“Amo saber que puedo ayudar a un chico y, por ende, a una familia entera”

VANESA 1

Vanesa Alejandra Burolleau tiene 42 años, es Enfermera Universitaria y desde hace 24 años trabaja en el Hospital de Pediatría Garrahan. “Los chicos, de entrada, son en su mayoría agresivos por el miedo al no saber que les espera, pero todo va cambiando al pasar de los días y no sabés lo maravilloso que es que te esperen a que llegues al otro día”.

Vanesa Alejandra Burolleau tiene 42 años, es Enfermera Universitaria y desde hace 24 años trabaja en el Hospital de Pediatría Garrahan, donde cada año se realizan más de 400.000 consultas y 10.000 y egresan alrededor de 22.000  chicos. Al Garrahan asisten chicos de diferentes lugares de la Argentina y de varios países limítrofes.

La misión del Garrahan es mantenerse como centro de referencia para la atención de las patologías de alta complejidad infantil de todo el país, implementar una organización asistencial basada en los cuidados progresivos  y alentar, jerarquizar, promover y sostener las actividades de docencia e investigación, así como el desarrollo de avances científicos en las distintas formas de diagnóstico, tratamiento y modelos de gestión.

El primer día de trabajo, recuerda Burolleau a la distancia, ingresó con otra profesional que ya se desempeñaba en el hospital, situación que se repitió todo ese primer mes para aprender el manejo del hospital. “Tenía terror. Yo conocía al hospital y a las personas que trabajaban conmigo porque mi mamá trabajaba desde hacía unos años pero pensás ´cómo voy a hacer si hay una emergencia, con la medicación, con los chicos, los padres´. Tenes miedo a todo y ni hablar de la primer emergencia. Después de que actuaste no lo podes creer y ahí te caen las fichas y quedas temblando”, confiesa.

Vanesa tenía apenas 18 años cuando se encontraba dando sus primeros pasos en su profesión y nada más y nada menos que en el Garrahan. Casi siempre se desempeñó en el mismo servicio (se pasaban drogas oncológicas y se realizaban curaciones de catéteres semi-implantables) hasta que hace 10 años la pasaron al servicio de imágenes no dejando de hacer horas extras en los servicios se internación, terapias y guardia.

“Los chicos, de entrada, son en su mayoría agresivos por el miedo al no saber que les espera, pero todo va cambiando al pasar de los días y no sabés lo maravilloso que es que te esperen a que llegues al otro día. Uno cuando va a trabajar ya sabe qué chicos vas a atender porque en su mayoría ya los conoces y sabés a lo que vas. Lo que si esperás es que se encuentren evolucionando favorablemente”.

Burolleau  cuenta que siempre atraviesa momentos difíciles en su trabajo, pero con los años, dice, va tratando de hacer una autodefensa para no arrastrar esos sentimientos de tristeza y angustia tratando de hacer lo posible para volver con una sonrisa a su casa. Lo gratificante es ver la evolución favorable de los chicos. A uno lo pone feliz ver cómo los chicos se van de alta definitiva. También cuando algún resultado (por ejemplo los chicos con cáncer), que da cuenta de que no hay recidiva que es cuando no aparece la patología”.

 Además, cuenta que en estos 24 años  cambiaron los tratamientos, la tecnología y los médicos. Pero lo que no se modificó es su pasión por el trabajo que realiza y por el amor y la contención que les brinda a los chicos todos los días. “Sigo trabajando porque amo mi profesión. Amo saber que puedo ayudar a un chico y, por ende, a una familia entera. Los chicos son muy tiernos, son lo más maravillosos que hay en la vida. En la mayoría de los casos tienen terror y yo trato de ganar su confianza al no meterles qué es lo que les voy a hacer y muchas veces peleándolos con fútbol o simplemente con alguna cosa que a ellos les gusta”, expresa orgullosa.

Burolleau, que actualmente se desempeña de lunes a viernes de 8 a 15hs,  sostiene que, por suerte, no existen carencias en el Garrahan. Aunque lo que sí percibe son las carencias económicas de los padres y la falta de preparación  que tienen muchos de ellos. “Uno trata de contenerlos lo más posible y hay algunos que son maravillosos y agradecidos. Una vez me pasó que me encontré a una madre en un supermercado y cuando me vio me abrazó muy fuerte. Yo en realidad no me acordaba quién era ya que hacía muchos años que había atendido al hijo. Pero ella jamás se había olvidado de mí”.

 Y, por último, se toma un tiempo para brindarles unas palabras de aliento a los padres cuyos hijos se encuentran internados en el hospital. “Hay algo que siempre les digo cuando los papas se enteran de la patología de sus hijos. No todos los chicos con la patología que tienen evolucionan igual así que siempre tienen que esperar la palabra del médico y tienen que tener mucha fuerza y fe. Pero tienen que saber que sus hijos están en el mejor hospital pediátrico de toda Sudamérica y, por ende, tienen que saber que están en las mejores manos”.

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s