“Me pongo una bikini y me siento realizada, es una felicidad enorme”

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Elma Díaz (38) disfruta muy relajadamente de su café preferido en el patio de una confitería, mientras el sol de primavera ilumina su bella sonrisa. Recoge un libro de su cartera y comienza a leer. Dice que es una de las actividades que más placer le da. Lo que para la mayoría de las personas podría significar un trámite, para ella es poder disfrutar libremente de su cuerpo y haber dejado atrás toda la angustia que vivió en los momentos en que llegó a pesar 160.

Elma Díaz (38) disfruta muy relajadamente de su café preferido en el patio de una confitería, mientras el sol de primavera ilumina su bella sonrisa. Recoge un libro de su cartera y comienza a leer. Dice que es una de las actividades que más placer le da. Lo que para la mayoría de las personas podría significar un trámite, para ella es poder disfrutar libremente de su cuerpo y haber dejado atrás toda la angustia que vivió en los momentos en que llegó a pesar 160.

Elma cuenta que siempre fue “gordita” pero que cuando nació su hija, que hoy tiene 15 años, aumentó muchos kilos durante el embarazo y que desde ese momento su cuerpo nunca más se pudo equilibrar.

Yllegó un momento en que casi sin darse cuenta la balanza marcó los 160 kilos. Ante esa alarmante situación decidió consultar con un especialista, que le diagnosticó  que la única manera de sobrevivir era mediante un bypass gástrico.

“Me sentía muy triste y era discriminada en la calle. Me decían “correte, gorda”, el chofer del colectivo me pedía que subiera más rápido y yo no podía hacerlo por mi sobrepeso. No hay respeto por el otro, nadie se modera cuando tenés una discapacidad”, dice a la distancia.

Desde ese momento, Elma se desempeña como suboficial de la Armada y asustada por las palabras de su médico planteó la posibilidad de realizarse esa cirugía para poder seguir viviendo. Sin embargo, la obra social le denegó esa solicitud y a partir de ese momento comenzó un calvario que jamás había imaginado.

A los pocos días, en su trabajo se formó una junta médica formada por 10 profesionales (nutricionista, médico clínico, gastroenterólogo, entre otros) que debían tomar una decisión sobre su estado de salud. Elma cuenta que tenía turno con los diferentes especialistas prácticamente todos los días de la semana, de 8 a 18, pero que ninguno de ellos se dignaba a atenderla. “Querían hacerme enojar, fueron muchos meses muy agotadores. Estaba muy depresiva, tirada a menos, nadie me daba bolilla.

La vida que hacia no era normal, la obesidad me excluía del resto, no podía viajar, no me podía mover, ni siquiera podía encontrar una posición estando sentada en una silla de espera”.

En ese momento también se sintió discriminada en el trabajo. Cuenta que cuando pasaba delante de sus compañeros, ellos murmuraban y sentía que hablaban por lo bajo de ella. Pero esas miradas maliciosas no fueron nada en comparación con el trato que recibió de uno de los especialistas de la junta médica.

Te vas a morir gorda e inválida gástrica y vas a ser infeliz el resto de tu vida”, cuenta que le dijo un cirujano en una de las juntas médicas que analizó su posible intervención.
Ante esta situación presentó un recurso de amparo para poder realizarse la operación y como respuesta recibió nuevas amenazas: No jodas con el amparo porque vas a terminar mal”, le dijeron en su oportunidad.
En esos momentos de angustia, confiesa que no veía la hora de morirse y hasta deseaba tener un ataque al corazón para no seguir llevando la vida por la que estaba atravesando.  “No quería sufrir más, para mi era una agonía interminable”.

En el peor momento de su vida, Elma sacó fuerzas de donde no las tenía y luchó por hacer justicia para lograr su tan ansiada operación. Por aquel entonces, su hija tenía 11 años y comenzó a sentir que no quería perderse su adolescencia, su crecimiento y que le gustaría estar presente el día en que su niña formara una familia. Fue así que, junto a su abogado, se presentó ante la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, a quien le manifestó toda la humillación que sintió como mujer y tras la presentación de un amparo se autorizó la operación.

Cambio de vida

Finalmente en abril del 2007 le realizaron el bypass gástrico y logró bajar hasta los 85 kilos, peso en el que actualmente se mantiene. Elma cuenta que la recuperación fue muy rápida y que a las cuatro horas ya estaba caminando.

“Para mi fue un logro increíble. Quebré un montón de murallas, en ese momento pensaba que iba a seguir viviendo y disfrutando de mi marido y de mi hija, pese a todo el maltrato que había recibido en el trabajo”.

Al poco tiempo de la operación, empezó a hacer gimnasia y se recibió de instructora en salud, alimentación y actividad física y de personal trainer. Y desde ese momento comenzó a disfrutar de su nueva vida haciendo cosas que nunca imaginó que podría llegar a hacer.

“Todos los días aprendo cosas nuevas, antes no podía hacer nada y ahora puedo hacer todo lo que me propongo. Voy a la playa, me pongo una bikini y me siento realizada, es una felicidad enorme”, ejemplifica.

Actualmente continúa trabajando en la parte jurídica de la Armada, a cargo a 32 abogados. Si bien sostiene que nunca tuvo represalias tras haber ganado el juicio, mantiene sus reservas de que en algún momento la puedan volver a hostigar.

Actualmente, Elma se levanta todos los días a las cuatro de la mañana, viaja de Paso del Rey hasta su trabajo en Retiro. A la media mañana para una hora para nadar, vuelve a la oficina donde continúa con sus tareas, hasta que la pasa a buscar su hija con quien algunos días se va de shopping y otros directamente retorna a su casa.

“Desde que me operé estoy mucho más tranquila. Todos los días me levanto temprano y sé que voy a estar siempre con mi hija hasta el último día y que la voy a poder ayudar en todo lo que necesite”, se emociona. Ahora puedo subir y bajar una escalera sin problemas. Estoy bien conmigo misma y también con mi esposo e incluso puedo disfrutar mucho mejor las relaciones sexuales porque me estoy redescubriendo permanentemente”.

Los fines de semana Elma aprovecha para ordenar su casa, disfrutar de su marido y su hija y también atiende en su domicilio a sus pacientes adultos mayores,  a quienes les realiza chequeos médicos y los asesora en la parte alimenticia.

Además, ahora que se reconcilió con su cuerpo, aprovecha para hacer reuniones en su casa en familia y con amigos ya que antes, confiesa, le daba mucha vergüenza que la vieran como estaba. “Hoy por hoy estoy bien de ánimo, tengo la autoestima mejor. Me siento a tomar un café y a leer un libro en un bar y estoy mucho más relajada”.

Una vez que se operó, su capacitación profesional le permitió sumar más trabajos y de esta manera logró cumplir con el sueño de terminar su propia casa. Entre sus deseos para el futuro, figuran ampliar su familia y seguir perfeccionándose en su formación académica en adultos mayores.

“Se puede luchar contra la adversidad, salir adelante y lograr los objetivos que una se plantea. Pero para eso es fundamental no bajar los brazos y creer en uno y en la familia”.

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