Trastornos del sueño

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Hay un número muy grande de pacientes que relatan una dificultad para mantenerse despiertos en el día. Tienen sueño, independientemente de lo que hayan dormido la noche anterior. Esto es lo que se considera como perturbaciones caracterizadas por somnolencia diurna excesiva: se duermen cuando no deben o cuando no quieren. Diagnóstico y tratamiento.

Muchos jóvenes presentan dificultades para conciliar el sueño, pero cuando logran dormir, lo hacen bien. Otro grupo, en cambio, no tiene mayor problema para dormirse, pero interrumpe su sueño muchas veces con dificultades para reanudarlo (se conoce como insomnio de mantenimiento del sueño). También están los que logran dormirse perfectamente, pero se despiertan muy temprano en la madrugada y no pueden volver a hacerlo (más conocido como insomnio de finalización de sueño).

“Hay un número muy grande de pacientes que relatan una dificultad para mantenerse despiertos en el día. Tienen sueño, independientemente de lo que hayan dormido la noche anterior. Esto es lo que se considera como perturbaciones caracterizadas por somnolencia diurna excesiva: se duermen cuando no deben o cuando no quieren”, explica el doctor Horacio Encabo, a cargo del Departamento de Neurofisiología Clínica de FLENI.

“Hay un sinfín de enfermedades que pueden desembocar en el insomnio. Una mujer durante su período menstrual puede estar más predispuesta y eso no se cura, pero se explica. También puede ocurrir con las embarazadas, con desocupados o con quienes atraviesan una mudanza”, expresa el doctor Javier Domínguez, coordinador de El Club del Sueño, una asociación civil sin fines de lucro que nuclea a pacientes con estos trastornos.

Victoria (34) padecía insomnio desde el año 2000. Se acostaba a dormir, pero a las dos horas se despertaba y hasta el otro día no podía volver a conciliar el sueño. A los pocos meses, consultó en El Club del Sueño y le indicaron cambiar sus hábitos. “Comencé a levantarme todos los días a la misma hora, a ingerir un buen desayuno, un buen almuerzo, una buena merienda y a cenar más tranquila. Con esto mejoré muchísimo, pero ese cambio de hábito tiene que ser de por vida”, cuenta Victoria.

Ronquidos y apneas

Hace diez años, Eduardo (52) roncaba y tenía insomnio. Consultó a un especialista, que descubrió que él mantenía un sistema de vida distinto de lo que necesitaba para dormir tranquilo. “Mi problema era que a la noche dormía tres horas e iba cinco veces al baño. No lograba un sueño reparador y en el día me sentía agotado”, recuerda Eduardo, que con los cambios de hábito comenzó a dormir mucho más tranquilo. El ronquido forma parte, en su mayoría, de los cuadros de somnolencia diurna excesiva. Es una manifestación determinada por la disminución del diámetro de la vía aérea superior al dormir y suele ser genético.

“El ronquido se convierte en una patología cuando el cuadro que está detrás se denomina síndrome de apneas obstructivas periódicas el sueño. Cuando una personas ronca disminuye la superficie de su vía aérea superior. Si esa disminución llega a ocluir o subocluir la vía aérea, el aire no pasa porque las paredes de la faringe están casi o totalmente colapsadas”, explica Encabo.

Por lo general, las apneas son cuadros muy fáciles de diagnosticar cuando el paciente expresa, en la consulta, que ronca fuerte, que tiene mucho sueño de día y cuando el relato de su pareja precisa que los ronquidos no son constantes y uniformes, ya que habitualmente se interrumpen por cierto tiempo. “Para que se diagnostique una apnea, esa pausa respiratoria entre ronquido y ronquido debe durar 10 segundos o más. Son cuadros  importantes porque se pueden presentar alteraciones cardiovasculares y ocasionar hipertensión arterial y arterioesclerosis”, advierte el doctor Encabo.

 Diagnóstico y tratamiento

 El doctor Domínguez cuenta que a sus pacientes los consulta sobre la hora en la que se levantan, se acuestan, almuerzan y cenan. Estos datos son volcados, durante dos semanas, en el “diario de medicina del sueño”, indicando los momentos en los que tienen sueño y los que no. “Lo primero que les explicamos es que el día para ellos empieza a la noche anterior y que lo único que podemos hacer para ajustar esa noche es elegir un horario en el que nos vamos a levantar”, afirma Domínguez. “Tratamos de que se levanten todos los días a la misma hora, que desayunen abultadamente y que caminen 20 ó 30 minutos”, agrega.

También se le suele pedir a los pacientes con estos problemas que no realicen actividad física en las últimas horas del día porque haciendo deporte se descarga adrenalina y glucocorticoides, útiles para los ejercicios, pero no para dormir. Para el insomnio, no se recomienda medicación hipnótica ni ansiolítica, a excepción de los tratamientos que son por un tiempo breve. Las personas que manifiestan inconvenientes con los trastornos del sueño pueden realizar exámenes complementarios, como el polisomnograma, que  es el estudio simultáneo de ciertas variables fisiológicas durante el sueño. En ese caso, el paciente deberá permanecer una o dos noches en un laboratorio para registrar el electroencefalograma, la actividad cardíaca, la respiración y los movimientos corporales.

En relación a los ronquidos, si las apneas son muy severas (más de 30 por hora de sueño), se coloca una máscara en la nariz que manda aire a presión dilatando la vía aérea, logrando, de esta forma, que la persona respire por cuenta propia.

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