada por el uso de medicación específica, es la que mejores resultados suele otorgar a estos padecimientos.

“Son tratamientos más breves, focalizados, más en el presente y con muy buenos y alentadores resultados.  Para el paciente es un gran alivio saber que lo que le pasa tiene nombre y apellido, que hay diseñado ya un tratamiento específico, que cuenta con la posibilidad de entender qué es lo que le pasa y que su entorno familiar también puede participar del proceso terapéutico y poder ayudarlo de la manera adecuada. A medida que el paciente va entendiendo mejor lo que le pasa, puede compartir con su entorno este problema sin sentirse el bicho raro, sino sentirse como lo que es: una persona que está sufriendo un trastorno de ansiedad”, puntualiza Fernández.

Los grupos de  pares (coordinados, supervisados y moderados por un especialista en el tema) son muy útiles a la hora lograr empatía e identificación entre los miembros. Y aquella persona que ya superó alguno de estos trastornos puede funcionar como agente terapeútico para el resto de la comunidad.

“Los pacientes recuperados no solo realizan las tareas que antes no podían hacer, sino que además tienen un factor agregado que es la sabiduría de haber podido avanzar sobre sus propias limitaciones. Lo cual les genera una autoconfianza que les permite emprender diversas tareas, antes impensadas”, concluye Bustamante.

PARA SALIR ADELANTE

-Prestar atención a los posibles síntomas que indiquen un trastorno de la ansiedad.

-Buscar un especialista en trastornos de ansiedad. Hay tratamientos específicos diseñados para abordar este problema.

-Tener en cuenta que le pasa a uno también le ocurre a miles de personas en el mundo.

-Ser constante en el tratamiento.

-Confiar en los profesionales a cargo.

-Incluir a la familia en el tratamiento.

-Realizar tratamientos validados: Terapia Cognitiva y Medicación.

-Tomar contacto con grupo de pares.

-Capitalizar lo visto en las sesiones.  Hacer las tareas si así estuviera indicado.

-Asumir que uno es también responsable de lo que ocurre.

 

PUBLICADO EN REVISTA LUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTO: TERAPIAGESTALTSI.COM

 

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