“Si uno no tiene expectativas sobre sí mismo el resto no las va a tener por uno”

10012977_10202605789083280_5904900592676701582_n

Una mañana, mientras desayunaba en mi casa, haciendo zapping con el control remoto me detuve en un programa en el canal Metro que mostraba una entrevista a un adolescente no vidente que había escrito un libro sobre la cantante Demi Lovato. Como era el final de la nota lo único que pude atinar es a anotar su nombre para tratar de ubicarlo. Me parecía muy interesante poder conocer su historia y descubrir mucho más sobre su mundo.

Su mamá, Stella, me cuenta que los meses previos a quedar embarazada de Facundo se encontraba junto a su esposo en Buenos Aires aguardando el trasplante de hígado de su hija mayor, Soledad. En ese momento varias veces los médicos le habían preguntado, por las dudas, si estaba embarazada ya que por estar tan cerca de la niña iba a estar sometida a los rayos que formaban parte de su tratamiento, algo perjudicial para los bebés. Convencida de la infalibilidad del DIU que utilizaba como método anticonceptivo, obviamente les respondió que se quedaran tranquilos porque eso no podía suceder. Sin embargo, a los pocos días empezó con pérdidas y la ecografía que le realizaron determinó que estaba embarazada de 13 semanas y que esperaba un varón, algo que ella siempre había soñado. El obstetra que la atendió le recomendó que hiciera reposo porque las pérdidas que había tenido se habían producido por desprendimiento de la placenta.

Hacía tres años que la familia Drujera vivía en Capital y no bien le dieron el alta a Soledad empezaron a prepararse para regresar lo antes posible a Roca. Como Stella tenía contracciones debía hacer el menor esfuerzo posible para no adelantar el parto que estaba previsto para el 5 de mayo de 1995. Para los últimos días de 1994 retornaron a su casa para pasar las fiestas, mientras aguardaban la entrega de una casa que les había sido adjudicada por un plan. Sin embargo, hasta ese momento esa vivienda estaba ocupada por unos familiares que debían abandonarla en el momento en que ellos llegaran a Roca. Pero no fue así: cuando arribaron al lugar se dieron cuenta que la casa seguía ocupada, mientras el camión de mudanza con sus muebles permanecía aguardando estacionado en la puerta. Era la mañana de un viernes agitado. Stella estaba cursando los primeros días del sexto mes de su embarazo y de tantos nervios que acumuló durante esos días debió ser internada y el lunes 7 de febrero, en la semana 26, nació Facundo con tan sólo un kilo y 50 gramos. La partera que la atendió en el parto, recuerda Stella, le dijo que pese a ser prematuro su hijo era “grandote”. No obstante eso, debió permanecer 50 días en Neonatología mientras sus padres no lo abandonaban ni un solo minuto. Una enfermera amiga de la familia le recomendó a Stella que los especialistas le revisaran los ojos a su hijo porque cuando los bebés nacen prematuros muchas veces no se les termina de crecer la retina. Los exámenes posteriores determinaron que Facundo tenía desprendimiento de retina. Sin perder tiempo, Stella decidió traerlo nuevamente a Buenos Aires donde su obra social lo mandó a operar con uno de los mejores médicos de la ciudad, según le comentaron. Pero el resultado no fue para nada el esperado. El especialista le arruinó el único ojo con el que podía ver. Entonces, un médico del Hospital Italiano lo derivó a otro especialista que les dijo a sus padres que lo iba a operar gratis y que solo le cobraba los aranceles del anestesista. La operación fue positiva, pero al poco tiempo la triste realidad golpearía la tranquilidad de una familia que parecía que, por fin, había logrado cierto equilibrio.

“Al principio yo le daba de comer y él habría la boca, le dábamos algún juguete y lo agarraba hasta que le empezó a salir una catarata y quedó ciego del todo al año y medio de vida. Desde ese momento, Facundo empezó a chocarse las cosas, le daba de comer y le metía la cuchara en cualquier lado. Dejó de caminar, lloraba y empezó a ir a un jardín en donde nos enseñaban a los papás cómo tener los muebles en la casa para que mi hijo no se chocara, para que no tuviera accidentes.  Mientras tanto, a él le enseñaban las formas, las texturas, los olores”, me cuenta Stella, mientras su hijo asiente con la cabeza cada una de las palabras que dice su madre.

La vida no era fácil

Pese al dolor que significaba tener un hijo que no podía ver, Stella y Luis nunca bajaron los brazos y desde niño trataron a Facundo de la misma forma que a sus otros hijos con la premisa de que esa incapacidad no lo hacía ser un “estúpido” o un “tarado”. Al contrario, estaban convencidos de que iba a tener que trabajar más para lograr las cosas y que siempre iba a contar con el amor y con el apoyo incondicional de toda la familia.

En la escuela 12 Facundo aprendió a utilizar el sistema braille, pero también comenzó a sentir pasión por los instrumentos musicales: tocaba el piano, el palo de agua y la flauta traversa. Siempre buscaba algo para hacer, nunca se quedaba quieto. Se mostraba como un chico curioso, dispuesto a aprender y a adentrarse desde pequeño en el universo de la música que tanto le gustaba.

Desde pequeño, Facundo asistía por las mañanas a la escuela especial y por la tarde a un colegio tradicional. Durante su infancia  en este último establecimiento fue más bien solitario, retraído, tímido y sin muchos amigos. Muchas veces se sintió triste cuando sus compañeros de la escuela se movían con cierta libertad por el patio en los recreos, saltaban, jugaban ya que por su limitación él no podía seguirles el carro. Sentía que se estaba perdiendo algo, que no era parte del aula. Pero los problemas comenzaron a agudizarse en quinto y sexto grado cuando la mayoría de los chicos no deseaban jugar con él y casi asiduamente lo hacían enojar, pegándole y empujándolo de atrás. La situación había llegado tan al límite que una vez se cansó de las burlas y se defendió con la ayuda de su bastón.

Si bien no era un alumno al que le gustaba estudiar mucho, de chiquito miraba con mucha atención los canales “History Channel” y “Discovery” y gracias a su prodigiosa memoria casi siempre podía responder y lucirse en clase ante las preguntas de las docentes, situación que enardecía a muchos de sus compañeros que generalmente lo hostigaban y abucheaban. Como él volvía triste a su casa, su mamá le aconsejaba que tratara de pasar más desapercibido en clase para no captar la mala atención del resto del aula.

Para ese momento todavía las escuelas tradicionales no estaban preparadas para tener en sus aulas a chicos especiales, recién se estaba pensando en la posibilidad de incluir maestras integradoras para que ayudaran positivamente a la composición de todo el grupo. Por eso, a su mamá no le extrañó demasiado como una tarde su hijo se agarró a las trompadas en la clase de música. Evidentemente faltaba contención, solidaridad y paciencia de los docentes. Después de ese episodio Stella fue a hablar a la escuela, charló con las docentes y por un tiempo sus compañeros hicieron una tregua. Sin embargo, en sexto grado lo cambiaron de curso porque la situación no daba para más.

“Cuando hablaba con la maestra ellos no me respetaban. Yo quería integrarme, jugar a la pelota, pero me sentía discriminado especialmente en la hora de gimnasia donde no tenía ganas de ir porque ellos jugaban al handball y casi ni me pasaban la pelota. Cuando me cambié de curso, al principio me costó mucho el cambio, pero después de un tiempo me fui haciendo de amigos y empecé a compartir más tiempo con ellos”, me cuenta.

Su primer gran logro

En el año 2007 Facundo empezó a tocar más asiduamente la flauta traversa. Primero lo hacía en la escuela pero una tarde su papá leyó un anuncio en el diario que daba cuenta de que la Orquesta Infanto-Juvenil de General Roca se encontraba en la búsqueda de nuevos talentos para incorporarse el proyecto. No bien su padre le comentó sobre esta posibilidad, su hijo no lo dudó ni un instante y a los 12 años comenzaba a darse un gran gusto. Previo al primer concierto se mostró algo ansioso y nervioso. Se la había pasado ensayando con sus compañeros de orquesta durante las últimas semanas previas al evento. La Escuela 344 lucía repleta y en el momento de empezar el show se mostró mucho más relajado y disfrutando de ese día tan maravilloso de su vida. Su familia completa lo acompañó y se emocionó ante cada uno de sus movimientos. Muchas personas que no lo conocían se acercaron a saludarlo y a felicitarlo a él y al resto de los integrantes de la orquesta que habían deleitado al público con el repertorio de canciones infantiles.

Muchos de sus amigos de la actualidad pertenecen a esos primeros años de vida de la escuela número 12 y a las relaciones que se forjaron a través de compartir horas hablando de música con los chicos de la orquesta. Mariano es uno de sus mejores amigos, con quien compartía las canciones de Queen a los cuatro años. Con Joana y Kevin fue atravesando diferentes etapas de su vida mediante charlas, consejos, cumpleaños y reuniones. Se criaron juntos, compartiendo los buenos momentos pero alentándose también en los días en que aparecía alguna pálida. Siempre juntos, siempre unidos.

La secundaria la cursó en la escuela Rodolfo Walsh que quedaba justo enfrente de su casa. Sus padres habían decidido anotarlo allí con la idea de que no tuviera que trasladarse demasiado para poder ir solo ya que a todos los lugares que iba siempre lo hacía acompañado de un familiar. A diferencia de la primaria, de entrada comprobó que el trato con sus compañeros fue bien distinto. No tardó tiempo en integrarse y al segundo día, sorprendido, un compañero ya lo estaba visitando en su casa. Generalmente, luego de las clases se trasladaba a dar un paseo con algunos de los chicos por el centro de la ciudad, lo invitaban a los cumpleaños y siempre lo tenían en cuenta para las salidas de los fines de semana. Facundo estaba contento. Por primera vez se sentía a gusto con el resto de sus pares en un establecimiento educativo que no fuera la escuela 12. Se sentía parte del grupo, que le importaba al resto, que con sus virtudes y defectos tenía un nuevo grupo de amigos con los que podía contar cuando fuera necesario.

Sin embargo, por aquellos días de pubertad y adolescencia comenzó a sentirse frustrado por la imposibilidad de realizar ciertas cosas que el resto de los chicos sí podían hacer. Estaba enojado, frustrado. Sentía que no era justo y llamaba defecto a su incapacidad de poder ver. “Con el tiempo me fui dando cuenta que las chicas no querían salir conmigo, ellas no me lo decían pero yo le echaba la culpa a mi discapacidad porque estaba seguro que si ellas se negaban no era por cómo era yo como persona. Me daba mucha rabia y pensaba en todos los sentimientos y en la honestidad que trataba de demostrar pese a la imposibilidad que tenía de ver”.

Descubriendo otra gran pasión

Mientras cursaba la escuela especial, los profesores de educación física Ariel y Marisa, lo incentivaron, junto al resto de sus amigos, para que conociera un mundo nuevo: un mundo que los docentes se lo describieron como de diversión, de pasarla bien y de conocer chicos nuevos. El nuevo desafío consistía en la posibilidad de empezar a competir en diferentes disciplinas deportivas. Cuando aún no habían terminado la exposición, Facundo ya tenía su mano izquierda levantada convencido de esa nueva gran oportunidad en su vida. A los 12 años empezó a competir. Su primera experiencia fue carrera de 50 metros y lanzamiento de pelota de softball. De esa forma tuvo su primer viaje a una localidad cercana a General Roca donde participó en los torneos zonales, obteniendo la medalla de oro en ambas competencias. Con el tiempo también se lució en torball, un deporte intensivo de equipo para ciegos y personas con discapacidad visual que favorece tanto a hombres como a mujeres de todas las edades y es apto como actividad de rehabilitación, recreación, escolaridad y como deporte de alto nivel. Esta disciplina se juega en un campo rectangular de 16 m de largo y 7 m de ancho, con seis jugadores por equipo donde el objetivo es que cada equipo arroje la pelota (que lleva un cascabel para escuchar el sonido y la dirección de la misma) en la línea de gol del oponente mientras que el otro equipo intenta evitarlo.

Desde ese momento todo fue evolucionando y Facundo se fue destacando en el atletismo. A los 13 años tuvo su primer viaje a Viedma (capital de Río Negro) en una aventura que duró tres días y que lo clasificó para competir en los torneos nacionales “Evita”. En esa competencia sumó los 80 metros de carrera y lanzamiento de bala obteniendo el primer puesto en ambas disciplinas. Facundo estaba feliz, muy contento. Empezaba a conocer un mundo muy distinto, se encontraba activo, se hacía de nuevas amistades, todos chicos con muy buena predisposición  para entablar nuevos vínculos. Sus padres estaban chochos por estos logros y confiaban ciegamente en la responsabilidad y en el amor de los profesores que lo acompañaban en cada uno de estos viajes.

Desde hace dos años mantiene el récord patagónico de salto en largo y durante el año 2013 compitió en natación saliendo segundo a nivel nacional tras cuatro meses sin tener lugar para poder practicar. Sus 33 medallas de podio y los diferentes records con los que cuenta le permitirían estar compitiendo en los juegos paralímpicos. Actualmente es apadrinado en cada una de las competiciones por FUNDAS, Fundación Confluencia Patagónica para la Salud que trabaja en diferentes aspectos sociales y ofrece un espacio a diferentes instituciones y agrupaciones que suman su trabajo en favor de la sociedad.

A raíz de su desarrollo deportivo, sus padres le contrataron un personal trainer que lo prepara semanalmente en la parte física y atlética. Este profesor también tiene un programa de deportes hace dos años en Frecuencia Sur, 106.1de General Roca, y el año pasado le propuso a Facundo formar parte de las emisiones con alguna columna relacionada al fútbol y a la música, sus grandes pasiones. Al principio, comenzó asistiendo una vez por semana, luego dos y con el tiempo su trabajo se fue ampliando a todos los días que sale al aire el ciclo: lunes, miércoles y viernes de 20 a 21. Cuando hay fecha de fútbol entre semana escucha los partidos con un auricular e informa de los goles y también da cuenta de las novedades más importantes de los principales clubes de Europa. También menciona los nombres de los temas musicales que se escuchan, brindando información acerca de la trayectoria de esos intérpretes o grupos.

Fanático hincha de River, pasión que heredó gracias a su madre, no se pierde ni un solo partido en que juegue el conjunto millonario. Escucha cada uno de los encuentros por radio y disfruta del relato de Atilio Costa Febre o de Paula Vilouta. Y ante cada gol de Cavenagui, “Teo” Gutierrez o Lanzini se abraza con Stella en un alocado festejo riverplatense.

Sueños con un significado especial

La primera vez que la escuchó cantar no sabía de quién se trataba. Se había quedado admirado por su dulce voz interpretando “Lo que soy”. Al poco tiempo el destino lo volvió a cruzar con otra de sus cálidas canciones. Como no sabía de quién se trataba, le preguntó a su amiga Joana y ella le contestó que era Demi Lovato, una cantante, actriz y compositora estadounidense que en el año 2008 se había hecho mundialmente conocida por interpretar a Mitchie Torres en la película original de Disney Channel Camp Rock, un film que Joana le había recomendado ver pero que hasta ese momento él no lo había hecho.

Desde ese momento se hizo fan de Demi y cada vez que la escuchaba se emocionaba hasta las lágrimas. Una noche durmiendo hasta se imaginó un diálogo entre ellos.

-Hola Facu! pudiste ver el estreno de  Camp Rock -le preguntó Demi.

-No, Demi, no pude –le respondió. La televisión en mi casa estaba ocupada y además me tuve que ir. Perdón por haberte fallado, lo siento mucho -continuó, mientras su interlocutora se mostraba ofendida y desilusionada.

-Es una broma, no estoy enojada – le dijo ella, mientras lo abrazaba y lo consolaba ante el mal momento que había pasado.

Desde ese primer sueño Facundo sintió que había una rara conexión con Demi, como si realmente ese diálogo hubiera traspasado el sueño para convertirse en realidad. Él entendía que había algo más que un simple fanatismo por una cantante.

Al poco tiempo, Facundo se fue a competir a Chile donde conoció a una chica de la cual quedó enamorado aunque no había podido concretar más que algunas charlas. Al regresar a General Roca estaba muy triste porque no había podido despedirse y permaneció más de un año sin saber de ella. Encima, el terremoto de febrero de 2010 en el país vecino lo tuvo muy angustiado y preocupado en saber si esta chica había sido afectada por la tragedia. En ese momento se deprimió, le empezó a ir mal en la escuela y se encontraba de muy mal humor. No podía conectarse con otra cosa que no estuviera relacionado con lo que hubiera podido ser un romance que no fue con esa chica en Chile. Estaba muy triste por no haber vivido esa historia de amor y por no saber qué había sido de la vida de su compañera. Sin embargo, en esos momentos de desesperanza, otra vez se volvió a “encontrar” con Demi Lovato. Y sus palabras sirvieron como aliento y esperanza en un momento en que no encontraba respuestas.

“Soñé que ella me decía que me iba a ayudar, que no iba a estar más solo, que sentía lo que me estaba pasando y me brindó muchas fuerzas para contar lo que me estaba pasando. Por fin, les pude contar a mi papá y a mi tío y sentí que me había quitado una mochila de encima. Con el tiempo todo fue cambiando y al poco tiempo ella sacó un nuevo disco que lo presentó el 28 de abril del 2012 en el estadio Malvinas Argentinas en Buenos Aires. Yo fui con mi papá y estaba re alucinado, shockeado porque ella me había ayudado y ahora me estaba dando muchas alegrías. Me hizo muy bien escucharla en vivo. Estaba feliz”.

No conforme con haberla escuchado en vivo, pensó que tenía que hacer algo más por esa “relación” que llevaba hacía tiempo con Demi. Fue así como se le ocurrió devolverle algo a su heroína escribiendo un libro en donde cuenta los comienzos de la historia desde el primer día en que la escuchó cantar, las horas y horas que se la pasó disfrutando de sus canciones, los sueños y el momento más preciado del recital. Gracias a su tía Mariela que se ocupó de la producción y organización del libro, “Gracias a Demi soy fuerte como un guerrero” fue presentado el 28 abril del 2014, exactamente dos años después de aquel concierto que lo marcó para siempre, ante una multitud de gente que llenó el Centro Municipal de Arte de la ciudad de General Roca (CEMAR). En el momento en que tomó por primera vez su libro, Facundo sintió lo suave de su textura y no pudo creer que fuera suyo. En ese mismo momento se puso a pensar que ese logro no lo hubiera alcanzado sin el apoyo de toda su familia que trabajó sin descanso sobre todo en la semana previa a la presentación.

Mientras su libro se encontraba en la imprenta para ser publicado, un traductor lo fue traduciendo al inglés porque el sueño alocado de Facundo era poder entregarle el libro en mano a Demi la próxima vez que ella visitara la Argentina. Y como para él evidentemente nada es imposible, el lunes 6 de mayo del 2014 en el Luna Park se dio el gran gusto de su vida. Acompañado de su tía y luciendo una remera blanca con la inscripción “Gracias a Demi soy fuerte como un guerrero” pudo disfrutar de ese encuentro maravilloso minutos antes de que la cantante se presentara ante todo el público para dar su show. No tengo palabras para describir este momento, mi mente no entiende lo que pasó. Le dije que tenía un presente para ella y que me había salvado la vida con sus canciones. Le dije todo lo que pude en ingles ya que tenía solo unos segundos, fueron los 10 segundos más increíbles de mi vida. No tengo ninguna firma de ella, pero tengo su vos hablándome en mi mente, su abrazo, su beso y mi sueño cumplido”, me cuenta Facundo que al día siguiente subió a Facebook la única foto que alcanzaron a tomarle con su ídola y que acaparó cientos de comentarios positivos de todos sus seguidores.

Más allá del idilio platónico que lo une con Demi Lovato, desde hace unos meses Facundo está de novio con Ayelén, una chica no vidente como él con quien se conocía desde hacía unos años de las competencias rionegrinas. Al principio no se hablaron, pero desde 2011forjaron una amistad en la que se contaban sus cosas más íntimas. Charla va, mensajito de texto viene,  con el tiempo se dieron cuenta que el título de amigos ya les quedaba corto por todos los momentos que estaban viviendo. Y decidieron ponerse de novios, aunque como ella es de Bariloche no se ven tan seguido como desearían. Lo que más le gusta a Facundo de su enamorada es su personalidad y que es dulce, amable y divertida. Pero además del amor, ellos comparten el humor, una característica positiva que manifiestan las personas que logran superar y transformarse luego de afrontar una situación traumática.

Hace unos días, Facundo publicó en su muro de Facebook: “Gente: tengo un problema. Todo iba muy bien hasta que llegué a casa, el panorama era claro para mí. Pero, de pronto, cuando entré me encontré que no había luz en casa. Y yo estaba desorientado y no veía. Que lío que tengo ahorra, ¿cómo me guío? Jajajajajajajajajajaja”. Inmediatamente, con Ayelén comenzaron a intercambiar mensajitos públicos riéndose sobre ese comentario.

-Jajajajaja, de verdad y eso nos ha pasado pero teniendo luz jajajaja. Imaginate sin luz…uuuufff sería mucho peoor ajajajajja -comenzó ella.

-Sí amor, se me complicaba, de seguro que a vos también te hubiera pasado lo mismo, no? Jajajajajajajja -contestó él.

-Sí, como te dije anoche te iba a guiar pero no te garantizaba que no termines con algún golpe jajajajaja  -finalizó Ayelén.

A menudo los dos suelen divertirse haciéndose este tipo de chistes, tal vez, sin ser conscientes de cuánto los ayuda en el día a día el hecho de brindarse el permiso de reírse de ellos mismos.

Actualmente, Facundo estudia música en el IUPA (Instituto Universitario Patagónico de las Artes) y cuando se reciba su idea es trabajar como profesor, componer, hacer arreglos musicales, formar parte de una banda o dirigir una orquesta.

A Facundo le gustaría ver la cara de las personas, ser más independiente y hacer todas las cosas que hace una persona normal como, por ejemplo, manejar, salir sin andar dependiendo de otras personas o hacer más viajes solo. Pero, sin embargo, valora cada uno de sus logros acompañado siempre del amor de sus padres y del resto de la familia.  “Siempre tuve fe y esperanza, si uno quiere hacer las cosas, las puede hacer. Le digo a la gente que no baje los brazos, si uno no tiene expectativas sobre sí mismo el resto no las va a tener por uno. Es seguir adelante pese a la adversidad”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s