Sobre la muerte de un ser querido en estado terminal y cómo afrontar el duelo

4fd6773221fa95e946ced162ae970f7f

No hay reacciones esperadas ni homogéneas ante estas circunstancias. Todos vivimos el duelo de una manera diferente. Es cierto que la congoja y la tristeza será mayor, cuanto más grande fue el afecto y el vínculo que nos unió con ese ser amado. Ese dolor inenarrable con palabras representa la tristeza de estar perdiendo a esa persona que en vida nos entregó amor, cariño, compañerismo. Que nos mimó, cuidó, que deseó siempre lo mejor para nosotros.

Una de las cosas más duras que hay en la vida es tener un ser muy amado en una situación terminal y no poder contarle ese irreversible e inevitable final. Tratamos de simular lo más posible ese dolor tan profundo que sentimos. Para algunos, esa situación es un motor para mostrarse lúcidos a la hora de atender, mimar y contener a esa persona hasta sus últimos días. Otros, en cambio, ni siquiera pueden acercarse. No porque no quieran, sino porque no pueden soportar ver tan desmejorado a esa persona que tanto amor les dio durante tanto tiempo. No hay recetas ni consejos para abordar este tipo de situaciones. Hay que afrontarlas de la manera en que cada uno pueda. Algunos estarán presentes en ese lugar donde se pone más el cuerpo, pero los otros pueden ayudar desde otro lugar. Como les salga, como lo sientan, como les dicte su corazón. Nadie va a ser juzgado porque lo importante es poder transformar en palabras (si es posible y cada uno a su manera) todas las sensaciones que tenemos: tristeza, miedo, nostalgia, incertidumbre, desesperanza, dolor. Y tratar, cada uno como pueda, de poder entregarle todo nuestro corazón a esa persona que fue tan importante en nuestras vidas y que de a poquito se está despidiendo.

Lo importante es sentirse bien con uno mismo y haber hecho todo lo que estuvo a nuestro alcance para intentar que ese ser amado haya pasado sus últimos días de la mejor manera posible. Sintiendo todo el amor, el afecto, el compromiso y la entrega de cada uno de nosotros. Incluso, hasta intentar buscar conversaciones que nada tengan que ver con la enfermedad, entretenerlo, hacerlo reír, divertirse. Porque no todo es la enfermedad aunque la persona tan amada tenga los días contados. Siempre podemos hacer que esos días resulten lo menos traumáticos y dolorosos posibles.

A veces aparecen esos “ángeles de la guarda”, profesionales médicos, enfermeros u otras personas que por causalidad y no casualidad terminan compartiendo esos momentos finales con nosotros y con nuestro ser amado. Con su calidez, ternura, compromiso y amor incondicional, estos “angeles” pueden ayudar a hacer más amenos y menos dolorosos esos instantes en que sabemos que el final va a ser irremediable. Y en algunos casos, estas personas que Dios puso en nuestro camino terminan siendo hasta “parte de nuestra familia”.

No hay reacciones esperadas ni homogéneas ante estas circunstancias. Todos vivimos el duelo de una manera diferente. Es cierto que la congoja y la tristeza será mayor, cuanto más grande fue el afecto y el vínculo que nos unió con ese ser amado. Ese dolor inenarrable con palabras representa la tristeza de estar perdiendo a esa persona que en vida nos entregó amor, cariño, compañerismo. Que nos mimó, cuidó, que deseó siempre lo mejor para nosotros. Pero también aparece, quizás un tiempo después, ese legado que nos está dejando, esa cosecha que fue sembrando durante toda su vida. A medida que vamos procesando el duelo se van a ir borrando esa imagen tan dura del final e irán apareciendo las miles de imágenes alegres que ese ser amado nos pudo regalar durante todo el tiempo que lo disfrutamos.

Cada uno vive el duelo a su manera. Como pueden. Como les sale. Algunos podrán expresarse más, otros menos. Algunos llorarán más, otros menos. Algunos reaccionan en ese momento y otros lo dejan para después. Eso no quiere decir que no estén sintiendo lo mismo o que no compartan el mismo dolor. Es fundamental poder transitar estos momentos juntos, en compañía de familiares y amigos, dejarse mimar, contener, ayudar. Pero también es saludable poder tener un momento de introspección para ver qué nos pasa con esa pérdida, qué sentimos, cómo lo estamos viviendo y elaborando, qué necesitamos hacer.

Si es necesario podemos comenzar una terapia (si es que no la estamos poniendo aún en práctica) para que nos ayude a poner ese dolor en palabras para encontrar la mejor forma de elaborar el duelo. No hay tiempos pre-fijados a la hora de transitar los duelos. Hay que vivir el momento, como podamos, no evadirlo. Y cada uno irá encontrando las respuestas en su interior. No es fácil, claro. Pero se sale adelante. Se puede. Es una experiencia difícil (y de las más dolorosas) por las que todos vamos a transitar. Y es de este tipo de experiencias de las que más provecho podemos sacar para crecer, para aprender, para tomar más fuerza para seguir adelante. Para seguir viviendo, para seguir amando, para continuar soñando y forjando nuestras vidas. SE PUEDE SALIR ADELANTE. AUNQUE HOY PAREZCA UNA UTOPÍA, LES ASEGURO QUE AL FINAL DEL TÚNEL SIEMPRE APARECE ESA LUZ QUE TANTO ANHELAMOS.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s